El vascuence, lengua oficial de Almería (y II)

Tuve que cerrar los comentarios en la anterior entrega de este blog. Los insultos y, sobre todo, el odio que destilaban me llevaron a tomar esa decisión. Hay una España cuya capacidad para odiar me sorprende siempre, aunque la conozca. Es la pena de España lo que me mueve a insistir en algunas de estas cuestiones, para explicárselas a ustedes y a mí mismo. He repasado lo que escribí y, a mi entender, lo único que hice fueron dos cosas:

1º Considerar lógico que una rueda de prensa en la que todos hablan la misma lengua, el español, deba desarrollarse en esa lengua, que además era la lengua del lugar en el que se encontraban: Almería. Incluso en la Etb, en su versión vascófona, en un caso así, en una información que tiene su origen en otra zona de España, y en un país normal, se usaría una lengua que conocen todos sus espectadores potenciales. Es más, es la que en verdad conocen todos sus espectadores. Sin que ello supusiera renunciar al vascuence como la lengua de uso general en esa cadena. En último extremo, si necesitaban unas declaraciones en vascuence, se esperan al final de la rueda de prensa y las hacen, sin tener allí esperando a un montón de gente que no entiende nada de lo que dicen. Sigo creyendo que esto es lo lógico en un país sin el odio a nosotros mismos de que hacemos gala en España.

2º Dar cuenta de algo que la sociolingüística tiene establecido desde sus primeros estudios: que la lengua materna mayoritaria en lo que Sabino Arana bautizó como Euskadi (es decir, en el País Vasco, Vasconia, las Vascongadas o el Señorío de Vizcaya en otros tiempos) es el español. Y no por poco, sino en una proporción de más de 2 a 1. Los vascos adoptaron el español como lengua de cultura y comunicación desde la Edad Media. Y corre el sustrato vasco como componente esencial por las venas de lo que nació castellano y se hizo español. Más aún, lo que hoy se entiende por vascuence no es más que una lengua artificial, el batúa, construido sobre la base del guipuzcoano, pero incomprensible para buena parte de los hablantes tradicionales de los otros siete idiomas vascos, los auténticos euskaldunes. El batúa se conformó, por cierto en pleno franquismo, para servir de elemento de cohesión, junto a la raza, de la nación ficticia que el aranismo había decidido construir medio siglo antes. Su tragedia es que, al ser una lengua impostada, no materna, la gente la aprende por el dominio nacionalista del sistema educativo (los nuevos hablantes o euskaldumberris), pero no la usa en su vida diaria. Y esto es lo que enciende a los nacionalistas y, sobre todo, al mundo filonazi de los etarras y abertzales. Yo solo estoy diciendo la verdad, los datos que pueden encontrarse en cualquiera de los manuales y estudios sobre las lenguas de España.

3º También dije que resulta incomprensible la cesión del resto de los españoles a los dictados nacionalistas: considerar como falta de respeto quejarse, levemente, como hicieron los periodistas de Almería, a los que han crucificado, de lo que sí fue una absoluta falta de respeto del señor Garicano. Y expresar una vez más mi protesta ante la chulería asimétrica con que nos tratan, con el apoyo legal del Estado, imponiéndonos cuáles deben ser los topónimos en español, sin la menor reciprocidad por su parte: nosotros no tenemos por qué decir ni Lleida ni Hondarribia ni A Coruña mientras ellos digan Murtzia o Terol.

Por último, agradecer a un llamado A.L. Menéndez, del digital Vozpópuli, quien firmaba el pasado 29 de abril una columna en la que no se sabe qué admirar más, si la manipulación o la ignorancia. El enterado ‘lingüista’, tras poner a caldo a uno de los periodistas de Almería ¡por ser profesor de Lengua!, imagino que con título universitario en Filología, se lanzó contra mí ofreciendo alguna de las afirmaciones de la entrega anterior, pero absolutamente fuera de contexto. Es decir, manipulando indigna e infantilmente (su nivel intelectual no da para más) mis palabras. Así, decía: «Aunque la inmensa mayoría de la prensa almeriense lamentó lo sucedido el domingo, algunos medios publican artículos de opinión en los que también reprochan a Garitano el uso del euskera. Es el caso de ‘El vascuence, lengua oficial de Almería’ que firma Javier Orrico en La Opinión de Almería. «La verdadera lengua de los vascos no es el vascuence –que es como se dice en español, y no euskera ni euskara-, sino la lengua española, que allí arriba llaman castellano», escribe, entre otras cosas, Orrico, de profesión catedrático. De Lengua y Literatura, por supuesto.

Es decir, elimina todo lo que justifica esa afirmación: los datos, incontestables, sobre el número de hablantes vascos de español y vascuence como lenguas maternas. Y se queda tan pancho. Al parecer, le molesta que sea catedrático y que haya estudiado sobre aquello de lo que hablo. Él, sin duda, no cae en ese error.

P.D. Pueden ustedes, como siempre, intervenir, si es su gusto, pero aportando argumentos y razones. Al primer insulto o menosprecio hacia cualquiera, cerraré los comentarios.

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