Hace mucho que nuestro Gobierno, el de todos, debió desenmascarar el totalitarismo que anida en las demandas separatistas, mucho más odioso porque lo revisten de democracia y derecho a decidir. Lo que diferencia a las democracias del nazionalsocialismo y el comunismo es el respeto a la ley. Por eso se llaman estados de derecho. Para los totalitarios, al contrario, la ley o es un obstáculo o se puede obviar alegando un fin superior: la pureza de la raza, la dictadura del proletariado, la salvación de la lengua o la autodeterminación. Y no hay violencia mayor que esa, la de violar la ley, esencia del golpismo.

Una consulta en la que solo una parte decide sobre todos, es un golpe de Estado, un atentado supremo contra la ley y contra todos los demás ciudadanos, a los que se considera sujetos pasivos, simples sufridores, les guste o no, de lo que otros deciden. Esclavos sin derechos. La convocatoria misma de un referéndum sólo para catalanes es ya la secesión y hace de facto innecesario el referéndum: pueden convocarlo, y ojalá, pero únicamente para irse. Lo que ya no podrán decidir es quedarse.