No debiera ser un hecho noticioso pero lo es: llueve, llueve. Las calles están mojadas y los barceloneses, remisos a pisar la calle. El agua limpia las aceras. Y a mí me da por recordar que hace muchos años la lluvia era un fenómeno habitual. Ahora no.
(He regresado de Madrid; he concluido mis sesiones en Instituto de Empresa; y en pocos días regreso a Múnich, donde hoy nos superan por mucho en temperatura: ¡han llegado a los 21 grados!)