Los casos de corrupción y negligencia dañan a la policía rusa
«¿Cómo las pudisteis dejar pasar? Si teníamos información», gritó un oficial de la policía moscovita a la entrada en una comisaría del centro de la ciudad tras la primera explosión, según informa hoy el diario «Kommersant».
La policía detuvo a numerosas mujeres caucásicas en el metro desde que éste abrió sus puertas a las 06.00 hora local, es decir, dos horas antes de la explosión en la céntrica estación de Lubyanka.
Una de las detenidas, que portaba pasaporte y permiso de residencia, relató a «Kommersant» cómo fue trasladada a la comisaría en Ojotni Riad, no lejos del Kremlin, veinte minutos antes del primer atentado.
Según el diario, que cita fuentes oficiales no confirmadas, las autoridades disponían de información sobre los planes de los terroristas de perpetrar atentados con bomba en el metro de Moscú.
El presidente ruso, Dmitri Medvédev, reconoció la víspera que las medidas antiterroristas tomadas hasta ahora habían sido «evidentemente, insuficientes» y declaró una guerra sin cuartel contra el terrorismo.
VIUDAS NEGRAS
La policía rusa ha distribuido las imágenes de las mujeres que se inmolaron en las estaciones del metro del Moscú causando la muerte a 39 personas. Las fotografías muestran a las dos ‘viudas negras’ muertas en el interior de los vagones.
Con la publicación de estas imágenes, los investigadores intentan identificar a las dos terroristas que, según fuentes de la investigación, quedaron completamente destrozadas y de las que únicamente se ha podido recuperar sus cabezas y una pierna.
Además, los servicios secretos también intentan encontrar a los tres cómplices de las mujeres. La policía busca a un hombre de unos 30 años, que fue visto en las cámaras de seguridad vestido de negro y con una gorra también negra con dos mujeres de entre 22 y 45 años y que probablemente ayudó a cometer los atentados.
POLVORÍN CAUCÁSICO
El caso es que desde que Rusia puso fin hace un año a la operación antiterrorista vigente desde hace una década en Chechenia, las cosas no han dejado de empeorar en el Cáucaso.
En agosto del pasado año, Medvédev se vio obligado a ampliar la campaña antiterrorista en el Cáucaso Norte tras un atentado suicida contra la sede del Ministerio del Interior de Ingushetia, en el que murieron 24 personas.
«¿Qué ocurrió? ¿Negligencia, traición o una conjunción de actos criminales que no pudieron ser prevenidos? La campaña continuará, pero se ampliará y se utilizarán nuevos métodos», señaló Medvédev, que abogó por castigar a los policías que no cumplan con su deber.
El jefe del Kremlin también subrayó la necesidad de mejorar la cooperación entre los distintos cuerpos de seguridad desplegados en el Cáucaso, como el Ministerio del Interior y el Servicio Federal de Seguridad (FSB), principal responsable de la política antiterrorista.
En junio pasado otro terrorista detonó un coche-bomba al paso de la comitiva del presidente ingush, Yunus-bek Yevkúrov, el hombre de confianza de Medvédev en la región, quien resultó gravemente herido.
La negligencia y la corrupción han puesto en evidencia en otras ocasiones a las fuerzas de seguridad rusas, como en la matanza de la escuela noroseta de Beslán en septiembre de 2004, el mayor atentado terrorista de la historia del país.
Según se supo varios días después, el comando terrorista chechén que secuestró la escuela sobornó a los policías para pasar los diferentes controles entre Chechenia y la república de Osetia del Norte y también para salir de la comisaría tras ser detenidos.
Varios oficiales de policía fueron detenidos por los servicios de seguridad por ayudar a los rebeldes a entrar en Ingushetia, uno de los cuales almacenaba libros y folletos sobre el wahabismo, corriente radical del Islam vinculada con Al Qaida.
La corrupción ya jugó un papel fundamental en la voladura de varios edificios de apartamentos en Moscú en 1999, cuando un policía hizo la vista gorda al paso de un camión con seis toneladas de ciclonita, un explosivo de gran potencia.
Otro policía en Moscú fue sentenciado a siete años de cárcel después de conceder un permiso de residencia en la capital rusa a una de las participantes en el secuestro del teatro de Dubrovka, en 2002.
Pese a que el primer ministro, Vladímir Putin, llegó precisamente al poder con promesas de mano dura contra los terroristas, la prensa rusa pone en duda la eficacia de las medidas de seguridad.
OTROS PRECEDENTES
El diario «Védomosti» apunta que la matanza de Beslán, en la que las fuerzas de seguridad fueron señaladas por las madres como responsables de la muerte de sus hijos, no condujo a la necesaria reforma del todopoderoso FSB (antiguo KGB).
El líder de la guerrilla separatista chechena, Dokú Umárov, campa a sus anchas por los montes del Cáucaso, pese a que las autoridades le han dado por muerto en múltiples ocasiones.
Umárov advirtió en febrero pasado que la guerrilla extendería las operaciones terroristas a todo el territorio nacional, pero el FSB no valoró debidamente las amenazas.
Las autoridades no han conseguido tampoco reducir los altos niveles de desempleo y la pobreza crónica en el Cáucaso, consideradas la causa de que los jóvenes cojan los fusiles y se echen al monte.
Según los diarios digitales, a altos mandos del FSB y del Ministerio del Interior les conviene que la lucha contra el terrorismo islámico prosiga, ya que la corrupción la convierte en un negocio muy rentable.






