La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Donald Trump y el cadáver en el armario de EEUU

Nuestros tiempos modernos, pese a lo que muchos creen, se anclan en un mecánico discurrir de la Historia según el cual todo se repite continuamente. Dicho menos finamente: nos repetimos más que el ajo. O tropezamos hasta cien veces con la misma piedra. Ayer fueron el comunismo y el fascismo los que emergieron como “la fuerza” frente a la “atrofiada y corrupta burguesía”. Ante una crisis económica sin parangón, Lenin recuperó la guillotina de la Revolución Francesa y, además de a los zares, él y luego sus discípulos se llevaron por delante cientos de miles de vidas, incluidas las de los “burgueses” campesinos. Hitler apeló al orgullo, a «la Alemania de siempre”, y engrasó una maquinaria de guerra que echó a andar el país a base de producir sangre. Ya sabemos cómo acabó todo… Pero seguimos igual.

Ayer, fascistas y comunistas tiraron de populismo para emerger. ¿Cómo? Utilizando como chivo expiatorio al cadáver que todo país tiene escondido en su armario. Los rusos, a su alma campesina tradicional. Los alemanes, a los judíos. Hoy, bajo el paraguas de otra crisis sin precedentes, nuestras sociedades se ven acechadas por el populismo que desnuda a sus viejos cadáveres: Marine Le Pen y la inmigración que “contamina” Francia, el UKIP y el tradicional recelo británico hacia el Viejo Continente… En España tenemos a Podemos y a los muchos más que no pierden oportunidad alguna para sacar a pasear nuestro gran fantasma: la Guerra Civil. Quieren volver a 1936 y (no digo que por las armas) ser al fin “los vencedores”.

Este fenómeno es peligrosísimo en cualquier sociedad en la que se desarrolle. Pero, ante las elecciones en EEUU, el populismo de Donald Trump se antoja como un fenómeno absolutamente dramático. Tras un presidente negro, con familia musulmana y que ha buscado extender la sanidad pública y regularizar a buena parte de su población inmigrante, surge el auténtico cadáver en el armario de EEUU: la añoranza por los tiempos del salvaje Oeste. Por eso ahora millones de americanos apelan a la fuerza ciega que representa un multimillonario de cuna blanco y arrogante que presume de triquiñuelas para no pagar impuestos, exige levantar un muro en la frontera con México y que lo paguen ellos o que se permite incluso amenaza con encarcelar a su contendiente. Eso en caso de que aceptara una hipotética derrota electoral, aventurando ya estas semanas que puede negarse a ello por temor a un pucherazo orquestado por el establishment, que no puede permitirse que gane La Verdad. Teniendo en cuenta que estamos hablando de los Estados Unidos de América (pese a todos sus defectos), esta última andanada resulta aberrante.

No soy simpatizo excesivamente con Hillary Clinton (resulta chocante que la primera potencia mundial lleve décadas en manos de un puñado de clanes: los Kennedy, los Bush, los Clinton… y los Obama, pues en unos años tendremos a Michelle llamando al timbre de la Casa Blanca), pero, vista cuál es la única alternativa a ella, ¡Dios nos salve de Donald Trump! Una cosa es que el flamante Nobel de la Paz saliente nos haya decepcionado frente a todo lo que soñamos con sus discursos y otra que quien venga detrás de él nos pueda retrotraer a los años 60 y 70 y nos aboque, como nunca antes, ante el abismo de una guerra nuclear. Si alguien es capaz de algo así es un populista liderando al Imperio.

Artículo publicado en Cuadrilátero 33, dentro del combate ‘La hora de la verdad se acerca para Clinton y Trump.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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