Escribo esta crítica con un tiempo suficiente como para asimilar lo que he visto. Parece solo un film de destrucción, de venganzas y de peleas por lo poco que queda que valga la pena, una especie de Mad Max a la coreana, pero en realidad es mucho más profunda.

El director y coguionista surcoreano Um Tae-hwa busca una situación límite entre los seres humanos ya que, después de un terremoto, solo queda en pie un edificio de apartamentos al que los supervivientes acuden para poder subsistir, pero entonces no hay alimentos para todos y los propietarios de los pisos se organizan para que no entre ninguna persona ajena, lo que inicia un enfrentamiento mortal.
El film se convierte en una profunda desesperación interior de los protagonistas que, por un lado, quieren ayudar a los demás para que puedan sobrevivir pero, por otro, si aceptan meter en sus casas a más gente no hay alimentos para todos y morirán por su intento de salvarlos.
Con el paso del tiempo el problema se agudiza y terminan creando una especie de policía secreta que busca la eliminación sin compasión de los desahuciados.
Sin duda un argumento desgraciadamente muy actual y que te hace reflexionar hacia dónde vamos.
3 ★★★