Recalaron en la imponente Casa Blanca con siete y cuatro años

Las hijas de Obama, Malia y Sasha, comienzan una nueva vida

Malia y Sasha apenas han protagonizado titulares escabrosos o salidas de tono

Las mellizas de George W. Bush, Jenna y Barbara, publicaban una emotiva carta para ellas en la revista «Time»

Recalaron en la imponente Casa Blanca con siete y cuatro años. Una edad aún demasiado temprana para ser conscientes de que cada uno de sus pasos serían escrutados públicamente al milímetro por mucho que sus padres luchasen por preservar su intimidad. Crecer correteando por los pasillos de una mansión oficial no es fácil y subir a un estrado para perder el anonimato de golpe tampoco. El martes 4 de noviembre de 2008, el día en que Barack Obama escribía una nueva página en la historia de EEUU al ser elegido presidente, sus hijas Malia y Sasha se exponían por primer vez a la atenta mirada del mundo desde el escenario de Grant Park (Chicago), consagrándose como las nuevas «primeras hijas», un cargo involuntario que aparentemente llega sin manual de instrucciones, pero que a la postre entraña acatar directrices muy precisas. Durante ocho años, las pequeñas han encajado a la perfección en esa operación de marketing orquestada para presentar a los Obama como una familia perfecta, cercana y moderna.

 

Malia y Sasha apenas han protagonizado titulares escabrosos o salidas de tono durante su extenso «mandato». Echando la vista atrás, solo el humo del cigarrillo de marihuana con el que se captó a Malia en un festival de música en Lollapalooza (Chicago) empañó unos días de su historial intachable. Un episodio que tampoco revestiría demasiada gravedad, de no ser por la espectacular repercusión mediática que obtuvo. La imagen fue publicada el pasado mes de agosto por el portal online Radaronline, donde además se incluía el testimonio de un joven a unos pasos de la primogénita de Obama que asegura que se podía apreciar el olor a marihuana que desprendía el pitillo que estaba fumando Malia. En cuestión de minutos, la instantánea daba la vuelta al mundo. No fue el único disgusto que supuso el festival para la Casa Blanca. El vídeo de Malia, desenfrenada, bailando twerking, en una postura muy comprometida tampoco paso desapercibido. Estas controvertidas apariciones de la adolescente se enmarcan dentro del año sabático que decidió tomarse a partir de mayo tras graduarse en el prestigioso colegio privado Sidwell Friends y alcanzar la mayoría de edad el pasado 4 de julio. En otoño de 2017 ingresará en Harvard, siguiendo la estela paternal (ambos estudiaron allí Derecho) y todo hace prever que Malia orientará su carrera al séptimo arte o la comunicación audiovisual, puesto que en 2015 ejerció como becaria de Lena Dunham para la serie de HBO «Girls». También se involucró como ayudante en el rodaje de «Extant» una serie con Steven Spielberg como productor ejecutivo.
Dos años de colegio

 

En el caso de la hija menor de Barack Obama, Sasha, aún es pronto para abordar su futuro profesional. Aún le quedan dos años para graduarse en el mismo colegio que estudió su hermana, motivo por el que los Obama no podrán abandonar Washington tras desalojar la Casa Blanca. «Vamos a tener que quedarnos un par de años en D.C. para que Sasha pueda graduarse», indicó el propio Obama a periodistas durante un almuerzo en Milwaukee. «Transferir a alguien en medio del bachillerato es duro». Y aunque no se plantee hacia dónde dirigirá su carrera universitaria, Sasha ya ha hecho algunos pinitos en el mundo laboral. El pasado verano la adolescente viajó a la exclusiva isla de Martha’s Vineyard, en Massachusets, antes de que lo hiciera toda su familia para sus tradicionales vacaciones estivales. Su objetivo, como el de otros tantos jóvenes, era conseguir un trabajo temporal. Se empleó en el restaurante de mariscos Nancy’s, uno de los lugares favoritos de los Obama. Como una empleada más se enfundó la camiseta del local y una gorra para desempeñar distintos roles como limpiar las mesas o cobrar a los clientes tras la caja. Eso sí, no sabemos si el salario de Sasha compensó la contratación de los seis guardaespaldas que la custodiaban desde la entrada del establecimiento. Una estrategia maestra para mostrar al mundo que los Obama valoran la cultura del trabajo.

Y en el fondo, por muy medidas que hayan estado sus apariciones se han esforzado en mostrar que no son tan diferentes de las adolescentes que viven al otro lado de la Casa Blanca. La cara de embelesada y admiración de Sasha al conocer a su ídolo el actor Ryan Reynolds, durante su primer banquete de Estado o las lágrimas de Malia tras el discurso de despedida de su madre Michelle lo acreditan. Ahora, liberadas de la jaula de oro de la mansión oficial podrán volar solas. Ayer las mellizas de George W. Bush, Jenna y Barbara, publicaban una emotiva carta en la revista «Time» dirigida a ellas sobre cómo afrontar su nueva vida. «Disfrutad de la universidad. Como la mayoría de la gente sabe, nosotras lo hicimos. Y ya no tenéis que llevar más el peso del mundo sobre vuestros hombros. Explorad vuestras pasiones. Aprended quiénes sois. Equivocaos, tenéis permiso». El foco mediático sobre ellas se apaga y la alargada sombra de su padre a comienza diluirse.

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