Vientos del Sahara han inundado de calor y polvo del desierto la urbe muniquesa. Los talleres de lavado de coches van a hacer su agosto. Jardines y campos florecen prematuramente: es verano en Múnich cuando en realidad estamos a comienzos de la primavera. La hierba se reseca en una ciudad donde hace un ano llovía semanas y semanas enteras. Con furia y constancia inclemente, tras haber inundado amplios parajes de la región bávara.
Hoy ha bajado un poco la temperatura. El cielo está gris, plomizo. Pero la temperatura es harto agradable y los muniqueses han iniciado su diáspora recreativa.
Es lo que a mí ahora me toca: acercarme a mis queridos lagos del sur y respirar, respirar y respirar. En media hora de S-Bahn, el tren rápido que te lleva por doquier. Me voy a Starnberg.
(Y esta noche, de nuevo regreso a Barcelona.)