No entiendo cómo se puede decir tanto sin decir nada. La maestría del director alemán Win Wenders con el tempo y la espera es sencillamente sublime.

Es un poema escurridizo, un canto al trabajo, a la felicidad del día a día, a valorar cada amanecer, cada libro, a ver el sol entre los árboles y a sentir cómo crecen cada mañana las hojas de tus plantas, que son como hijos añorados que nunca tuviste.
Un film filosófico que te deja incrustado en la butaca durante los títulos de crédito, pensando por qué llevas la vida que llevas y no eres en absoluto feliz.
Tienes que verla con mucha calma y esperando que la superposición de sombras no haga que desaparezcan.
4 ★★★★