La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Corea del Norte es el comunismo real

Pese al silencio abrumador de la comunidad internacional, que casi nos hace creer que Corea del Norte no existe, anoche pudimos comprobar hasta qué punto son fundados los temores de estar ante el régimen más tirano que jamás se ha visto en toda la historia de la humanidad. Por el absoluto hermetismo del Gobierno comunista de Kim Jong-un (el comunismo utópico hecho carne), apenas podemos comprobar si son ciertas denuncias como estas: el control policial es absoluto, no existen medios de comunicación o cualquier tipo de institución social privada o alternativa, todo está en manos del Estado (incluido el reparto de la vivienda y las funciones laborales de cada uno), hay campos de concentración para los que osen alterar tal “equilibrio feliz” con un estornudo o tropiezo tachado de crítico o subversivo, la gente muere de hambre y hay familias que se comen entre sí. Esto último no es figurado, sino literal.

¿Por qué digo que ayer pudimos comprobar cómo es la dictadura norcoreana? Porque el programa En Tierra Hostil, de Antena 3, pudo enviar a un equipo de reporteros junto a otros medios internacionales. Era algo inédito en medios occidentales, al menos aquí en España. Obviamente, era una estratagema propagandística del régimen para mostrar su Arcadia de perfección. Y vaya si la vimos: hospitales modernos, instalaciones recreativas de lujo, viviendas de altísima gama… El problema para Kim Jong-un es que también vimos todo lo que no quería que viéramos: el teatro era tan acartonado y falso (solo un puñado de hienas disfruta de ese “confort”) que sabíamos sin lugar a dudas que estábamos ante personas atemorizadas por el culto a un dios-demonio que ha convertido a varias generaciones de seres humanos en objetos deshumanizados. Nadie hablaba ante una cámara occidental si no era para soltar la soflama obligada: Papá Estado es el Paraíso en la Tierra y sus profetas, oh nuestros líderes, son la redención de todos los sagrados valores. Si alguien se sale una coma del discurso (algo impensable), sabe perfectamente la consecuencia: la muerte en condiciones atroces.

En realidad, nada de esto era una novedad (por mucho que asuste verlo en su propio ámbito), pero sí lo fue, al menos para mí, saber que el guía de todos esos periodistas era el español Alejandro Cao de Benós: el único extranjero contratado por el régimen de Corea del Norte. Me dejó pasmado ver cómo una persona criada en nuestro país, conocedora perfectamente de la cultura occidental, pudiera escupir por su boca una versión iracundamente fiel de la propaganda norcoreana. Este parásito lleva más de una década forrándose a costa de ser el perro de un dictador asesino. Lo siento mucho, pero, si de mí dependiera, una alimaña así tendría prohibida la entrada en España de por vida.

Pero no, el tal Cao de Benós se regocija en las redes sociales (aquellas vedadas para su población, que ha de conformarse con una intranet) de que ya tiene “cubierta la agenda hasta fin de año” para dar entrevistas a medios españoles. Es repugnante e indigno. Todos tendríamos que declarar un boicot a los medios que abran sus puertas a quien desprecia no solo la libertad de expresión, sino la más mínima concepción de la vida y la dignidad humana. Darle voz es hacerlo a la propaganda demencial. No hay debate posible, sino morbo (y audiencia). Solo merece la pena acompañar a semejante despojo si es en Corea del Norte. Para que nos sigan mostrando in situ su Paraíso. Para que sigamos conociendo su Infierno.

Y así, tal vez, algún día la comunidad internacional diga basta y haga algo. Porque, por sí solo, es imposible que el régimen caiga. Los zombis no derrumban faraones.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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