El Parlamento Europeo aprobó este miércoles una moción que remite el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Mercosur a la Corte de Justicia de la UE (TJUE) para evaluar si su contenido vulnera la normativa comunitaria en materia de medio ambiente, estándares sanitarios y libre competencia.
El movimiento suspende de hecho la ratificación del pacto, considerado el mayor acuerdo comercial interbloque del mundo por volumen de PIB agregado, y que había sido firmado políticamente a finales de 2025 tras 24 años de negociaciones intermitentes.
La votación dejó al descubierto una fractura en Bruselas: mientras Alemania y España defendieron avanzar, Francia, Países Bajos y Austria encabezaron el frente crítico, alegando “insuficiente garantía de cumplimiento ambiental” y “riesgo regulatorio”.
“Un mensaje directo para el Cono Sur”
La decisión cayó como una bomba en las capitales del sur. En Brasilia, el Ministerio de Relaciones Exteriores lamentó el “nuevo obstáculo artificial provocado por discusiones internas europeas”. En Buenos Aires, el gobierno habló de “señal equivocada” en un contexto de recesión y necesidad de apertura comercial.
El pacto contemplaba la eliminación de más del 90 % de los aranceles entre bloques, la apertura agrícola hacia Europa y la ampliación del acceso industrial europeo a los mercados de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, especialmente en automoción, farmacéutica y maquinaria.
“Batalla legal y reloj geopolítico”
La remisión a la Corte de Justicia podría retrasar meses o incluso años la entrada en vigor, según estiman fuentes comunitarias. La UE enfrenta, además, la presión de posicionarse frente a la reorganización comercial global marcada por Estados Unidos y China.
En el sector privado, la reacción fue dispar: mientras automotrices, energéticas y farmacéuticas europeas lamentaron el frenazo, los agroproductores franceses y polacos celebraron el bloqueo, temiendo una avalancha competitiva desde Brasil y Argentina.
“Dos décadas de idas y vueltas”
El acuerdo UE–Mercosur se negocia desde 1999, con múltiples interrupciones. Fue relanzado en 2016 y alcanzó cierre político en 2019, pero Francia lo inmovilizó alegando falta de compromisos ambientales de Brasil durante el gobierno de Jair Bolsonaro.
Tras el giro regional en 2023-2025 y la voluntad de Brasil y Argentina de reinsertarse en el comercio global, el pacto fue revivido y firmado políticamente en 2025, a la espera de ratificación legislativa.
“Qué viene ahora”
La opinión jurídica del Tribunal de la UE será determinante. Si concluye que el acuerdo invade competencias nacionales o vulnera normas comunitarias, el tratado deberá reabrirse o modificarse, algo que Mercosur rechaza frontalmente. Si lo avala, la ratificación podría reactivarse.
En cualquier caso, el frenazo llega en el peor momento macroeconómico para el Cono Sur, con previsiones de bajo crecimiento y necesidad urgente de divisas comerciales para aliviar desequilibrios fiscales.
Conclusión
El bloqueo europeo no sepulta el tratado, pero lo reconfigura en clave jurídica y geopolítica y confirma que, en el comercio global del siglo XXI, los pactos ya no solo chocan en aranceles, sino en normas ambientales, sanitarias y de seguridad estratégica.
