Pintan bastos para el tirano y sus compinches principales.
El sátrapa venezolano, Nicolás Maduro, y altos cargos de su Gobierno quedan a partir de este lunes, 24 de noviembre de 2025, designados oficialmente por Estados Unidos como miembros de una organización terrorista internacional.
La inclusión del Cartel de los Soles en esa lista de criminales del Departamento de Estado permite a Washington imponer nuevas sanciones contra el régimen chavista.
Altos cargos de la Administración Trump opinan que este paso les amplía las opciones para emprender acciones militares dentro de Venezuela.
El futuro de Maduro es hoy un enigma tan volátil como peligroso.
La presión internacional no cesa y Washington intensifica su despliegue militar en el Caribe.
En este contexto, el líder chavista evalúa sus opciones: optar por un exilio en Moscú o arriesgarse a terminar tras las rejas en una prisión estadounidense, al igual que le ocurrió al panameño Manuel Noriega.
La comparación resulta ineludible.
Estados Unidos ha retomado su estrategia de aislamiento y cerco, tal como hizo con el dictador panameño en 1989, mientras la situación en Venezuela se calienta cada día más.
Las últimas horas han sido frenéticas para la región. Washington ha desplegado el portaaviones USS Gerald R. Ford, así como otros dos buques de guerra frente a las costas venezolanas, un movimiento que evoca los días previos a la caída de Noriega.
La administración Trump —decidida a “aniquilar la narcodictadura”— ha ofrecido a Maduro la posibilidad de buscar refugio en Rusia, Cuba o Turquía, aunque no descarta capturarlo y llevarlo ante la justicia estadounidense. El mensaje es contundente: el tiempo para maniobras se ha agotado para el chavismo.
El despliegue militar y la respuesta venezolana
El despliegue del portaaviones Gerald Ford junto al refuerzo naval frente a Venezuela ha elevado las tensiones a niveles no vistos desde hace años. Estados Unidos justifica esta maniobra por un “incremento en las actividades militares” así como por los riesgos que representa para la seguridad regional.
Como consecuencia inmediata, varias aerolíneas internacionales han cancelado sus vuelos hacia Venezuela tras las advertencias emitidas por la FAA estadounidense sobre una “situación potencialmente peligrosa” en su espacio aéreo.
El Pentágono mantiene abiertas múltiples alternativas que van desde operaciones encubiertas hasta una intervención directa si las cosas se descontrolan.
El Departamento de Estado ha duplicado la recompensa por información que lleve a capturar a Maduro hasta alcanzar los 50 millones de dólares.
La oposición venezolana, encabezada por María Corina Machado, ha instado abiertamente a los militares a “dejar las armas” para facilitar una transición que “ya está en marcha”.
El régimen madurista denuncia una campaña internacional destinada a derrocarlo y rechaza categóricamente las acusaciones sobre narcotráfico como un “invento” proveniente del gobierno Trump. Sin embargo, los movimientos dentro del chavismo junto con las fugas de altos cargos indican que su cohesión interna comienza a tambalearse.
El dilema del exilio: Moscú, La Habana o la celda estadounidense
Maduro enfrenta ahora una disyuntiva crucial. El exilio en Rusia parece ser su opción más viable debido a su alianza estratégica con Vladimir Putin, quien ha reiterado su apoyo al régimen bolivariano. Cuba y Turquía también son contempladas como posibles refugios; sin embargo, Moscú sobresale como destino preferido gracias a la protección que podría ofrecer frente a cualquier intento de extradición.
No obstante, el fantasma de Noriega acecha sobre el Palacio de Miraflores: si Maduro cae del poder, podría terminar enfrentando un juicio por narcotráfico y terrorismo en una prisión estadounidense.
El Departamento de Estado considera tanto a Maduro como a su círculo cercano como una amenaza directa para la seguridad nacional estadounidense.
La designación del Cártel de los Soles como grupo terrorista abre posibilidades para operaciones extraterritoriales destinadas a su captura. El ejemplo histórico de Noriega pesa como advertencia: ni siquiera el exilio asegura inmunidad si Washington decide actuar.
En este inquietante escenario, cada decisión que tome Maduro —ya sea huir o resistir— determinará el desenlace de una crisis sin precedentes en América Latina durante este siglo. La presión internacional, junto con el cerco militar y diplomático, configura un tablero donde cada movimiento puede desencadenar consecuencias imprevisibles no solo para Venezuela sino para toda la región.
El precedente de Noriega y la estrategia de Trump
En 1989, la invasión estadounidense a Panamá culminó con la captura y encarcelamiento de Manuel Noriega, acusado de narcotráfico y crímenes contra la humanidad.
Hoy, la Casa Blanca repite ese mismo guion. La presión militar y diplomática se entrelaza con una ofensiva legal: Estados Unidos ha catalogado al Cártel de los Soles, supuestamente encabezado por Maduro, como organización terrorista extranjera. Esta calificación permite al Departamento de Justicia y al Pentágono activar una serie de sanciones, bloqueos y operaciones especiales.
Washington acusa a Maduro de liderar una red internacional dedicada al narcotráfico y la corrupción. El grupo naval encabezado por el USS Gerald R. Ford se suma a otras fuerzas ya presentes en la región, como el grupo anfibio Iwo Jima y contingentes de marines listos para actuar rápidamente.
Se han autorizado operaciones especiales por parte de la CIA, además de sabotajes, ciberataques y campañas informativas para desestabilizar el régimen.
El paralelismo con Noriega es evidente: ambos líderes fueron identificados como piezas clave en el tráfico de drogas, enfrentaron un cerco internacional implacable y vieron cómo sus apoyos internos se desmoronaban ante la presión exterior.
Europa y la polémica Zapatero
Mientras Washington aprieta las tuercas, la Unión Europea y España atraviesan su propio terremoto político debido a la figura del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
La UE ha dejado claro que Maduro “no es un presidente elegido democráticamente”, lo que ha provocado una tormenta parlamentaria en Madrid sobre los vínculos del exmandatario español con el chavismo. Estados Unidos también ha insinuado posibles sanciones personales contra Zapatero e incluso una posible retirada del visado, ya que sectores conservadores y liberales lo acusan de “colaborar con una organización criminal”.
En el Congreso español, los partidos opositores exigen explicaciones sobre la mediación de Zapatero en Venezuela.
El debate está polarizado: nacionalistas y progresistas defienden su labor diplomática, mientras que derecha y centro critican su complicidad con una dictadura.
Washington observa con recelo cualquier acercamiento europeo a Caracas e insiste en ampliar su presión sobre quienes considera cómplices del chavismo.
Esta controversia refleja el creciente aislamiento internacional que rodea a Maduro y las repercusiones reputacionales para aquellos como Zapatero que han apostado por dialogar con el régimen.
