OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Ignacio Ruiz Quintano: «Tenemos más leyes que botellines de Mahou, y como no se cumple ninguna, mejor sería tirarlas»

Florencio Domínguez recuerda que a los Estados les podemos controlar, pero no a Google, Amazon y otras empresas privadas

Millás culpa a las "privatizaciones salvajes", comenzadas por el PSOE, del frío que pasa la gente en las casas

Este 16 de enero de 2015 los columnistas vuelven a lo que más les gusta: unas elecciones. Las elecciones son para los periodistas lo que un caramelo para un niño: una ocasión para elucubrar, pasar por enterados y repartir análisis como quien reparte pipas. Y tenemos ahora dos: las catalanas y las andaluzas, ninguna de ellas convocadas todavía, por cierto.

Las columnas sobre las elecciones que Mas ha anunciado en Cataluña y las que los columnistas creen que Susana Díaz podría convocar en Andalucía calculo que suman dos tercios. Y eso que después de salir Mas a anunciar ha hecho como las viejas tortugas: asomar la cabeza y volverla a meter en el caparazón.

Querido lector, antes de meterme con estas columnas, me permitirá que me fume un cigarrillo y coloque al principio los textos que más me han gustado, porque me temo que si los pongo al final de esta crónica usted se los perderá. ¡Qué aburrimiento! Si hay algo que no perdono a los separatistas es el tiempo que nos hacen perder con sus complejos.

Florencio Domínguez (La Vanguardia) desvela las ventajas del trabajo lento y burocrático de la Policía para perseguir el terrorismo con una anécdota sobre ETA.

Hasta la entrada en vigor del tratado de Schengen y la eliminación de las fronteras interiores, las policías de España y Francia, en los puestos del País Vasco y Navarra, elaboraban un registro con los nombres de residentes en estas comunidades que cruzaban de un país a otro. Los agentes anotaban a mano los datos personales, vehículo y acompañantes. Aquel fichero se conocía como archivo de pasos y tuvo una gran utilidad en la lucha contra ETA. Por el modelo de funcionamiento de la banda, los miembros legales (no fichados) que operaban en España pasaban a Francia a recibir entrenamiento y a comunicarse con sus jefes. El archivo de pasos de frontera no decía a los policías quién era etarra, pero cuando había sospechas procedentes de otras líneas de investigación permitía confirmarlas y apuntar a otros posibles implicados. La composición de no pocos comandos de ETA se conoció gracias al trabajo pesado de policías de la frontera.

Por ello, Domínguez apoya el Passenger Name Record (PNR). ¡Más información tienen Google y Amazon sobre nosotros!

Quienes se oponen al PNR invocan el miedo a la invasión de la intimidad. El gran hermano existe, cierto, pero lo forman las grandes compañías privadas que controlan internet y saben todo sobre nosotros. Nadie las controla y nadie protesta por lo que hacen. A los estados sí se les puede regular y fijar límites.

Pedro Narváez (La Razón) escribe sobre Teresa Romero, a la que sus mentiras sobre su contagio de ébola le van a salir gratis, después de ensuciar ante el mundo entero el nombre de la médico que la atendió y el prestigio de la sanidad pública española.

Si la historia de Teresa Romero fuera una serie de televisión estaríamos asistiendo al espectáculo de la segunda temporada que es cuando algunos personajes dan un giro y nos descubren secretos ocultos que el guionista barruntaba y luego explota para mantenernos hipnóticos ante la pantalla. La heroína del ébola se convierte en Maléfica, una criatura con cuernos que era mala y se convirtió en buena, sólo que Teresa hizo el camino inverso tal vez porque el mundo real no es el de Disney.

El público ya no quiere saber de ella una vez inoculado el virus de la decepción. Cortados los hilos de la marioneta, el juguete se rompe y el trozo de madera se hace Pinocho. Es el precio de la demagogia que decapitó cabezas políticas. Del ébola ya no queda rastro, ahora nos pica la ira o la tristeza al descubrir, una vez más, que hay motivos para que el uso de los antidepresivos se haya triplicado en una década.

LOSANTOS: EN CATALUÑA SE HUNDE EL SISTEMA DE «DOBLE CASTA»

Bueno, acabado lo bueno, pasamos a la tabarra catalana.

Federico Jiménez Losantos (El Mundo) considera que las ‘elecciones plebiscitarias’, concepto que no existe en el ordenamiento jurídico español, como tampoco el ‘derecho a decidir’, tienen la ventaja de mostrar el fracaso de un sistema de gobierno que consistía en dar competencias, impunidad y dinero a CiU para que no surgiera otro terrorismo separatista.

La idea, arraigada desde tiempos de UCD en la clase política española, es que, mientras luchaba contra la ETA, España podía y debía permitirse un nacionalismo catalán radical pero sostenible, gestionado desde la corrupción. Con la última UCD y todos los gobiernos del PSOE y del PP, Jordi Pujol y el PSC, pero especialmente CiU, garantizaban que, aun siendo tan separatista como la ETA, el nacionalismo catalán no crearía un terrorismo propio, siempre que cada año se le dieran más parcelas de soberanía española y se le garantizase la inanidad de la Justicia española

Hasta hace un año, incluso los medios nacionales de Derecha se negaban a considerar caducado ese sistema de doble casta, la que en Madrid aceptaba la lenta liquidación de España en Cataluña, y la que en Cataluña fingía respeto por la legalidad mientras creaba un Estado paralelo y fuera de la Ley, de toda ética (impunidad de la mayor banda de ladrones políticos de Europa, la de Alí Pujol) y de la propia democracia, segregando a los catalanes, al menos la mitad de ellos, que no quieren separarse de España, pero cuyo poder político y mediático en Cataluña es prácticamente nulo. Pues bien: se ha acabado la farsa de la sostenibilidad separatista. Es la hora de la verdad, aunque Rajoy no quiera mirar el reloj.

Ignacio Camacho (ABC) compara a Artur Mas con un muñeco de corcho que siempre sale a flote, gracias a una «sociedad anestesiada».

No hay empeño del que no salga descalabrado pero en cada tropiezo se fija un listón más alto. Con tal de zafarse del aburrimiento de gobernar ha convertido su carrera en un perpetuo salto al vacío para el que siempre encuentra los cómplices adecuados. Su principal mérito consiste en haber logrado que nadie le reproche la ristra de decepciones, su incompetencia manifiesta para la dirección de los asuntos públicos, la parálisis económica y social de Cataluña bajo su mandato. Ha dibujado el trampantojo de la independencia como un enorme cortinaje con el que tapar la estructura hueca de un régimen agotado. Pero sobrevive. Nunca gana pero no acaba de perder; se mantiene en pie como esos muñecos que zozobran para volver a sostenerse sobre su bamboleante peana.

No podría hacerlo si no contase con la anuencia de una sociedad anestesiada por la propaganda del irredentismo, dispuesta a autoestimularse con el imaginario de la secesión como una salida a su propio marasmo. (…) Los vendedores de humo existen porque siempre hay alguien dispuesto a comprarlo.

Antonio Robles (Libertaddigital.com) anuncia nueve meses en que la Generalitat empleará el dinero público en construirse un estadito.

Está cometiendo un fraude democrático, ha convertido la política en un juego de salón donde los problemas reales de los ciudadanos han dejado de importar, sin más responsabilidad que la de un niño malcriado y consentido a quien papá no le dio un bofetón a tiempo.

La campaña electoral dará inicio el 11 de septiembre, pero hasta llegar a ese aquelarre secesionista restan 9 meses para «crear las estructuras de estado» y «el clima adecuado de acción política» que le permitan llegar al 27 de septiembre aupado por los presupuestos públicos de la Generalidad y los medios públicos y privados subvencionados. Un fraude electoral propio de regímenes bananeros.

CARRACAL DICE QUE CATALUÑA PIERDE PRESTIGIO. ¿Y QUÉ?

Enric Juliana (La Vanguardia) alaba la táctica de Mas.

El acuerdo Mas-Junqueras adapta la espesa pugna a las nuevas condiciones del terreno. Tácticamente, gana Mas. Obtiene ocho meses para gestar el Partit del President. Bloquea la posibilidad de un frente de todas las izquierdas en las municipales. Deja a la coalición ERC-maragallistas ante una difícil frontera con la impetuosa CUP. Esquiva la sorpresa Podemos en pleno rebufo griego. Y empieza a preparar, con argumento, las elecciones generales del mes de noviembre.

Pilar Rahola está exultante, como se puede imaginar: ha ganado su biografiado.

Con la fumata blanca, pues, podemos decir que finalmente ha ganado la buena política, aquella capaz de limar asperezas, construir puentes donde hay severos desacuerdos y ceder por todas partes. Si dicen que la política es el arte de lo imposible, el miércoles se demostró la máxima. Se ha vuelto a pegar el mosaico gaudiniano del proceso, al menos con sus añicos más grandes. Ahora vienen dificultades de todo tipo, y cada esquina pondrá en riesgo la porcelana, con las municipales como prueba de fuego. Pero de momento, Mas y Junqueras, y con ellos las entidades, han vuelto a hacer el milagro, y cuando todo parecía perdido todo se ha repuesto. ¿Es el mejor acuerdo posible? Sin duda, porque es el acuerdo que ha sido posible.

Santiago González (El Mundo) lamenta que La Vanguardia y el resto de la prensa catalana «confunda información con hagiografía». En ‘Mas es menos’ le parece más serio Ibarretxe.

Junqueras sólo quiere darle el sorpasso a Mas, para lo que necesita que cada uno vaya con sus siglas y poder contar a sus adeptos. Éste, para no dejarse, prefiere una candidatura para tot un poble. Y ha ido a elegir lo que en su opinión es una fecha simbólica: el primer aniversario de la Inoxcrom, la pluma catalana con la que firmó la convocatoria que le ha costado la imputación por desobediencia. Puestos a escoger motivos, el 27 de septiembre es aniversario de asuntos de más fuste: por ejemplo, la festividad de San Cosme y San Damián, santos patronos de las fiestas de mi pueblo. Los batasunos y asimilados conmemoran el Gudari eguna, aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo. El lehendakari Juan José escogió tal día de 2002 para anunciar en el Parlamento vasco el Plan que llevaba su nombre. Ibarretxe sí que era un tipo serio.

José María Carrascal (ABC) se sosiega pensando que el prestigio de lo catalán se ha hundido.

Todo lo que Cataluña representaba – seriedad, eficacia, cordura- ha saltado por los aires ante el misterioso testamento del abuelo, los espesos silencios del patriarca, las cuentas andorranas de la madre, los intrincados negocios de los hijos y la absoluta opacidad de todo ello.

Con este escenario, convocar elecciones el 27 de septiembre es como convocarlas el día del Juicio Final. ¿Cómo estará Cataluña el 27 de septiembre? Echen la vista atrás, comprueben las diferencias con mayo pasado y se darán cuenta de lo que puede cambiar. Mas ha ganado una prórroga. Cataluña ha perdido otro año. El año precisamente que iba a volver a ser lo que le habían contado que era hacía tres siglos, y no lo era. Ni lo es. Es una parte tan confusa y con tan malos políticos como el resto de España.

¿Y qué?

La columna de José María Marco (La Razón) me deja literalmente pasmado. El historiador parece haberse convertido en un portavoz de Moncloa, cuando Marhuenda critica el poder de Arriola. Según Marco, las elecciones anticipadas en Cataluña (las terceras en cinco años) son una oportunidad para el PP, al que todas las encuestas le hunden.

Es verdad que le dan un poco de oxígeno a Mas, pero también abren una oportunidad a los partidos no nacionalistas, en particular al Partido Popular. Es previsible que para el mes de septiembre, la situación económica haya mejorado. El contraste será aún mayor entre esa realidad y el hastío que suscitará para entonces el eterno retorno de la misma obsesión identitaria. En septiembre, la oportunidad estará del lado de quienes han sabido ayudar a la sociedad española a salir de la crisis (no a hundirla aún más en ella) y, también, del lado de quienes ofrezcan una salida al círculo vicioso del narcisismo de provincias. Es muy posible que la gran novedad de los próximos años se llame España: el contenido que queremos dar a la nación, el sentido que tiene la convivencia entre españoles, las claves de la nacionalidad española. Una oferta clara, razonable, abierta al diálogo y apoyada por lo conseguido en estos años desde el Gobierno central sería una opción ganadora.

Antonio Casado (ElConfidencial.com) coincide con Marco en que quien va a perder las elecciones es Mas.

Vale, gana tiempo, dicen los analistas, pero también concede tiempo al catalanismo de integración en España, desde los tiempos fundacionales de los Reyes Católicos, que ya está recuperado del estupor que le ha tenido semiparalizado durante estos dos últimos años.

Con elecciones anticipadas o sin ellas, el tiempo corre en contra del soberanismo impaciente. (…) cuenta el cansancio en las propias filas del segregacionismo después de tanto derroche de energías con resultado cero, la creciente percepción de que la Generalitat no se ocupa de los problemas cotidianos y los apuros de la gente para llegar a fin de mes, la formidable irrupción de Podemos (contrario a la independencia) en el mapa político catalán, la sentencia pendiente del Tribunal Constitucional sobre el fondo de la cuestión (¿puede una parte decidir por el todo único e indivisible de la soberanía nacional?) o los cambios que se avecinan en la orografía electoral española. Con tantos balones en el aire, es muy difícil apostar por usted, don Arturo.

Sobre la matraca catalana, Ignacio Ruiz Quintano (ABC) tiene un enfoque que yo me malicio es el más extendido entre los españoles: estar hartos, de unos (los de Barcelona) y de otros (los de Madrid). El columnista enumera artículos del Código Penal que se podrían aplicar a Mas por acción o a Rajoy por omisión y concluye:

La ley es una secreción natural del alma española. Tenemos más leyes que botellines de mahou, y como no se cumple ninguna, mejor sería tirarlas y dejar el hueco para los botellines.

Victoria Prego expresa esta desconfianza de manera menos divertida, pero igual de atinada.

En estos ocho meses veremos muchas cosas, pero no nos equivoquemos dando por hecho que van a embarrancar porque no lo harán. Todo lo proyectado lo han acabado haciendo. Y no será distinto ahora.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, ¿ES ABSOLUTA… SÓLO PARA UNOS?

Polémica del día a cuenta de las palabras del Papa: ¿es absoluta la libertad de expresión? En una columna muy meditada, Hermann Tertsch (ABC) dice que sí.

Ha sorprendido a muchos la forma en la que el Papa Francisco ha entrado en el debate sobre la libertad de expresión, sus límites y el trato de la ofensa. (…) el terreno tan resbaladizo hubiera requerido unos cuantos anclajes más para no asustar a muchos. Porque decir que la respuesta «normal» a una ofensa es un puñetazo plantea la legitimidad de la represalia física a una ofensa verbal. Que es lo que se produjo en París en la redacción de «Charlie Hebdo»: una severa represalia por lo que se consideró una ofensa.

Todo tipo de represión legal o justificación de represalias por una ofensa de opinión nos lanza por una senda en la que comenzamos patinando y todos pronto nos romperíamos la crisma de nuestras libertades. Una vez que se penaliza la ofensa hay que definirla.

Cuidado con legitimar la represalia del ofendido. Porque los ofendidos son insaciables. Y acaban ofendiéndose porque se lea la Biblia, como en Corea del Norte, porque se quiera votar o porque se diga que la tierra gira en torno al sol.

Sin mencionar al Papa, y con menos argumentación, David Gistau (ABC) apoya a Tertsch.

(los viñetistas) Nadie festeja su muerte. Pero empiezan a abundar las opiniones de que algún tipo de correctivo era «de esperar». Ahora extraña menos que los supervivientes hayan dicho que durante estos años de amenazas y agresiones menores se sintieron abandonados.

No estamos hablando de si «Charlie Hebdo» es o no una revista irreverente, que lo es. Ni de si decenas de personas tienen o no derecho a sentirse insultadas, que lo tienen. Estamos hablando de si aceptamos o no que se ejerza una violencia brutal para castigar a quien ofende y de si aconsejamos la autocensura cuando esta violencia es posible. Aquí no deberíamos consentirnos ni un ápice de duda. Y menos aún si la revista no nos gusta. Si nos gusta, ¿qué mérito tiene defender su derecho a no ser ametrallada?

En su página de televisión, El País nos ofrece la prueba visual de que no. David Trueba escribe en defensa del supuesto humorista Facu Díaz, amigo, socio o asalariado de Pablo Iglesias:

En España asistimos constantemente a esa gradación de la ofensa según los intereses particulares, ignorando que el contexto de sátira no es informativo, sino que altera la realidad y la retuerce para generar una sonrisa o una retórica antipomposa. Los vídeos de humor que jalonan la televisión incluyen doblajes manipulados que hacen hablar a personas relevantes de cosas absurdas y que hasta cruzan conversaciones que nunca se han producido. A nadie le resultará ofensivo ver a un líder político dibujado como un Cristo crucificado o a una tonadillera sacada en procesión de Semana Santa.

Por ese mismo proceso de guiarse por el sentido común resulta chocante que alguien creyera que el humorista Facu Díaz del canal La Tuerka se mofaba de las víctimas del terrorismo cuando aparecía comoun líder del PP encapuchado que pedía la liberación de sus presos. Si de alguien se burlaba bajo el eslogan PP Presoak Etxera era del formato habitual de ETA en sus comunicados y de un partido que cuenta con numerosos condenados por delitos de corrupción. Por mucho líder reunido en París tras los asesinatos, la aceptación de la sátira es un ejercicio diario de salud mental que tiene sus límites claros y establecidos, por lo que nadie tiene que venir a poner sus límites propios y particulares.

Junto a la columna de Trueba aparece la respuesta: la libertad de expresión es absoluta sólo para unos, los privilegiados del ‘star system’. Luis Sánchez-Mellado escribe sobre las opiniones de los Chunguitos.

Anoche, los supervivientes de aquel grupo mítico, Juan y José Salazar, fueron expulsados por Mediaset del, por otra parte selectísimo, club de inquilinos de la casa de Gran Hermano VIP precisamente por arremeter contra el prójimo que tanto defendían entonces cuando se trataba de sus hermanos de sangre.

«Preferiría tener un hijo deforme a uno maricón», le soltaron los Salazar a Víctor Sandoval, gay explícito y otro de los concursantes. Eso, después de haber llamado «mono», «gorila» y «King Kong» a Coman, otro participante del reality, de raza negra. Y de haber confesado, entre groseras chacotas, haber abandonado a un «perro que ladraba mucho» en una de esas gasolineras en las que reinaron durante décadas con sus cassettes de himnos de perdedores en la épica batalla de la vida.

Dejando aparte lo infame del asunto, ya son ganas de cargarse la propia leyenda. Hacía lustros que Los Chunguitos habían desaparecido de la escena, y quizá no fuera tan buena idea volver convertidos en una recauchutada caricatura de sí mismos.

Chungo, chungo lo vuestro, Chunguitos. Dicen que les pusieron el mote de críos por tirarle piedras al tren. Ay qué dolor que, en vez de suicidarse en directo con su propio Veneno, no dejaran como herencia el Libre, libre quiero ser, quiero ser, quiero ser libre.

O sea, Facu Díaz puede decir lo que le dé la gana; los Chunguitos, no. Recuerdo las llamadas de ilustres progres a echar de programas de televisión a Alfonso Rojo y Paco Marhuenda y a quemar los libros de Pío Moa y César Vidal (¿eh, Cristina Almeida?), y me digo mientras recojo las cenizas que se me han caído, «menos lobos, Capecurita».

Fernando González Urbaneja (Republica.com) pide al menos un debate reposado.

En tiempos en los que se lleva lo políticamente correcto (que suele distar de lo que realmente se piensa) el padre Jorge -ahora Papa Francisco- se sale de la fila, tal y como lo viene haciendo desde que se vistió de blanco, y advierte que la libertad de expresión tiene límites

Se abre la oportunidad para un debate más sofisticado que los habituales brochazos emocionales sobre los espacios de las libertades individuales. Los discursos sobre la tolerancia (Voltaire) y la intolerancia (Zizek) merecen ser puestos de nuevo en valor porque no son incompatibles. La cuestión ahora es articular un debate inteligente que lleve a conclusiones prácticas.

En esta polémica, Rubén Amón (El Mundo) interviene con la columa ridícula del día. Pretende demostrar que las religiones son muy malas y pone este ejemplo:

la sangría con que serbios (ortodoxos), croatas (católicos) y bosnios (musulmanes) desenterraron sus símbolos religiosos para amontonar en Europa hace apenas 20 años unos 250.000 cadáveres.

Y yo que pensaba que había sido el nacionalismo el culpable de la guerra en Yugoslavia. ¿Qué tenía de cristiano ortodoxo el comunista serbio Milosevic, que persiguió a los cristianos durante el régimen comunista?

SUSANA DÍAZ «HABLÓ MUCHO Y NO DIJO NADA»

Acabo la semana con otra tabarra: qué va a hacer Susana Díaz. Y yo pregunto: ¿algún periodista le va a hacer una entrevista de verdad a esta señora, preguntándole, por ejemplo, cómo pretende sacar a España de la crisis cuando en Andalucía hay un millón de parados?

El perfil de hoy de Raúl del Pozo es para ella: ‘Susana, la nueva estrella’.

Susana Díaz, de Triana, en la cercanía es peligrosa, envuelve, domina la política de las emociones, es la demagogia con gracia, capaz de besar uno a uno a quienes la escuchan; enredadera, seductora, con habilidad para salir de los líos. Topó con la Iglesia a la que acusó de haberse apoderado de la Mezquita, el Cabildo de la Catedral de Córdoba le contestó que la Iglesia es propietaria de ese templo desde el siglo XIII y ella, enseguida, cambió la palabra sin cambiar la sonrisa; dijo que nunca ha dudado que la gestión del cabildo era excelente.

Sus enemigos dicen que es hipócrita y más falsa que un duro de madera y Susana aguanta bien las críticas, y confirma la idea de que el mundo sería inhabitable e insoportable si no existiera la hipocresía.

Como los políticos que gustan e hipnotizan habló mucho y apenas dijo nada, en ese arte tiene verdaderos maestros, pero convence, domina el escenario, con su empaque de maja, flamenca o cigarrera. Reconocen su mucho ángel, su mucha labia, su embrujo, pero también su siniestra condición de apparatchik implacable, su poca preparación.

Para presentarse en Madrid ha de triunfar primero en Sevilla, después de un fracaso de Ptolomeo en las municipales y autonómicas. «Puede arrasar en Andalucía, pero en cuanto cruce Despeñaperros se la comen», me dice un periodista experto en los líos del PSOE.

Parece que a don Raúl, Susana no le gusta. ¿Celos de veterano ante la joven estrella que viene a mover la silla a sus camaradas generacionales en el PSOE?

Carlos Herrera (ABC) dice que a Díaz sólo le falta en su currículum una victoria electoral.

No es descartable que por la cabeza de la presidenta andaluza transite la posibilidad de arriesgarse y ver qué pasa si llama a las urnas: los Podemos aún están verdes, los de IU sienten su zarpazo, el PP paga la crisis y ella goza de cierto crédito en su caladero. Podría, es cierto, gobernar en minoría e ir pactando de aquí a que toque, pero no me pega. Muchos apuestan por la fecha de primeros de marzo. Vaya usted a saber.

En su doble juego, el de estar con el PSOE pero con un ojo y una mano cerca de Podemos, El País publica hoy una tribuna del griego Alexis Tsipras, el jefe de Syriza. Para que no se sienta solo, coincide con la columna semanal de Juanjo Millás

El atentado contra el sistema es que alguien tenga que organizar una hoguera en el cuarto de estar para no morirse de frío. Cuando decimos «alguien» queremos decir individuos de mediana edad, pero también bebés, adolescentes o personas entradas en años. «Alguien», en realidad, no es nadie. Vale más imaginarse a un viejo tiritando bajo varias capas de mantas, a una adolescente intentando hacer los deberes del cole con los dedos morados, o a un recién nacido con bronquitis. Todo ese síndrome es el efecto más visible de las privatizaciones salvajes que aquí se han llevado a cabo.

Así, brocha gorda. La culpa de todo es de las «Privatizaciones salvajes». Comenzadas por el PSOE, por cierto. Ni una reflexión sobre la regulación del sector eléctrico por el Estado.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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