Pacos

Paco Sande

Todos somos, pura y llanamente, “inmigrantes” (1)

Cuando hay alguien que habla sin decir nada a derechas, solemos decir que, cuando él habla sube el pan.
Y, con los mandatarios de los partidos “nacionalistas catalanes nos pasa algo parecido aunque peor, cuando ellos hablan (sueltan un rebuzno) es siempre para insultar al resto de los españoles.
El último en soltar uno de esos rebuznos ha sido el inefable J. A. Duran y Lleida, al decir que, mientras los catalanes trabajaban, los andaluces y extremeños pasaban su tiempo en los bares.
¿Pero podrá ser uno más cretino?
Y este, dicen, es uno de los moderados.
Pues no quisiera yo verlo si fuese uno de los exaltados.
¡Dios! ¿Pero por qué se creerá toda esta gentuza superior?
¿Que habrá que hacer para que se den cuenta de que, el hecho de haber nacido en Barcelona, Madrid o Torrelavega, no nos hace diferentes? ni mejores, ni peores.
¿Que habrá que hacer para que se den cuenta de que eso de las diferencias identitarias y orgullo de raza, etc., no pasa de ser una soberana chorrada?
¿Qué hay que hacer para que comprendan que todos los españoles somos iguales? Y no porque lo diga la Constitución, no, sino porque somos así.
Y es que, las gentes que vivimos en un nación como España, una nación europea tipo, hemos vivido tanto tiempo juntos y hemos intercambiado, tanto lazos de sangre, como de costumbres, tradiciones o cultura que ahora ya no seriamos capaces de diferenciar a un tío que hubiese nacido en Cádiz de uno que lo hubiese hecho en La Coruña, a no ser por el acento que cada uno tuviese a la hora de hablar el español.
Aparte de esto último, todos tenemos los mismos anhelos, las mismas alegrías y las mismas tristezas y expiramos a las mismas cosas, veneramos a los mismos santos, tenemos las mismas tradiciones y las mismas fiestas y compartimos nuestro amor a los mismos equipos de futbol.
Y, si nos parasemos unos momentos a repasar nuestro árbol genealógico, podrimos ver, para alguno con sorpresa, que ninguno de nosotros tiene sus raíces donde cree que las tiene, ni el catalán en Cataluña, ni el vasco en Las Vascongadas, ni el gallego en Galicia, ni el Madrileño en Madrid. Todos, absolutamente todos, encontraríamos que varios de nuestros antepasados habían inmigrado de otras partes.
En realidad, ni siquiera somos españoles, si fuésemos un poco más para atrás en ese “árbol genealógico” nos daríamos de cuenta de que, todos nuestros antepasados habían venido de otras partes del mundo. Que ninguno de nosotros somos “autóctonos” de esta tierra sino, pura y llanamente, “inmigrantes”.

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