A primera hora del domingo, la capital yemení, Saná, volvió a ser blanco de bombardeos israelíes. El ataque llega después de que los hutíes, grupo insurgente chií respaldado por Irán, lanzaran un misil con una ojiva de racimo contra territorio israelí. Aunque el proyectil se desintegró en pleno vuelo y no causó víctimas, el hecho marca la primera vez que este tipo de munición se emplea desde Yemen contra Israel. El episodio abre un nuevo capítulo de tensión regional y subraya la creciente capacidad militar de los hutíes.
A día de hoy, 25 de agosto de 2025, los acontecimientos en la región muestran una rápida escalada. Israel justifica los bombardeos sobre infraestructuras militares, centrales eléctricas y depósitos de combustible en Saná como represalia directa. Según fuentes militares israelíes, el sistema de defensa detectó el misil yemení, pero no pudo interceptarlo antes de su desintegración. Restos del artefacto cayeron en una vivienda en la ciudad de Ginaton, causando daños menores. El uso de bombas de racimo, prohibidas por tratados internacionales que no han sido firmados ni por Israel ni por Yemen, genera alarma por su capacidad de dejar submuniciones letales durante años.
Los hutíes: origen y apoyos
El grupo conocido como los hutíes, oficialmente Ansar Allah, surgió a finales de los años noventa en el norte de Yemen como un movimiento religioso y político chií zaidí. A partir de 2014, consolidaron su poder tras tomar la capital, Saná, en un golpe que desató la guerra civil yemení. Desde entonces, controlan grandes extensiones del país y mantienen un conflicto abierto con el gobierno reconocido internacionalmente y una coalición liderada por Arabia Saudí.
Los hutíes cuentan con el apoyo logístico, financiero y militar de Irán, que les suministra tecnología para misiles balísticos y drones. Este respaldo les ha permitido perfeccionar su arsenal y lanzar ataques tanto contra Arabia Saudí como, desde 2023, contra Israel. La relación con Irán sitúa a los hutíes dentro de un eje regional junto a Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza, todos con una postura hostil hacia Israel. Además, la guerra en Gaza y la ofensiva israelí de octubre de 2023 han servido de justificación para que los hutíes intensifiquen sus lanzamientos de misiles y drones en “solidaridad con los palestinos”.
Cronología reciente de la escalada
- El viernes, un misil lanzado desde Yemen fue detectado sobre territorio israelí; según fuentes castrenses, contenía submuniciones explosivas características de una bomba de racimo.
- Israel respondió con bombardeos sobre posiciones hutíes en Saná, atacando infraestructuras clave, incluyendo instalaciones militares cercanas al palacio presidencial y depósitos de combustible.
- Los hutíes, a través de su canal Al Masirah, denunciaron una “agresión israelí” y confirmaron al menos dos muertos y más de treinta heridos tras los ataques en la capital yemení.
- Desde el inicio de la guerra de Gaza en octubre de 2023, los hutíes han lanzado repetidos ataques hacia Israel, intensificando la presión sobre Tel Aviv y obligando a suspender vuelos en aeropuertos como Ben Gurion en anteriores incidentes.
El contexto regional: entre la guerra de Gaza y la sombra de Irán
La ofensiva israelí sobre Gaza ha tenido un efecto dominó en toda la región. Los hutíes no actúan de forma aislada. La coordinación con Irán quedó patente durante la reciente guerra entre Teherán e Israel en junio, cuando se lanzaron misiles balísticos de forma simultánea desde Yemen e Irán hacia territorio israelí. El apoyo iraní a los hutíes no solo refuerza su capacidad militar, sino que también sirve de herramienta de presión estratégica contra Israel y sus aliados.
- Irán provee misiles, drones y asesoramiento técnico a los hutíes.
- Arabia Saudí encabeza la coalición que combate a los hutíes en Yemen, con el respaldo de Estados Unidos y Reino Unido.
- Israel, por su parte, ha incrementado su cooperación de defensa con socios regionales y potencias occidentales.
El riesgo de una escalada mayor
El uso de bombas de racimo por parte de los hutíes representa una nueva amenaza para la seguridad israelí y agrava la ya frágil situación humanitaria en Yemen. La decisión de Israel de atacar objetivos en Saná responde a una lógica de disuasión, pero también puede alimentar una espiral de represalias.
- Los ataques hutíes y la respuesta israelí aumentan el riesgo de que el conflicto se extienda aún más allá de las fronteras de Yemen y de Israel.
- El uso de armamento prohibido, como las bombas de racimo, añade una dimensión de preocupación internacional.
- Las infraestructuras civiles y la población yemení sufren las consecuencias de estos enfrentamientos, con daños materiales y víctimas civiles.
Perspectivas de evolución
A corto plazo, se prevé que los hutíes mantendrán su campaña de ataques, tanto como gesto de apoyo a los palestinos como para reforzar su posición frente a la coalición saudí. Israel, por su parte, ha dejado claro que responderá con dureza a cualquier nuevo ataque, especialmente si implica el uso de armamento avanzado.
El escenario se complica ante la posibilidad de que otros actores regionales, como Hezbolá, intensifiquen sus propias acciones en apoyo a los hutíes o a Irán. El equilibrio es frágil y la región permanece en vilo ante la posibilidad de una escalada que implique a más países y agrave aún más la crisis humanitaria.
La sensación en Oriente Medio es que cualquier chispa puede inflamar un conflicto de consecuencias imprevisibles, mientras la comunidad internacional observa con preocupación y escasas herramientas efectivas para frenar la espiral de violencia.
