Kevin Raniere, El hombre detrás de la secta NXIVM

Los crímenes del hombre más inteligente del mundo y su secta: tortura, esclavitud sexual y aberraciones a mujeres millonarias

La iniciación en la secta requería un juramento de lealtad y de sumisión, allí comenzaba el calvario

Los crímenes del hombre más inteligente del mundo y su secta: tortura, esclavitud sexual y aberraciones a mujeres millonarias
Kevin Raniere, quien prefería ser llamado Vanguard (Vanguardia).

Entre quince años y la perpetua, es la posible condena que le caerá a Kevin Raniere. El hombre detrás de la secta NXIVM.

El hombre, que por cierto tiene el coeficiente mental más alto del mundo, fue hallado culpable por los cargos de tráfico sexual, abuso de menores, trabajo esclavo, asociación ilícita, estafa y otros más.

La secta, que también era una empresa, brindaba cursos de superación personal, pero en realidad era una organización delictiva y un vehículo para abusar de las mujeres. Así lo explica Matías Bausó para Infobae.

Cada curso costaba miles de dólares, solo podían ser pagados por millonarios, y este hombre los estructuraba de tal manera que cada curso conllevara a otro.

Así la formación de la alumna requería mucho tiempo y una ingente cantidad de dólares.

Una mujer es convocada por otra que se encuentra en una posición superior dentro de la jerarquía de NXIVM. Le habla de una agrupación secreta; DOS se llama. Pero que la participación en ella es restringida, sólo para unas pocas elegidas. Sólo lo integran mujeres. Y Kevin Raniere, por supuesto.

Como casi en todas la sectas, la iniciación requería un juramento de lealtad y de sumisión era lo primero. Pero con eso no alcanzaba. Se necesitaban garantías. La candidata revela secretos familiares (muchos inconfesables) ante una cámara.

Pero la aspirante muy pronto se da cuenta que la confesión, el haberse desnudado emocionalmente y dejarlo registrado no alcanza. La reclutadora exige una segunda garantía. El desnudo también tiene que ser físico. Debe enviarle fotos de ella desnuda que la otra mujer guardará bajo amenaza de hacerlas públicas.

Antes del ingreso se le realiza una nueva aclaración, una nueva regla de juego hasta el momento desconocida: la novata debe someterse a la que la convoca, una será la esclava y la otra la ama (cada ama tiene varias esclavas), hasta que logre subir un escalón en el organigrama y ella tenga sus propias esclavas que satisfagan sus deseos.

Una estructura piramidal, pero que además de dinero, implica tremendos actos de tortura física y sexual.

En el rito iniciático, la mujer se encuentra en una sala con otras tres o cuatro, que sospecha están en su misma situación. Ingresa su ama. Les venda los ojos y les ordena desnudarse. Ninguna duda. Su voluntad está doblegada.

Todas se sacan la ropa en silencio. No se ven entre sí pero saben, intuyen, que las demás hacen lo mismo. Luego las empujan hacia una camioneta. Desnudas, sólo con la venda en los ojos, recorren unos kilómetros. No saben dónde van.

En el destino, alguien las ayuda a bajar. Entran a una casa. Una de las mujeres, tal vez, espía por debajo de la tela y ve que es una casa lujosa. Acuestan a la primera en una camilla. De pronto el resto escucha unos gritos desgarradores y olor a carne quemada. Como si fueran ganado, las marcan. En la ingle.

Los gritos y las lágrimas no detienen la operación. La que soporta estoica la tortura es felicitada y puesta de ejemplo. En el aire persiste el hedor de la piel carbonizada. En sus ingles queda, marcado a fuego, un símbolo extraño.

Ya pasado el momento, ya en sus casa, y con la ayuda de un espejo, las víctimas lo podrán descifrar. Si se lo mira vertical, el jeroglífico se convierte en una A y una M, las iniciales de Allison Mack. De costado, con una mirada apaisada, lo que surge no causa, a esa altura, sorpresa alguna. Con claridad, en ese tatuaje labrado a hierro caliente (o con un bisturí eléctrico), cauterizado en la piel, aparecen una K y una R, las primeras letras del nombre y el apellido del líder, Kevin Raniere, el que luego tendrá acceso sexual a las mujeres iniciadas, las señalizadas con sus iniciales.

Raniere con su pelo a dos aguas, los gestos frescos y serenos se parece al cantante Jackson Browne. Era, no caben dudas, alguien con un enorme poder de convencimiento. Articulado al hablar, seguro, lograba encadenar sus pensamientos con fluidez y fuerza. Abrumaba a su oyente con un torrente de convicciones, de definiciones cuya acumulación las maquillaba de irrefutables. Un mago de la persuasión.

Se ofendía cuando le hablaban de creencias, de fe , de que su método tuviera algo que ver con lo espiritual. Detestaba que lo equipararan a cultos o religiones en los que se depende de un ser superior. Lo de él era un método. Había ciencia en sus prédicas. Por eso, decía, conseguía la transformación deseada en sus alumnos.

La historia de Raniere y NXIVM adquirió actualidad gracias a The Vow, la serie documental que está emitiendo desde hace unos días HBO, en la que se narra, desde adentro, cómo funcionaba la organización y cómo era la trama de explotación sexual.

Lo del coeficiente intelectual de Raniere no se trata de un mito. Luego de hacer el test de Ronald Koeflin llamado Mega (que luego se convirtió en un método controvertido al que los expertos sumaron múltiples objeciones) sacó el puntaje más alto posible y apareció en el libro Guinness de los Récords.

Se decía especialista en biología, matemática y finanzas. Sin embargo su vida personal y laboral no lograban arrancar.

En los noventa, ya pisando los treinta años, creó una empresa de venta de productos de salud y de belleza pero poco después debió cerrarla porque las denuncias se acumulaban sobre él.

La justicia determinó que se trataba de una organización que se beneficiaba de un esquema piramidal que estafaba a su integrantes.

Siguió buscando su lugar. Hasta que el encuentro con Nncy Salzman, una enfermera que se dedicaba a la hipnosis lo convenció de dar el siguiente paso. Con la mujer como su socia fundó NXIVM. El origen de la organización se encuentra en diversas fuentes que fueron fascinando a Raniere con el tiempo.

La experiencia de Amway y su ejército de ventas, preceptos sacados de las novelas de Ayn Rand, algo de la Cientología (por más que luego lo negaría enfáticamente), ideas de Segunda Fundación la novela de Isaac Asimov y los principios de una disciplina que se empezaba a imponer, la PNL, la programación neurolingüística Extrayendo elementos de cada una formó ese Frankestein que fue NXIVM.

Todos los fracasos anteriores contrastaron con el enorme éxito de NXIVM. En sus veinte años de existencia pasaron 18.000 personas por sus cursos.

Pero el secreto estaba en los que permanecían en la organización, los que iban subiendo en el escalafón (escalando con dificultad y lentamente), haciendo los cursos paralelos que se ofrecían o abriendo franquicias en distintas ciudades del mundo. Su poder persuasivo le permitió construir un imperio del coaching y la autoayuda.

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