OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Sostres a Willy Meyer: «La honestidad no es ser de izquierdas sino ser coherente»

Ruiz Quintano encuentra a un republicano coherente, Sting, que priva a sus hijos del derecho de herencia

Yo no sé si los españoles son republicanos, monárquicos, juancarlistas, felipistas, cebrianistas (que es como ser hincha de Manuel Godoy) o izquierdistas (esto lo cree Pedro Arriola, que cobra de un partido de derechas); lo que tengo claro es que las columnas mejor escritas y más divertidas son de monárquicos, eso sí, de monárquicos que no están para partido de homenaje (plazo que excluye al maestro de periodistas Luis María Anson). Los frutos intelectuales de los republicanos están para ayudar al insomne a recuperar el don del sueño o para dar al progresista su lágrima cotidiana.

Este 25 de junio 2014 Jorge Bustos defendió la Monarquía como los últimos soldados realistas defendían la bandera de España en Veracruz y El Callao frente a la soldadesca rebelde liberal y este 26 de junio, Ignacio Ruiz Quintano (ABC) hace que me parta el pecho de risa al haber encontrado al único republicano sincero del mundo mundial: el cantante Sting, que ha decidido privar a sus hijos de herencia.

No está bien que los reyes hereden los tronos, pero viene muy bien que los payos heredemos los pisos, incluidos los de protección oficial.

Y ahí está la diferencia entre Sting, único republicano consecuente que conocemos (junto con Javi Poves, aquel futbolista madrileño del Sporting que lo dejó todo para seguir a no sé quién) y Pablo Iglesias.

Sting no quería presas en la Amazonia e Iglesias no quiere reyes en España, como González en el 76, y eso será así hasta que se le enrede la coleta en el pelo de las alfombras, como a González en el 77, y se dé cuenta de hasta dónde ha llegado (de momento, a desayunar en el Ritz, que sirve los suizos más blandos que el bar de la Facultad) con una beca de Blesa.

Si en la barra del bar o en la mesa de la cena les cae a ustedes un teórico del republicanismo, antes de que empiece con su tabarrón exíjanle una declaración de coherencia: «Tú, ¿a quién piensas dejar tu piso VPO?».

Ésta es la gran lección de Sting al romper con el principio hereditario en lo importante, que no es la política, sino la economía. Y no será la ruina de sus hijos. La Iglesia Católica nunca tuvo un elemento hereditario, y ahí sigue, tan terne.

Pero, querido Ignacio, ahora que los teóricos del republicanismo han descubierto que las sicav son de progreso y hasta paritarias de género (ahí está Elena Valenciano), los pisos se les han quedado pequeños, porque los alcaldes los pueden gravar y Ada Colau los puede ocupar.

Otro monárquico que hoy nos deja un cruasán untado de risas es Alfonso Ussía, al que aquí a veces doy algún pescozón. El tema sobre el que escribe es el proyecto de gran mezquita en Barcelona, que no merece la atención de ningún columnista de La Vanguardia. Raro, ¿verdad?

Resulta inteligente abrir las puertas de par en par a los islamistas. No se verán obligados a molestarse en invadirnos. Una invasión es una lata, porque los invadidos se defienden de los invasores y se puede armar la de Troya. De ahí que la creación de nuevas mezquitas en España alivie considerablemente los riesgos de la invasión cruenta. No será necesario. En otras naciones de Europa, el proyecto del Emir Tamim bin Hamad Al Zani sería una quimera, pero no en España.

Sucede que si Qatar sigue inyectando millones de euros al Barça, la próxima mezquita se construirá en las Reales Atarazanas, que tampoco importan por ser un vestigio cultural de la Corona de España.

Ya puede la tradicional empresa textil catalana confeccionar chilabas. No hay mal que por bien no venga.

DE LUXEMBURGO AL CIELO DE LAS SICAV

Salvador Sostres (El Mundo) explica que él es de derechas para defenderse de Hacienda. Sobre la sicav de Luxemburgo sólo les pide a sus beneficiarios coherencia, como se la pide Ruiz Quintano a los republicanos.

Yo también quise sentirme justo y solidario, y comparecer como un paria ante los ojos del mundo. Yo también tuve delirios de profeta. Pero luego me di cuenta de que era un hombre. Un hombre imperfecto y libre, que trabajo para mi bienestar y el de mi familia. Entiendo que tengo que pagar impuestos para ayudar a los que verdaderamente no pueden, pero no para patrocinar a vergonzosos holgazanes. Por eso soy de derechas, y por eso intento defenderme de Hacienda.

Hay que vivir como se piensa. Tu discurso tiene que parecerse a tu vida. La honestidad no es ser de izquierdas -como algunos sectarios creen- sino ser coherente. Hay que vivir de pie. Hay que reconocerse en lo que uno hace y dice. Yo fui el mejor cliente del Bulli y añoro el tiempo en que antes de ir a París pasábamos por Ginebra. Algo guardé, por si gana Podemos.

Ni Cristóbal Montoro, ni Willy Meyer, ni las señoras Valenciano y Díez tienen que dimitir de nada, sino pactar con la realidad, con su propia realidad, como todos hacemos, y asumir que estamos cosidos a la misma estrella.

Y como transición del bando de la ironía y la paradoja al de la política y la judicatura, la columna de Mayte Alcaraz (ABC) también sobre la sicav para europarlamentarios. Lo mejor es el título, ‘Luxemburgo que estás en los cielos’, porque en el texto, en el combate entre la broma y la seriedad, la periodista tropieza en esta última.

Queda por saber qué opina Elena Valenciano: Tan devota ella -con toda razón- de acabar con los paraísos fiscales y las tributaciones opacas. Por no hablar de su manifiesta oposición a los fondos de pensiones privados, ámbito que ella reserva para las peores vergüenzas de la derecha, empeñada en acabar con el sistema público. Y luego está el PP.

Si es que pasar todos los días con políticos vuelven al escritor una versión resumida del BOE…

LUCAS HAURIE: AL JUEZ CASTRO LE GUSTAN LOS DESCAPOTABLES

Pasemos, con ese gran bostezo de todas las mañanas que precede a la ingesta del café, al asunto del día: el mantenimiento de la imputación de la infanta Cristina por el juez José Castro. Con el auto que cierra la fase de instrucción, despiertan los dos bandos en la prensa española, entre los defensores y los enemigos de Castro.

En el bando de los cazadores de la cabellera de José Castro destacan los apaches Luis Ventosos y Lucas Haurie. Sí, sí, el periodista deportivo, que aparece con su foto en La Razón para reprocharle que le gusten las motos y los descapotables siendo de izquierdas. Su columna se titula ‘Punto y final del justiciero’, y ya tiene una falta de sintaxis, porque la expresión correcta es «punto final».

Se las da de implacable con todos pero los populares llevan un cuarto de siglo en su punto de mira. El «caso Nóos» será la última gran causa de este magistrado que sólo piensa ya en disfrutar de la jubilación con su motocicleta de gran cilindrada, muy distinta al ortopédico «scooter» gigante con el que desde hace un tiempo acude a su trabajo. Porque, por izquierdista que con mayor o menor coherencia se declare, tiene gustos caros: es también un gran amante de los descapotables.

¡Qué gran línea de pensamiento! Como Pablo Iglesias, cuando habló en el Ritz de los abrigos de visón de las señoras ¡en el junio madrileño! Por cierto, Lucas Haurie, aféitate antes de sacarte fotos.

Ventoso (ABC) reprocha al juez su lentitud en instruir el sumario, pero eso hay que achacárselo a la legislación procesal española y a la obstrucción de los abogados defensores y del fiscal.

Castro, afecto a los exordios prolijos, dedica un folio largo del auto a justificar por qué ha tardado tanto, y hasta se ufana de su laboriosidad. Madoff cometió la mayor estafa de la historia: 65.000 millones de dólares, con ramificaciones en los cinco continentes. El FBI lo detuvo en diciembre del 2008. Seis meses después, todo había terminado: 150 años de cárcel y a otra cosa. Debemos felicitarnos de que se haya destapado el fraude de Urdangarín (en el que los políticos que entraron a sabiendas al tocomocho tienen tanta culpa como él). Pero algo no funciona en la justicia cuando se ha permitido que el asunto se enquistase en los cimientos de la jefatura del Estado solo porque un juez quería pasar a la historia con un trofeo de caza mayor y no tenía prisa.

En Vozpopuli.com, encuentro una pieza de Javier Ruiz que sirve de respuesta a Ventoso. Ruiz encuentra en el auto del juez la prueba del trabajo de Castro… y de las defensas de los duques de Palma.

«se han llegado a utilizar días inhábiles para la práctica de actuaciones judiciales». El juez recuerda que la pieza ha contenido 340 resoluciones, 449 despachos, 44 recursos de reforma resueltos y 41 de apelación.

El mensaje tiene un destinatario claro: la Casa del Rey que el pasado día 4 de enero pedía al juez que archivara ya la instrucción. Fue personalmente el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, el que pidió al juez José Castro que «termine pronto» la instrucción de un sumario que «lleva ya tres años largos abierto» y cuya prolongación resultaba -según dijo- «un poco un martirio» para la Corona. Spottorno aseguró entonces: «Hay que confiar siempre en la Justicia, siempre hemos respetado las actuaciones del magistrado» y «lo único que pedimos» es «que termine pronto».

ISABEL SAN SEBASTIÁN SE ENFRENTA A LA LÍNEA DE ABC

En la otra orilla, Raúl del Pozo (El Mundo) defiende la imputación como prueba de que estamos en una democracia.

Estas cosas no ocurren todos los siglos. Sí ocurría en el pasado que reinas e infantas, como cuenta Cánovas en su Bosquejo, no liberaban a su corazón de sus pasiones y hacían a sus confesores, inquisidores; y más tarde a sus chulos de corps, generalísimos. O se tiraban a los generales bonitos en el mantel del cocido. Pero la Justicia solía empaquetar a los validos, no a la Familia Real.

Siempre hubo en palacio el afán de llevárselo, pero la Justicia no llegaba a las suntuosas arañas ni interrumpía el vals. Un general farsesco y cortesano gritaba a los que denunciaban los robos: «¡A mí, hombres de pelo en pecho! ¡Uno por uno los escabecho!».

Y aún dicen que esto no es una democracia. Pero los jueces, aunque sean nombrados por los partidos, han metido en la sombra a generales, ministros y cupletistas. Ahora le llega el marrón a una Infanta, que así se llaman desde los godos las hijas legítimas del Rey no herederas de la Corona. Algunas, como La Chata, fueron muy populares porque iban a los toros en coche de caballos. Así es este pueblo de gilipollas.

Y Màrius Carol coincide con él al dar una lista de casos en que los jueces doman al poder político (y sindical).

Hay días en que los periódicos parecen una macrosección de tribunales. Hoy mismo: Magdalena Álvarez deja la vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones a causa de su imputación en el caso de los ERE por la juez Alaya; el instructor José Castro procesa a Cristina de Borbón por fraude y blanqueo de dinero; el juez de Sevilla investiga la financiación ilegal de la UGT de Andalucía; el magistrado Pablo Ruz rechaza por cuarta vez liberar al extesorero del PP Luis Bárcenas… La sombra de la toga es alargada.

A ver qué escribe Carol si un juez procesa a Artur Mas por sedición…

José Oneto (Republica.com) nos cuenta que la infanta Cristina está enfadada con su hermano.

Cristina hizo, en ocasiones, de intermediaria ante su padre cuando se iniciaron las relaciones entre su hermano y la actual reina Letizia, y ahora cree que su hermano ha sido profundamente injusto, tanto con su marido, que se ha negado a reconocer sus acciones delictivas, como con ella misma, al ser el que dentro de la Familia más ha insistido en la necesidad de que renuncie a sus derechos dinásticos, e incluso, que rompa matrimonialmente con quien ha estado a punto de llevarse por delante la Monarquía.

Pablo Sebastián (Republica.com) enumera los enemigos de Castro.

hay que agradecer al juez José Castro su arrojo e independencia frente al cúmulo de presiones, y descalificaciones que ha sufrido por parte de la fiscalía (los fiscales Horrach y Torres Dulce y el ministro Gallardón) y los aparatos de propaganda del Gobierno y del Partido Popular, incluidos los diarios La Razón y ABC.

Isabel San Sebastián se aparta en ABC de la línea marcada por Rubido y Ventoso.

Quienes exigen igualdad ante la Ley olvidan el hecho de que no hay igualdad posible ante el prejuicio de origen. Que esa pretensión de igualdad, entendida como sinónimo de idéntico tratamiento, es inaplicable a quien, por su condición o significación, se ha diferenciado ya del resto. De ahí que el fuero otorgado a Don Juan Carlos sea el mal menor en esta España hastiada de corrupción y abusos, que pide a gritos autos de fe. La imputación de la infanta Cristina demuestra que aquí, pese a quien pese, nadie es impune. A partir de ahí hágase lo que corresponda en Justicia, evitando linchamientos y guillotinas.

Para terminar, Pilar Rahola Martínez (La Vanguardia) escribe también sobre el juez Castro. Y mira que me fastidia estar de acuerdo con la Belén Esteban del separatismo catalán.

Castro hace más por España que aquellos que, usando el nombre de España en vano, lo quieren silenciar.

QUÉ BUENO ES OBAMA, QUE NO INVADIÓ SIRIA

Sobre la tabarra catalana, Arcadi Espada (El Mundo) se ratifica en que la ley se impondrá a las locuras nacionalistas, aunque hoy cuantifica el precio.a ley ganará el combate, pero aquella Cataluña, ¡libre!, no volverá, al menos en el tiempo de las vidas de los que van a luchar.

La fabricación masiva de extranjería es una de las consecuencias más dramáticas de cualquier proceso nacionalista. Y ya se verifica en Cataluña, con una potencia realmente perturbadora y unos resultados ciertamente paradójicos. A los ojos de los que no comparten el proyecto nacionalista Cataluña ha quedado en manos de una suerte de extranjeros morales que han destruido fundamentos preciosos, éticos y estéticos, de lo que hasta ahora había sido la convivencia entre los catalanes.

La columna ridícula es para David Trueba (El País). Decía el archiduque Otto de Habsburgo (hoy vamos de monárquicos) que leyendo a determinados historiadores y periodistas él no reconocía los acontecimientos históricos que había vivido. Pues Trueba hace eso: para él Barack Obama no atacó Siria poir su bondad, no por la oposición del presidente ruso y por la de gran parte de los republicanos.

Recuerdo escuchar unas declaraciones de Oliver Stone durante el pasado Festival de San Sebastián asegurando que Estados Unidos terminaría por atacar Siria y prolongando así su discurso crítico hacia los intereses bastardos que guían al Gobierno de su país en las intervenciones militares. No ha sido así, y es justo reconocerle esa contención a la Administración de Obama frente a quienes no encuentran diferencias entre sus opciones locales.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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