
Me lo dicen: ¿estoy loco? Azul castaño sueño contigo, en los albores del renacimiento celestial. ¿Por qué habré de ser émulo del condicionamiento agudo? ¿Será acaso… césped redondo del graderío rotundo? Eres tú. O ella. Quí lo sá!! Crepúsculo en la perfidia desdichada de las magias perdidas de la Rusia de los Zares… convertidos ya en soviets del campo alemán.
Hannah, eres bella musa enganchada de un zumbado que sólo busca comprar cajas destempladas. ¿Por qué, Atenea, por qué Zacarías? Sombras tristes en la Sevilla de los candiles apagados que exigen remedios para que salga la procesión de la Virgen de las Angustias. ¡Lo sabía! Zalamera de la mentira… insignificante jamás será el tiempo ¿perdido? contigo.
¡Olé, torera! Temeraria de la noche, te apelan en la intimidad de las medias de seda, bajo las sábanas soliviantadas en revolución permanente, anexas de los escotes en flor. Maravilla inhumana. ¡Guapa! Si tú quisieras… flor partida, mataría por ti. Parche de ciegos para los que, inválidos del alma, te ignoran a tu paso. ¿Heroísmo? No, histeria individual, sin asomo de lo colectivo.
¿Seré cuerdo algún día? Sólo necesito que me levantes, abraces, beses y des cuerda al mecanismo que mantengo impregnado en mi espalda. Soy máquina averiada. Maltrecho, ajado, roto. Necesito un gesto. ¿Sacrificio tan inmenso harías por mí?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
