El Misterio de la Santísima Trinación

Sus seguidores ya lo habían advertido: la verdadera naturaleza de Zapatero es divina. Ya su llegada al poder no tenía otra explicación que una intervención del más allá, de hecho seguimos sin saber quién estaba más allá de los de más acá en los atentados de hace dos años. Pero incluso su capacidad proteica, el don que le permite transmutarse en su interlocutor como a Zelig, el que le ha convertido en la quintaesencia de esa izquierda posmoderna alimentada sólo por el afán de dominio y el resentimiento, revelaba una condición sobrenatural, una predisposición transestelar a la mentira que debimos haber advertido desde el principio.Hoy sabemos, demasiado tarde, que nuestra cobardía tras el 11-M nos hacía merecedores de un gobierno que sí nos mintiera: el de ZP. Un pueblo capaz de creer en Rubalcaba no podía esperar otra cosa.

Y ahí los tienen, ahí tienen a esa tríada que hoy nos gobierna, Blanco-Zapatero-Rubalcaba, llevando la mentira hasta la condición de espectáculo, de arte de birlibirloque que nos deja cada día aplastados por sus maravillas. Tenemos delante el Estatuto, leemos “nación” y “símbolos nacionales”, y Rubalcaba lo sigue negando, Zapatero sale a decir otra vez que esto es para unirnos más (seguramente quiere decir “unirnos a Mas”) y Blanco, por supuesto, a constatar que la culpa es del PP.

Así que España es una nación, según el texto constitucional (y sobre todo, según la Historia, hasta hoy, claro) y Cataluña una nación, según su nuevo Estatuto. Que España tiene unos símbolos nacionales, y Cataluña otros simbolos nacionales. Que la Constitución recoge unos derechos para los españoles, y el Estatuto, otros derechos para los catalanes, además de unos derechos históricos, medievales, premodernos, que les llevan a ocupar una posición “singular”. Y, sin embargo, y he aquí el hecho misterioso, el dogma cuya luz brillará para los siglos futuros, somos dos naciones, tres naciones con la vasca, y una sola nación en ZP. El nuevo dios del talante. La trinidad trilera de la izquierda ex-pañola.

Leamos, para asombro de escépticos, lo que Rubalcaba ha dicho que es “plenamente constitucional y fortalece el Estado”. Dice así el Preámbulo:

“El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido, de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación. La Constitución española, en su artículo segundo, reconoce la realidad nacional de
Cataluña como una nacionalidad.”

Dejando aparte la coma que le falta después de «mayoritaria», al fin es lenguaje LOGSE el de don Alfredo, la trampa viene por dos vías:

1º La hábil yuxtaposición limpia, sin nexo entre las dos oraciones, eludiendo su relación consecutiva como si no tuvieran nada que ver la una con la otra, cuando el sentido revela todo lo contrario: que esa «nación» definida por el Parlamento de Cataluña (salvo en este nuevo misterio de la transubstanciación zapatera, no se puede tener realidad nacional sin ser nación) es la «realidad nacional» reconocida por la Constitución como «nacionalidad«. En suma, que la Constitución consagra a partir de ahora la existencia de la nación catalana, dando al término nacionalidad una lectura que nunca tuvo. Y esta, obviamente, es la interpretación de un Artur Mas que decía, jubiloso, que por primera vez en siglos se reconoce a Cataluña como nación. En siglos, claro, todos los que hace que existe una Cataluña que jamás fue tal cosa. Es ahora cuando se inventa.

2º Que así hace decir a la Constitución lo que no dice, y reconocer lo que no reconoce, variando su sentido y cambiándola de hecho, por la puerta trasera, a traición y vergonzantemente. Lo único que la Constitución dice en su Art. 2 es que “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran”, pero en ningún modo define quiénes o qué sean esas nacionalides, ni que Cataluña, ni ninguna otra, pues no podía hablar de lo que aún no existía legalmente, fueran reconocidas como naciones. Porque tampoco, en ningún caso, establecía, salvo en la actualización de unos derechos forales ajenos a Cataluña, diferencias ni posiciones singulares en cuanto al resultado final de los regímenes autonómicos, ni más derechos históricos que los derivados de la soberanía nacional de la «Nación española», que es de la única que habla.

Pero si a ello le añadimos que el tal Preámbulo termina por establecer el «ejercicio del derecho inalienable de Cataluña al autogobierno», un derecho, por tanto, que está por encima de la soberanía del pueblo español, el único posible en tanto que unión de ciudadanos frente a las singularidades étnicas, lo que tenemos delante es un nuevo sujeto de soberanía, la nación catalana, ajena ya a la voluntad común y situada fuera de ella. En fin, como dice la propia página web de los socialistas catalanes, en «relación fraterna» con España, es decir, ya no España. A estos tíos los pones en una mesa a hacer el trile por las Ferias y se hacen de oro.

Personalmente, me importa un capullo, con perdón, lo que diga la Carta Magna. Pero me molesta que me la metan. Y me duele la indefensión en que van a quedar tantos millones de ex-pañoles en Cataluña y las Vascongadas. Sobre las playas de absoluta indecencia a que ha llegado la izquierda, ya no se conservan ni las formas. Decidnos claramente que queréis deshacer la España que hemos sido y montar la Trinación, la alternativa Kas y la alternativa Trina (ranjus). Que nos vais a someter al poder catalán y que los demás tenemos que estar al servicio de las burguesías vasca y catalana como en el franquismo. Revelaos de una vez como lo que sois, sectas de zetaperos y llamadrazos, con vuestros amigos nazis: lo peor del franquismo, aquel que sólo era una máquina de poder y corrupción. Pero dejad ya, panda de santurrones, de presentaros como adalides de la justicia, de la igualdad y la libertad que mancháis con solo nombrarlas.

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