El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Por la senda de Horacio me decanto

POR LA SENDA DE HORACIO ME DECANTO

Y UNO A LA DIVERSIÓN LA UTILIDAD

Aut prodesse volunt aut delectare poetae (…). / Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci / lectorem delectando pariterque monendo” (“Los poetas quieren o aprovechar o deleitar (…) / Todo el premio se lo llevó quien mezcló lo útil con lo dulce / al lector deleitando y al mismo tiempo amonestando”).

Versos 333, 343 y 344 de la “Epístola a los Pisones” (o “Arte poética”), de Horacio.

Reconozco que estoy o vivo en un sinvivir, es decir, que me hallo en un estado de agobio, angustia e inquietud, desde que ayer me llamó por teléfono “el Chato” (por la sencilla razón de que carezco de WhatsApp, aunque, como le pasa a él, a mí también la guasa se me desborda o sobra) para decirme que es obligatorio acudir a la cena de Reyes, en la bajera de Rosa y Ángel (donde, por cierto, nunca he estado), con un regalo que cumpla dos condiciones sine qua non o requisitos imprescindibles, inexcusables, necesarios, que no cueste más de diez euros y sea, amén de unisex, divertido.

Por regla general (esta información se la puede saltar, por consabida u obvia, el lector habitual de las urdiduras y “urdiblandas” de Otramotro, pero le vendrá de perlas o perillas al esporádico, ora sea o se sienta ella, él o no binario), cuando menciono en mis textos a “el Chato”, me refiero, por supuesto, a mi querido hermano Miguel Ángel, que pronto (si le damos tiempo al tiempo, lo veremos y comprobaremos) le va a desplumar o arrebatar la última estrella Michelin que aún lleva prendida de su gorro de cocina el chef Karlos Arguiñano, porque como dijo y dejó escrito Friedrich Nietzsche en el prólogo de su obra “Ecce homo” (“recompensa mal a su maestro quien quiere seguir siendo siempre su discípulo”), el pupilo ha aventajado y sobrepasado al profesor. Sospecho —pero no puedo certificar que sea certeza absoluta— que su alias o mote favoreció que lo lleve, con otra grafía, un personaje literario creado por otro literato en una obra muy vendida y muy leída. Ahora bien, quizá un día los hados se muestren propicios y pueda preguntar al no mencionado hacedor si tiene base o fundamento el fruto de mi sexto sentido, y el intríngulis de cuanto barrunto quede destripado, diseccionado, patente. Me temo que mi intuición no se va a esfumar o sublimar, aunque el autor me conteste lo esperado y deseado u otra cosa.

¿Por qué estoy agobiado, angustiado e intranquilo? Porque el concepto de diversión es muy amplio; y está claro, cristalino, que lo que puede divertir a una persona puede enojar o molestar a otra, por ejemplo, ver un partido de fútbol en el que juegue el Athletic Club de Bilbao contra otro equipo.

Como estoy escribiendo una novela (qué torpeza acabo de cometer, porque, seguramente, el proyecto que tengo entre manos devendrá en un fiasco total, en un naufragio morrocotudo, por hablar de él antes de haberlo terminado) por piezas, que titularé, si todo va según lo previsto, “El puzle”, me he inclinado por comprar en la librería/papelería “El cole” un ídem.

Y, a fin de explicar mi elección o selección, he escrito las líneas aclaratorias que preceden y las que continúan en los siguientes epígrafes.

Prima nota bene

   Recomiendo encarecidamente al bendecido por el azar (pues todos los regalos irán a parar a una caja y de ella se extraerán y concederán por mero sorteo a quien le toque, sea ella, él o no binario) que inicie el proceso de intentar completar el puzle acompañada/o de su esposo/a (si lo/a tiene), porque la cooperación va a ser crucial para coronar el propósito de culminar el desafío o reto de colocar la última pieza en su lugar exacto, esto es, rematarlo. Vivimos una época egoísta e individualista (cada uno aferrado a su cacharrito o móvil, como si fuera una mera extensión de nuestro cuerpo o personalidad, un tercer brazo o tentáculo de pulpo, aunque no haya tentado ni vaya a tentar nunca culo alguno), pero hemos comprobado, de manera fehaciente, que los momentos más satisfactorios acaecieron cuando estábamos emparejados o en celebraciones colectivas, como la presente.

En cada binomio, pareja o tándem (dada mi proverbial soltería, por eso elegí a Literatura para que fuera mi esposa; y a ella le soy fiel a diario, al menos lo intento) cabe advertir una isla. Juntándonos varias parejas, formamos un archipiélago, bañado por el mar de las letras (o las palabras), en cuyas aguas y olas, además de piafar los blancos caballos de espuma, viajan también la pasión por los puzles y el amor por los libros, que, si los leemos, contribuyen a hacernos más libres.

Secunda nota bene

En el caso de que el puzle le toque a quien no se divierta colocando una pieza tras otra, acaso su regalo lo pueda cambiar por otro que le haya caído en suerte a otro amigo, a quien le hubiera hecho feliz que la serendipia se hubiera mostrado con él propicia, verbigracia, obsequiándole un puzle.

Se considere afortunado o perjudicado por el albur, que no olvide qué dichoso se sintió, después ver la primera vez (y la última) “Qué bello es vivir”, la película dirigida por Frank Capra, y qué contento deja compartir caldos y viandas, rodearse de gente honesta que organiza una cena de Reyes, como esta, para sentir que la única forma de salvar al mundo es echando una mano o un cable al semejante que lo está pasando mal y la/o necesita, volcándose con quien es su hermano, aunque la madre que los pariera no fuera la misma.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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