OPINIÓN / Afilando columnas

David Gistau: «Madrid ha jugado a que se apiaden de ella, y ha descubierto que la solidaridad no engrasa los mecanismos del COI»

Esperanza Aguirre: "Lenin se quedaría asombrado al ver cómo los partidos españoles copian la estructura de los partidos comunistas que él inventó"

Dos días después de que el Comité Olímpico Internacional decidiera que Tokio sea la sede de los Juegos Olímpicos de 2020, la práctica totalidad de los artículos de opinión de la prensa de papel madrileña se centran en la derrota de Madrid. En los periódicos barceloneses también encontramos columnas sobre la misma cuestión, aunque en una proporción muy inferior. Casi todos los columnistas ven lógico el resultado de la votación, de la euforia previa hemos pasado al realismo impuesto por los hechos. Sin embargo, para no seguir saturando, nosotros daremos cuenta sobre todo de textos que tratan sobre otros asuntos.

El autoproclamado ‘diario de la Catalunya real’ publica un artículo del catedrático de Filosofía Manuel Cruz que llama la atención de forma positiva por hacer algo poco común en los medios subvencionados catalanes: criticar el adoctrinamiento ideológico que se ejerce desde los medios públicos de su comunidad autónoma. Se titula Mejor calladitos.

Cuenta que ha sido criticado desde el oficialismo catalán por denunciar en un artículo anterior que muchos catalanes opuestos al discurso independentista prefieren mantenerse en silencio.

Por lo visto, a los oficialistas no parece importarles en lo más mínimo la escandalosa ausencia de pluralismo que se da en tales medios, como cualquier Telenotícies de los últimos tiempos, incluso escogido al azar, permite acreditar.

Tras recordar que desde el oficialismo se utiliza la mínima anécdota para hacer victimismo nacionalista, añade:

Me temo, por cierto, que este orden de anécdotas no resiste la comparación, en lo que a capacidad de intimidación sobre los catalanes disidentes se refiere, con las declaraciones de un presidente de la Acadèmia del Cinema Català en las que afirmaba que «cuando dé la vuelta la tortilla, los que no sean independentistas serán traidores», o con las palabras de otro presidente, el de una de las más altas instituciones culturales de este país, calificando de «colaboracionistas caseros con los antagonistas de la soberanía» a los no secesionistas.

Otra estrategia argumentativa de nuestros oficialistas es la de relativizar los reales efectos que sus reconocidos intentos de manipulación obtienen. Los ha habido que incluso se han acogido a los paralelismos históricos, a mi juicio  con escasa fortuna. Así, un prestigioso analista local restaba importancia al reproche de instrumentalización de los medios públicos catalanes con el argumento de que, a fin de cuentas, más intenso resultó el adoctrinamiento franquista y no impidió que, años después, rebrotaran los sentimientos nacionalistas.

Concluye:

¿Qué miedo tienen los detractores del soberanismo a que se escuche la voz del pueblo catalán?, es la pregunta-mantra que repiten de manera casi obsesiva a todas horas estos decisionistas recalcitrantes. Parecen olvidar -o, peor aún, ignorar- que en una democracia que se tenga por deliberativa hay una pregunta previa, ineludible, que alguno de ellos debería tener, por una vez (o de una vez), la amabilidad de responder: ¿y qué miedo tienen los que no están dispuestos de ninguna manera a que se escuche en la plaza pública la más mínima voz discordante? Catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universitat de Barcelona.

Almudena Grandes.

Tomamos el puente aéreo. Nada más aterrizar en Madrid, nos encontramos que una de las periodistas más activas del ‘No a la guerra’ (la de Bush apoyada por Aznar, claro) se muestra partidaria de una intervención bélica, esta de la mano de Obama. Se trata de Almudena Grandes, que en tiempos de aquel conflicto leía manifiestos contra los citados Bush y Aznar y que ahora olvida su pacifismo en un artículo de El País titulado Siglo XX. Cuenta:

A mi alrededor se multiplican las voces que se oponen, sin condiciones, sin fisuras, sin asumir la menor probabilidad de error, a la intervención en Siria. Sé que lo hacen con la mejor intención, que ruegan por la paz igual que el Papa, que se oponen a la guerra por principio, igual que yo.

La clave, como veremos, está en ese «por principio», que en realidad es un «en principio». Pero antes de justificar su cambio de postura, demuestra tener una capacidad de análisis de la política internacional entre inexistente y nulo.

Y sé que El Asad ha sido un aliado importante para EE UU, que una victoria rebelde desembocaría con casi toda seguridad en otro Estado islamista, y que el auge islamista es, a su vez, consecuencia de una política exterior norteamericana inspirada por la intolerable, aunque ampliamente tolerada, arrogancia de Israel.

Asad no ha sido precisamente un aliado tradicional de EEUU, que llegó a incluir a Siria en la lista de ‘Estados gamberros’. Es más, es un aliado firme de Rusia y del Irán de los ayatolás, lo más alejado que existe a un amigo de Washington. Y, como no puede faltar en el manual del buen progre, el auge del islamismo es culpa de la «arrogancia» de Israel. ¿Así que el Estado judío es la causa de que haya talibanes en Afganistán, grupos islamistas en Filipinas o que en Mali los integristas dieran un golpe de Estado? O, más aún, ¿la política del Gobierno de Jerusalén tiene algo que ver con la creación de los Hermanos Musulmanes décadas antes de que existiera Israel? Resulta difícil de creer.

Pero continuemos, que Grandes va a a justificar su apoyo a la guerra de Obama en el cambio del siglo producido hace algo más de una década:

Me parece percibir que, siempre con las mejores intenciones, se usan palabras antiguas para envolver una realidad hueca. Al fondo está El Asad, un dictador, un tirano, un asesino en serie que resultará el único beneficiario de la no intervención. Esa es una de las pocas cosas de las que estoy segura, y de que nunca celebraré una carambola que le permita seguir masacrando a su propio pueblo. Por lo demás, solo puedo aportar dudas, contradicciones, ninguna tranquilizadora certeza. Para lo bueno y para lo malo, ya saben, soy una mujer del siglo XX.

Ya ven, no a la guerra… excepto si la hace Obama y la apoya un presidente francés. Aunque no lo exprese así, es lo que subyace en las justificaciones que da para no oponerse al ataque, que podrían aplicarse palabra por palabra a la invasión del Irak de Sadam Husein. La coherencia brilla por su ausencia.

Pasamos a ABC, donde nos encontramos con que Esperanza Aguirre pide una reforma profunda del sistema electoral y del funcionamiento de los partidos bajo el título Ha llegado la hora.

Los ciudadanos tienen que conocer -y conocerlos muy bien- a los candidatos, tienen que saber quiénes son y cómo son. No puede pasar, como pasa ahora, que, por ejemplo, los ciudadanos madrileños tengan que votar una lista cerrada y bloqueada a la Asamblea de Madrid con 129 nombres, de los que conocen, como mucho, al cabeza de lista y a uno o dos nombres más.

Para mí el sistema mejor sigue siendo el británico, con sus circunscripciones uninominales. En ese sistema cada diputado representa a los ciudadanos de su circunscripción, y cada ciudadano sabe perfectamente quién es el diputado al que tiene que pedir cuentas y al que tiene que dirigirse para expresarle sus aspiraciones, sus problemas o sus reclamaciones.

Añade:

El avance democrático que supondría abrir las listas en cada circunscripción debe ir acompañado, como dice este alcalde, por la mejora también de la democracia interna de los partidos.

La presidenta del PP madrileño lanza una fuerte crítica a los partidos españoles:

A veces he pensado que Lenin, el inventor de la diabólica estructura de los partidos comunistas en los que todo se supedita a la voluntad del líder bajo la falacia del centralismo democrático, se quedaría asombrado al ver cómo su estructura ha sido copiada por los partidos democráticos españoles. Con el sistema electoral español y sus listas cerradas y bloqueadas, los partidos políticos españoles, aun sin quererlo, han acabado por funcionar de manera que la opinión de los militantes no tiene ni siquiera cauces para ser conocida por los dirigentes.

Concluye:

Como no me cabe tampoco la menor duda de que el partido que antes dé los pasos necesarios para democratizarse por dentro y para acabar con esa distancia que ahora separa a los políticos de los ciudadanos será reconocido por ello y afrontará con ventaja las próximas citas electorales. Ha llegado la hora y no podemos desaprovechar la llamada de ese joven político riojano que acaba de remover las aguas demasiado quietas de la vida interna de los partidos.

Sería de agradecer que, ahora, Aguirre pasara de las palabras a los hechos y aplicara en la medida de lo posible su propuesta al PP de Madrid. Esperemos que lo haga, por coherencia.

Este humilde lector de columnas ha de meter la cuota olímpica en el primer Afilando columna tras el fracaso madrileño en Buenos Aires. Dicha cuota corresponde a David Gistau, que firma desde la capital argentina Lunes de resaca.

En realidad, el gabinete de Rajoy no está especialmente preocupado por el impacto de un revés que afecta más al ayuntamiento de Madrid: la necesidad de asignar el fracaso ya ha reducido a la dimensión municipal un proyecto que, cuando había triunfalismo, era el de España toda. Colaboradores del presidente confían en que el ritmo de la información haga que, como diría Walter Lipmann, el desastre olímpico envuelva el pescado en menos de una semana. Se diría que Moncloa proseguirá sus propias inercias y, como ocurre en los Westerns con los heridos, dejará atrás a Ana Botella con una sola bala en el tambor del revólver.

Cuenta:

Madrid ha jugado a que se apiaden de ella con la coartada de la lucha contra la crisis, y ha descubierto que ese tipo de solidaridad no es precisamente el sentimiento que engrasa los mecanismos del COI. No había dinero del que sacar tajada. No había inclinación a la lástima. Resultado, Tokio.

Concluye:

El Príncipe Felipe ha salido airoso del hundimiento general, y su semblante después de la eliminación, en el que se adivinaba una descomposición sincera, vale más que los cálculos de supervivencia personal en los que se metió inmediatamente la política profesional.

Beatriz Manjón, crítica televisiva del diario madrileño de Vocento, carga con fuerza contra ‘Abre los ojos y mira’, el programa que sustituye a ‘El gran debate’ en Telecinco. Lo hace con el título de Poco que ver.

Que Emma García bajara las escaleras de «Abre los ojos y mira» sin apartar los suyos del suelo, no como la Sardá en «Ahí te quiero ver», no auguraba nada bueno, aunque hablara como si se hubiera tomado su «relaxing cup of café con leche». Se trata de un contenedor narcótico de cuatro horas, con sección para perder peso -¿una sección de dos horas y media?-, entrevista promocional y un debate polarizado que pretende ser verdadero y verosímil. Braque diría: no se puede ser ambas cosas a la vez, hay que escoger.

Comenta:

Lo mejor fue el fuego cruzado entre Sardá y Merlos, nuestro «American Dad», al que siempre le luce el pelo como recién salido del gimnasio y cuyo participio relajado compensó Ramoncín, que ya es más discurso Cherli que cheli. Si sumamos a Montse Suárez, Alfonso Cabeza y a Silvia Tortosa aquello parecía un «Tu cara me suena» de tertulianos.

Concluye:

«ALOYM» obtuvo un 9% de share y eso que TVE emitía «Desde que amanece apetece». Sostenía Voltaire que el secreto de aburrir a la gente es contarlo todo. También repetirlo todo. Lo que ocurre es que con los programas pasa como con los novios, uno malo siempre hará mejor al anterior. La Sardá diría: «Honorato, apaga la tele un rato».

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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