LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Carlos Herrera sobre el bufón de Willy Toledo: «Si yo fuese independentista sospecharía de que me apoye el más tonto de la clase»

"El Círculo famoso de empresarios catalanes que tanto se juega en este sopicaldo ha optado por la equidistancia"

Carlos Herrera sobre el bufón de Willy Toledo: "Si yo fuese independentista sospecharía de que me apoye el más tonto de la clase"
Willy Toledo. EP

Monotemáticas. Las columnas de este 18 de septiembre de 2015 apuntan prácticamente en una sola dirección, Cataluña. Ya sólo restan nueve días para que los catalanes acudan el 27 de septiembre a las urnas y, o bien apoyar la locura secesionista o bien decirle a Artur Mas que se acabó de una vez por todas la broma.

Arrancamos en ABC y lo hacemos con Carlos Herrera que, por un lado, le mete un buen palo al payasete habitual, Willy Toledo, ahora metido de lleno en el fregado de pedir apoyo a la independencia de Cataluña y, por el otro, palo a unos empresarios catalanes que, salvo excepciones, están a verlas venir y sin querer pronunciarse ni a favor ni en contra.

Sobre el actor, Herrera asegura que:

Si yo fuera independentista sospecharía muy mucho de mis iniciativas si fuera de mi corral me apoyaran los más tontos de la clase. La imposible independencia de Cataluña es sólo refrendada y jaleada por sujetos del tipo Willy Toledo, lo cual desalienta al más pintado. Pero digo, da igual.

Y seguidamente apunta a los empresarios.

Entiendo la épica menor de los que se sienten protagonistas de la historia, pero no acabo de entender a los que, con todos los datos en su mano, juegan con el fuego del futuro vacío, nudoso, casi estéril. Allá cada uno, podrá decir usted, y tendrá razón, pero me sorprende que empresarios catalanes le tengan más miedo a Artur Más que a perder el mercado que les sustenta.

El Círculo famoso de empresarios catalanes que tanto se juega en este sopicaldo ha optado por la equidistancia. No le ha dicho a los separatistas «estáis jugando con nuestras empresas, con nuestro patrimonio, con el trabajo de miles de familias», no. Le ha dicho «no es lo mejor, pero pedid luego un referéndum». Ha pedido la consecución de una ilegalidad para quitarse de en medio, como siempre, y no dar un paso al frente en defensa de sus intereses. Es evidente que los separatistas encabezados por ese dislate de Más han presionado hasta la náusea a Fomento del Trabajo y al Círculo en cuestión, prometiéndoles un futuro sin impuestos o un presente sin ayudas. Y éstos, a buen seguro, han pensado que es más cómodo dejar que los votantes le den la mayoría a los independentistas, cosa que ocurrirá puede que por incomparecencia de los contrarios -que seguirán quedándose en casa si nada lo remedia-, para después reclamar un cierto toque de queda, una moratoria de incendios, una salida rápida de los bomberos para apaciguar fuegos innecesarios. No lo dicen ahora porque no se atreven

Y concluye:

Será interesante comprobar cuántos capitales saldrán pitando de Cataluña al día siguiente de la victoria de Juntos Por El Sí. Ni siquiera el día en que salga algún iluminado al Balcón, el Gran Balcón Soñado. No. El mismo día de la victoria de los separatistas. Ayer se publicaba un dato interesante: las empresas con sede en Cataluña caen en bolsa cuatro veces más que las del Ibex 35 (elconfidencial.com). Aten esa mosca por el rabo. ¿Quién quiere sacrificar gratuitamente su patrimonio? Desde luego no todos los empresarios que, en cuanto pueden, te lloran en el hombro lamentando los aconteceres. Claro que siempre se les puede decir que quien quiere tortilla antes o después tendrá que romper los huevos. Y lo malo es que no hay huevos.

Ignacio Camacho se centra en la figura de Duran i Lleida, que ve como ha quedado reducida prácticamente a la nada y que tantos años al lado del independentismo más exacerbado ágora, pese a dar un golpe de timón y separarse de esa lacra, ya nadie le toma en consideración:

Con la candidatura de la secesión tocando la mayoría absoluta en las encuestas, las esperanzas de cierta burguesía biempensante catalana se cifran en la equidistancia tercerista del nacionalismo antes llamado moderado. Pero la Unió de Duran Lleida, desgajada de Convergencia, no despega en su aventura en solitario por más que su promotor se multiplique en entrevistas a escala nacional para contrarrestar el implacable ninguneo que le aplican los medios oficiales del soberanismo. Ese presentido destino de irrelevancia testimonial simboliza el fracaso del catalanismo no independentista en este clima de fiebre emocional que ha contribuido a crear durante demasiado tiempo. Duran, atrapado por las dudas y el apocamiento, tardó en tirarse en marcha del tren en que iba montado. Su apuesta no acaba de cuajar porque su discurso de arrepentimiento mediopensionista ya no se abre paso en medio de la efervescencia del destino manifiesto.

Y lo compara con otro político taimado como Miquel Roca:

Al igual que a su mentor Miquel Roca, que en los años ochenta fundó un partido sin apuntarse a él -balance electoral: cero diputados-, le falta coraje para batirse con sus propias manos. O le sobra apego a su cómoda plataforma en Madrid, que visto lo visto le va a costar defender en las generales. Duran y Roca se mueven en el lobby como peces de entreaguas, y de hecho el abogado actúa estos días muñendo pronunciamientos de personalidades al servicio discreto, que no secreto, de Su Majestad el Rey padre. Pero no se atreven a medirse a campo abierto, sin personas interpuestas, en el fragor arremangado de una campaña a cara de perro.

Concluye que por mucho que ahora vayan presentando propuestas moderadas, el pueblo catalán ha decidido, según los sondeos, apuntarse a la corriente de la secesión:

Ahora se ofrecen como cascos azules en una batalla cuyos contendientes ya no respetan banderas de mediación. Y se llevan las manos a la cabeza ante una deriva que durante años han consentido con su participación, su anuencia o su consejo.

Con todo, ninguna colaboración es mala en este tiempo de bipolaridades. Unió podría ser el embalse de un voto catalanista alarmado ante el abismo crítico de la secesión, y sus eventuales escaños, la válvula por la que desaguase la tensión del punto de ruptura. Es de temer, sin embargo, que ni siquiera esa propuesta de sensatez tardía cale ya en una atmósfera tan empapada de misticismo patriótico que arrastró al propio Duran a manifestarse cojeando con muletas en la Diada donde eclosionó el éxtasis soberanista. Hoy parece el marinero Ismael de «Moby Dick», tan horrorizado como impotente ante la sinrazón de un capitán Ahab que ha involucrado a su gente en una obsesión autodestructiva.

En El Mundo, Federico Jiménez Losantos se muestra muy crítico con el cara a cara que van a tener en una televisión catalana el ministro de Exteriores, Margallo, y el independentista Junqueras:

Es imposible entender la charranada de Rajoy a Albiol y al PP de Cataluña, aceptando el capricho de Margallo de suplantar al candidato oficial de su partido en el debate televisivo más importante antes del 27-S, sin asumir dos cosas tan feas como ciertas: la primera, que Margallo tiene los caprichos que le permite Rajoy; la segunda, que la margallada no es más que la prueba de que el presidente del Gobierno se ha desentendido por completo del resultado electoral en Cataluña tras ver en las encuestas que no va a poder siquiera empatar con Ciudadanos. En realidad, de tener el doble de escaños que Rivera pasaría a tener la mitad que Arrimadas.

Explica los motivos del presidente aceptando este intolerable cara a cara:

Lo que intenta Rajoy, creo, y lo único que explica la puñalada a su partido en Cataluña -cuya base electoral verá en la margallada del miércoles que el único «voto útil» españolista es el de los naranjitos- es lo de siempre: sacar provecho personal del naufragio general, rentabilizar el caos que se perfila en Cataluña tras el 27-S para seguir en La Moncloa.

Al nombrar portavoz del PP a Margallo, que en la mismísima cara de Albiol dijo hace pocos días que cedería todo el IRPF y los impuestos especiales a la Generalidad y aceptaría el reconocimiento de la «singularidad catalana» en la Constitución Española, Rajoy admite la voladura de los cimientos del Régimen por su base, el Pueblo Español como único depositario de la soberanía nacional, a cambio de un arreglo entre castas políticas, al modo del Antiguo Régimen. O sea, lo que planteó González en La Vanguardia y lo que supone esa candidatura de Unió respaldada por Roca Junyent, el antiguo número dos de Pujol, abogado de la Infanta Cristina y de esos empresarios que han asistido sin hacer nada a la deriva separatista, ocupados en negociar privilegios económicos e impunidades judiciales.

Y advierte que la extrema izquierda puede acabar gobernando en Cataluña y en el resto de España:

Rajoy, Unió y el PSC dejarían solo a C´s en el campo constitucional y forjarían entre el Puente Aéreo y las bodegas de Godó una enmienda a los de Juntos por el Sí, algo así como «Juntos por el Sí, pero». El pero supondría demoler la Constitución reconociendo la sacratísima diferencia catalana y extender el Cupo Vasco a Cataluña a cambio de que el separatismo real no sea oficial. La traición de Rajoy -y compañía- sólo tiene dos problemas: en Barcelona puede gobernar la extrema izquierda; y en Madrid, también.

Raúl del Pozo dedica unas líneas a hablar de la cuestión catalana:

Ante las elecciones catalanas el Gobierno ha tomado la delantera después de que los que mandan tanto como el Papa se hayan pronunciado contra la huida hacia el precipicio de Artur Mas. Enric Juliana ya pide un pacto por la serenidad y Mas habla de un posible referéndum, con lo que él mismo disipa, inconscientemente, su delirio.

Y cree que hasta enero de 2016 no hay nada que rascar en relación al futuro de Cataluña:

Habrá que esperar al mes de enero para que se sienten a pactar el futuro del Gobierno de España y el autonómico catalán. Se les está recordando que se quedarían sin UE y sin Banco Central, con el peligro de la insolvencia y el corralito.

En La Razón, Alfonso Ussía deja como un trapo a Artur Mas:

El gran problema de Mas, delirio, traición y chifladura aparte, es su condición de paleto.

Un paleto sobrado, vigoroso y creciente. Con motivo de la visita del Rey a Barack Obama en la Casa Blanca, Mas ha emitido el juicio que demuestra su incontrolada paletería: «Es formidable que el Rey y el Presidente de los Estados Unidos hayan hablado de Cataluña». No hablaron de Cataluña, sino de la unidad de España. No se pronunció la voz «Cataluña» en ningún momento de la conversación. Pero a Mas le hace ilusión figurarlo, y lo suelta acompañando la fantasía con la sonrisa de la satisfacción.

Y recuerda que:

De todos los dirigentes mundiales, sólo uno, Juncker, se ha referido a una Cataluña separada de España, y no amablemente: «Europa no acepta una Cataluña independiente». Ángela Merkel se ha decantado por la legalidad internacional: «Hay que respetar la legalidad internacional». Obama ha hablado de España: «El mundo necesita una España fuerte y unida». Cameron se ha limitado a la advertencia sin señalar al advertido: «Quien se separa del Estado, ya no es parte de la Unión Europea». Y para Hollande, como para Obama, España es la única protagonista de la situación: «Deseamos una España fuerte y unida como ahora».

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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