La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Donald Trump y la cultura del egoísmo

No están de moda, pero siempre me fascinarán personas como Tomás Moro, Luis Vives, Voltaire, Erasmo de Rotterdam, Miguel de Unamuno o Miguel Delibes. Todos ellos pudieron haber tenido una vida más fácil encuadrándose en sus respectivas ortodoxias, pero optaron por arremangarse, exponerse a bilis furibundas y construir sociedad desde un humanismo encarnado, heterodoxo, complejo, abierto a todos. Hoy, en cambio, están de moda los referentes “que van con la verdad por delante”, los que tienen “un par de huevos” para dejar “las cosas claras”. Sea Mourinho, sea el próximo emperador del mundo.

Donald Trump es Carlomagno gracias a esa fuerza bruta que no solo se impone sobre las ideas, sino que las desprecia. Millones de personas lo demandan: un buen producto para consumir directamente, para ser engullido sin pasar por el tamiz del horno. Así, nos tragamos que un magnate que se ha enriquecido gracias a un determinado sistema es en realidad el revolucionario antisistema que lo va a revertir todo. Así, nos tragamos sus toneladas de demagogia barata aun sabiendo que no piensa cumplir gran parte de su programa.

Esta simplicidad ha dado a Trump la necesaria visibilidad, pero aún hay algo más profundo que le ha aupado directamente a la Casa Blanca: la cultura del egoísmo, cada vez más generalizada. Por esa lacra, que brota en tiempos de crisis, muchos en Estados Unidos han votado por hacer “América otra vez grande”. ¿Qué quiere decir esto? Que muchos cubanos afincados en Miami prefieren poner el dedo en el ojo a los Castro antes de que definitivamente se entierre un bloqueo a la Isla que se ha demostrado (como mínimo) ineficaz durante medio siglo; que muchos latinoamericanos nacionalizados al fin estadounidenses prefieren que los que vienen ahora huyendo del horror desde Guatemala, Honduras o El Salvador descarrilen en La Bestia y se empotren ante el Muro de México antes de que puedan hacerles competencia laboral; que los cristianos, ateos o judíos prefieren que se cierre las puertas del país a cal y canto a “los musulmanes”, como si estos fueran un ente uniforme ataviado con bombas; que los que cuentan con un seguro médico por tener un empleo prefieren que los que no tienen ni uno ni otro mueran de cáncer o se arruinen si aspiran a salvarse.

Podemos indagar en cómo ha vencido el tipo al que solo apoyó un periódico de los 70 principales de la primera potencia mundial. Podemos pensar que el que toda la comunidad internacional deseara la victoria de Hillary Clinton pudo hacer que el americano medio pensara que querían condicionar su voto quienes desean ocupar su lugar de primacía en el mundo. Podemos darle mil vueltas… Pero hay algo claro: la cultura del egoísmo ha venido para quedarse. En Europa, Marine Le Pen llama a las puertas del Elíseo con la misma fuerza bruta que los que abocaron al Reino Unido al Brexit: si hay otro que puede poner en riesgo algo de mi bienestar, merece quedar en fuera de juego. Es más: merece ser eliminado.

Habrá que pasar por un tiempo de prueba y catarsis para que, tras la tabla rasa y comprobadas sus consecuencias corrosivas (esperemos que no tan dramáticas como tras el último sarpullido de “nueva política frente a la vieja”, en los años 30), el humanismo vuelva a resurgir. Unamuno volverá a estar de moda. Aunque sea en el desierto.

Artículo publicado en Cuadrilátero 33, dentro del combate ‘Ya es una realidad: Trump, presidente electo de EEUU.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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