La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Landete, la ciudad sin ley

Levántate y anda, blog adormecido. Tras unos días de parón y necesario descanso, se me acabaron las vacaciones y retorno a la vida diaria. Y a La hora de la verdad, mi olvidado espacio de desfogos en el que me reúno con algunos de mis amigos. ¿Dónde he estado? En la playa… y en un lugar recóndito, al otro lado de la civilización: Landete. Sí, mi pueblo, ese oasis de fantasía alucinada. Si alguna vez lo buscas está en Cuenca, a 100 kilómetros de la capital, ya en la frontera con Valencia. Pero ten cuidado, es peligroso. Bajo ese nombre entrañable e ingenuo se esconde un lugar oscuro, no apto para vigías del orden establecido. Ciriaco de Málaga, no lo seas de Landete. O perecerás.

¿Y qué es, te preguntarás, querido amigo, Landete? Muy sencillo. Landete es… Landete era las raíces en blanco y negro de este escriba mal hallado, los veranos en bicicleta, las excursiones al campo, el chocolate con bollos en la ermita de la Fuen María, las procesiones de Semana Santa que horrorizaban a los niños con esos hombres de capucha y vestidos de morado, las tardes de telenovela con mi abuela, la garrota y la boina de mi abuelo, el olor a granja, el fútbol y el frontón, las cabinas de teléfono bajo la luna, los encierros de toretes a mediodía…

¿Y qué es Landete hoy? Mi cuadrilla de toda la vida: Pablo, Ana y Sara… secundados por mi hermana Machús, el ron con cola, las risas interminables, el desfase, las noches que acaban en día, el calimocho, las bromas de mis primas, las adorables e infinitas broncas entre mis abuelos, el sonido amortiguado de la verbena en el silencio de un descampado que es meadero gigante y concurrido, el café nocturno, meterse con mi ovejita, reírnos de las Anadas, no parar de conspirar con Pablo echados en el sofá del local, ese local que es una santa casona, el cuarenta y tres con vainilla, las golfadas, las landeteras en forma de musas, nuestros desvaríos deportivos, las pelis de Saza, la noche de los cohetes, la lluvia de estrellas en el puente de la Fuente Podrida, las palomas en la iglesia de la plaza, el ¿qué tal, galán? el ¿ande vas, bonico?, las tertulias del politiqueo y las sanas costumbres, los fósiles, las fotos descuadradas con Hugo, Sabina y el Fary de fondo, la niebla del día después, las bravas en las Acacias, los personajes innombrables, la ausencia de autoridad y ley, Joselito y su gorro de paja…

¿Y qué más se puede decir? ¿Cómo definir Lantete? Si es tan fácil… y tan difícil. Landete es Landete. Si te atreves, una casa abandonada y tomada por sospechosos ruidos y olor a bodega te espera. Y si no te atreves, seguirás sin saber por qué el ron con cola está mejor que en ningún otro lado… en Landete.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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