De buena se han librado los madrileños por no tener que soportar cuatro años más a Manuela Carmena como alcaldesa de la capital.
La expolítica de Más Madrid y aspirante a recibir una canonjía en esa máquina de churros ministeriales y gerenciales que manejan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias confiesa ahora una de sus gamberradas nada más acceder al cargo y que no era otra que liarla en algo tan tradicional, tan infantil y tan entrañable como la cabalgata de los Reyes Magos.
Carmena, que a lo mejor se piensa que el personal no tiene memoria, escribe en su libro ‘A los que vienen’ lo siguiente:
Los trajes de los Reyes, buscando quizá su secularización, eran muy feos. No respondían a las expectativas. Rompían con la tradición, pero no lo hacían con una innovación acorde a la reconocida trascendencia urbana, más allá de la religiosa.
Eso sí, lo de compartir las críticas de los ciudadanos eso ya es harina de otro costal:
Las críticas a la cabalgata se desorbitaron de forma tan exagerada como interesada, como un atentado a los sentimientos religiosos. La propaganda ya sabemos que puede hacer estragos.
Y sobre otra tradición recuperada con el alcalde Martínez-Almeida (PP), la del Belén de la Puerta de Alcalá, reconoce que lo retiró porque, según su peculiar gusto:
Estéticamente no era bonito.

