La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

La educación sexual en la escuela no es de “guarros, puercos, zorras y degenerados”

Con pesar, bochorno y vergüenza ajena, leo y escucho que el “periodista” Eduardo García Serrano, en El Gato al Agua, de Intereconomía TV, se ha dirigido a la consejera de Sanidad de Cataluña, Marina Geli, en los siguientes términos: “Es una guarra, una puerca, una zorra repugnante y fabrica degenerados”. Pese a haber pedido disculpas (por las escasísimas veces que le he escuchado, su tono chulesco, zafio e hiriente es el habitual en él), nada de esto tiene la más mínima justificación.

Pero, huyendo de las sandeces salidas de la boca de este señor, quiero comentar brevemente el tema de la disputa. Al parecer, el departamento de la señora Geli ha repartido en Cataluña miles de folletos informando a niños conceptos como “sexo oral” o “masturbación”. Vamos, en la línea de acciones similares y recientes desarrolladas en Extremadura o Andalucía, comunidades todas ellas gobernadas por los socialistas. Expuestos los datos, he aquí mi opinión: la educación sexual, entendida desde el punto de vista de informar a chicos que se encuentran a punto de su despertar sexual (biológicamente hablando) sobre el funcionamiento y el carácter de sus órganos reproductores, es lógica y conveniente.

No estoy hablando de animar a nada, ni de opinar sobre ningún aspecto o marcar conductas. A mí también me producen rechazo campañas que, desde la esfera de lo público, incitan a los chicos “a conocer tu cuerpo o descubrir tu sexualidad”. Creo que antes no se ofrecían estas directrices en las escuelas y la gran mayoría ha tenido la vida sexual que ha querido o podido, y con quien ha querido o podido. Es decir, que practicado o no, todo el mundo sabía lo que era masturbarse o si le gustaban hombres o mujeres. Porque, no nos engañemos, esto es más viejo que el mundo, pues la naturaleza es la primera maestra del ser humano.

Sin embargo, no todo puede estar en manos del instinto primario que tenemos las personas. En el mundo en que vivimos, es absolutamente necesario que los chicos, antes de que su cuerpo cambie hasta poder llevar algo a la práctica, estén informados de qué es eso de mantener relaciones sexuales, o qué consecuencias pueden tener. Todos nos escandalizamos del drama del aborto, dándose gran parte de él entre adolescentes. Todos sabemos que hay enfermedades de origen sexual, pudiendo ser el coste de alguna de ellas el de la propia vida. Es mucho más que conveniente la información. Es absolutamente necesaria. Repito, la información.

Porque el paso que va más allá –el de comentar la significación profunda de la sexualidad, el de aconsejar o guiar sobre el momento en que puede o debe de ser adecuado su inicio, el de hacer ver qué implica para la otra persona y el respeto que ha de haber por medio, el de dar a conocer, en los ámbitos religiosos, si es un valor o un precepto…–, corresponde única y exclusivamente a las familias. A nadie más. Lejos de allí el Estado.

Ojalá, los chavales sepan valorar que la sexualidad no es asunto banal. Ojalá que no se dejen llevar por modelos de comportamiento, imperantes hoy entre los más jóvenes, que les invitan a perder la perspectiva de algo que afecta, y mucho, a su vida. Porque implica una decisión y ésta es importante, pues puede marcar para siempre. Una buena educación, general y para todos, asegura que conozcan los datos mínimos e imprescindibles para poder discernir qué hacer ante algo que está presente en su vida. Luego, cada familia sabrá qué orientación y filosofía de vida otorga a sus hijos, qué principios aporta a esa estructura de base de conocimiento. Pero al final, guste o no, serán ellos los que tomen una decisión.

¿Queremos que los chicos sean unos analfabetos a la hora de saber qué quieren hacer? ¿Queremos que sean ciegos ante algo que está en todos los sitios y a todas horas? Por el camino del oscurantismo y el negar la realidad es por el que penetran los dramas, los problemas insuperables y el “por qué me ha pasado esto a mí”. Conocer algo nunca puede ser un mal. Jamás.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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