La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

El inverosímil soplo del viento

Existen días únicos en los que el viento sopla bravamente, con un ansia y una dureza descomunales. Es en esos días en los que todo puede pasar. En los que la fuerza sobrenatural e invisible te levanta del suelo y te lleva a la otra frontera. Sí, puedes estar tomándote un chato de vino en la terraza de cualquier bareto madrileño… y acabar en Finlandia. ¿No lo has probado nunca? Es maravilloso.

En mi último ‘viaje’ fui agradablemente acompañado en el vuelo inverosímil por Leonor Watling. La actriz y cantante, a pesar de ser su primera vez, estaba muy relajada. Me dijo que no le daba miedo correr sin mover las piernas a doscientos kilómetros por hora. Su sonrisa era tan letal que no tuve más remedio que desmayarme.

Cuando volví a abrir los ojos no estaba en Finlandia. Los ojos bestiales de la Watling habían desaparecido y el frío de Finlandia, que siempre me azotaba en el aterrizaje de aquellos vuelos, no era el que me recibía. Por el contrario, me encontré con un aluvión de sol y sudor en forma de bienvenida. Estaba en Cuba, fumándome un puro con Winston Churchill. “Ostras, señor Churchill, jamás imaginé que tuviera pelo largo y bigote”, le espeté. “Es que en las fotos en blanco y negro salgo muy mal”, me contestó entre ruborizado y solemne, como si dejara para la Historia otra de sus memorables frases.

Después de echarme la siesta en la pensión y recibir el sermón de Akenatón, que también vivía en la Isla su retiro dorado, sentí que era observado por unos ojos de gata. “¡Leonor!”, pensé. Pero cuando me di la vuelta la vi en todo su esplendor. Audrey Hepburn… mayestática princesa del siglo XXIII. Su mirada risueña, la pose con su infinito cigarro, su tersísima piel, su ternura en el gesto… me produjeron tal emoción que… cuando creí que me besaría… cerré los ojos… y un nuevo soplo de viento, malvado, verde y vengativo…. me llevó de nuevo a Madrid. Siempre Madrid.

Y así, cuando abrí los ojos, no pude sino verme con los ojos cerrados y los labios apretados y apiñonados en anhelo del deseo. Asesinada mi ilusión, no tuve más solución que dejar correr mis penas en un largo trago de tintorro en un bareto cualquiera. De Madrid, por supuesto.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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