Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

El observador observado

Acudí días atrás al acto de homenaje al escritor Josep María Espinàs en el Ateneo barcelonés. Ya nonagenario, apenas puede caminar, lo que resulta conmovedor en un hombre de por sí andariego y polifacético que ha escrito muchas de sus páginas paseando a diestro y siniestro, sumergiéndose en eso que ha sido dado en llamar «el paisaje humano».

Es la de Espinàs una historia de extrema lealtad al acto de observar y escribir. Desde su piso en la barcelonesa calle de Aragón enviaba sus textos mecanografiados al diario AVUI. En ocasiones los traía personalmente y yo, a la sazón redactor-jefe, le recibía en la recepción. Allí me brindaba, a pie derecho, sesudas elucubraciones sobre el tema más impensable. Tarde o temprano me escrutaba con un punto de dureza. Nunca supe porqué. Quizá no sintió su complicidad correspondida.

Siempre vi en él a un hombre extremadamente curioso, altamente sensible, en algunos momentos ligeramente provocador e incluso extrañamente irritable. Sus respuestas para conmigo combinaban la sorna con un punto de indelicadeza. Yo al menos en alguna ocasión así lo percibí.

En su discurso en el Ateneo Espinàs renegó de la escritura que aspira a la trascendencia. Para hacerlo adoptó un tono paradójicamente «trascendente». Escuché en sus palabras una rara mezcla de sabiduría y autocaricatura. De ironía postrera no exenta de desasosiego existencial. De extrema autocontemplación en un observador en aquel momento intensamente observado.

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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