Tiendas de todos los colores. De todos los tamaños. Con conceptos novedosos. E incluso interiorismo original. La ciudad de Barcelona es una constante caja de sorpresas en el terreno comercial.
Pero junto a estas nuevas tiendas que porfían por un nicho de mercado, desaparecen establecimientos de toda la vida o se malogran iniciativas que han sido flor mercantil de un día.
Es la «destrucción creativa», que díría el economista. Pero tanto esfuerzo innovador topa en muchos casos con una contundente realidad de fondo: hay poco dinero en los bolsillos. Las familias administran su escasez lo mejor que pueden.