EL OTOÑO JUDICIAL SE COMPLICA PARA EL MARIDO DE BEGOÑA

Sánchez asume que será Iglesias y no Puigdemont quien tumbe al Gobierno Frankenstein y le obligue a adelantar elecciones

El PSOE reconoce que no habrá nuevos Presupuestos y hace un llamado a la cohesión entre sus compinches para enfrentar la presión del PP y VOX

Pedro Sánchez (PSOE)
Pedro Sánchez (PSOE), PD

Se agarra al cargo como guacamayo a la percha, pero cada día lo tiene más complicado.

Y con el personal mirando hipnotizado hacia Waterloo, donde el golpista Puigdemont juega al gato y el ratón con el chavista Zapatero, salta en babalinas la otra liebre: el podemita Iglesias.

No es necesario ser un experto para anticipar que Pedro Sánchez se encuentra en uno de los momentos más delicados de su trayectoria política desde que llegó al Palacio de la Moncloa.

El Gobierno Frankenstein ha admitido ante sus compinches que no habrá nuevos Presupuestos Generales del Estado, pero en lugar de rendirse, el marido de Begoña insta a la cuadrilla a “resistir” ante el empuje de PP y VOX.

El parlamentario que cada semana se asemeja más a un juego de ajedrez donde todas las piezas parecen dispuestas a dar jaque mate al rey socialista.

En política, como sucede en fútbol, nunca se debe dar un partido por perdido hasta sonar el pitido final.

Por ahora, Sánchez y su equipo continúan jugando esta prórroga tratando resistir entre barricadas ideológicas e imposiciones difíciles mientras enfrentan un Congreso cada vez más impredecible.

A 22 de septiembre de 2025, la estrategia de resistencia se ha convertido en el eje central del PSOE.

La consigna, comunicada a sus socios de investidura, es inequívoca: no hay lugar para el desánimo, ya que ceder significaría entregar el poder a la derecha y la ultraderecha.

“No hay números, pero hay partido”, afirman en Ferraz, mientras Sánchez vuelve a hacer alarde con la bandera palestina y anuncios sociales destinados a revitalizar un bloque izquierdista que cada vez muestra más escepticismo.

Otoño caliente: causas judiciales y un Congreso hostil

El panorama no es precisamente alentador. Los socialistas prevén un “otoño horribilis”, marcado por la posible publicación de informes judiciales sobre supuesta corrupción que involucra a destacados exdirigentes del partido como José Luis Ábalos y Santos Cerdán, además del procesamiento del hermano del presidente.

Para colmo, se avecina el juicio oral al fiscal general del Estado en medio de una atmósfera política cada vez más cargada.

En el Parlamento, los números son implacables. El Gobierno ha sufrido varios reveses recientes en el Congreso, donde la fragmentación de la izquierda y la actitud obstruccionista de Podemos dificultan cualquier avance en su agenda legislativa. El Ejecutivo depende críticamente de cada voto y, aunque Sánchez insiste en que presentará Presupuestos para 2026, la falta de apoyos hace casi inevitable prorrogar las cuentas de 2023.

El sector morado, bajo el liderazgo de Ione Belarra, ha presentado una serie de demandas que harían temblar a cualquier ministro de Hacienda: ruptura total con Israel, drástica reducción del alquiler y freno absoluto al incremento del gasto en defensa. Si el Gobierno cede ante estas demandas, perdería el apoyo de otros aliados; si no lo hace, Podemos amenaza con votar en contra, lo cual haría inviable cualquier proyecto presupuestario.

La izquierda, cada vez más lejos de la confluencia

La lucha por el espacio progresista se ha intensificado. En lugar de buscar acercamientos hacia el centro, Sánchez ha decidido enfocarse plenamente en captar al electorado de Sumar, recuperando una imagen de “izquierda auténtica” similar a la que mostró durante sus primarias.

El mensaje es directo: “si hay que ir a las barricadas, seré el más izquierdista”. Sin embargo, lo cierto es que la unión entre las fuerzas progresistas parece más distante que nunca.

  • Sumar y Podemos se culpan mutuamente por el estancamiento parlamentario.
  • Las encuestas indican una fragmentación tal que hace prácticamente imposible repetir una mayoría progresista.
  • En privado, Sánchez reconoce que si alguien puede hacerle caer será Pablo Iglesias, quien ha vuelto a convertirse en árbitro y crítico feroz de la izquierda institucional.

Desde Moncloa preocupa especialmente la postura intransigente de Podemos, instalado en un “no” sistemático con exigencias casi imposibles. “Piden cosas irrealizables”, admiten fuentes gubernamentales que observan cómo cada intento por acercarse termina con un portazo.

Junts y la amnistía: el precio del apoyo

Por si fuera poco, el apoyo de Junts está pendiendo de un hilo.

El partido liderado por Carles Puigdemont ha dejado claro que no respaldará ningún Presupuesto sin antes cumplir los acuerdos pendientes, especialmente respecto a la implementación total de la amnistía y delegación de competencias. Sus siete votos son cruciales; sin embargo, su paciencia se agota y crece el desencanto.

Mientras tanto, ERC expresa su descontento por la falta de avances en materia de financiación catalana; otros socios nacionalistas también aprovechan esta debilidad socialista para exigir más concesiones.

La situación es tan frágil que cualquier error podría llevar al colapso del gobierno.

Sánchez en modo precampaña: toda la legislatura como un mitin

El presidente ha decidido transformar esta legislatura en una campaña electoral continua.

Cada intervención pública, anuncio o gesto responde a una lógica marcada por “hay partido”. Desde el Gobierno insisten en que no habrá elecciones anticipadas; afirman que las legislaturas tienen una duración natural de cuatro años y sostienen que “la parálisis” sería peor que enfrentar inestabilidad.

Sin embargo, es evidente que la maquinaria socialista ya está operando en modo precampaña, consciente de que cualquier día podría ser su último día en Moncloa.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído