Durante más de tres décadas, los guardias civiles democráticos —UMDVERDES— hemos trabajado por una Guardia Civil al servicio del ciudadano, con eficiencia, eficacia y dignidad. Lo hicimos desde la legalidad, desde la Constitución, desde la ética. Y por ello fuimos perseguidos, expulsados, silenciados, internados por la fuerza, y condenados al olvido.
Nos dirigimos a todos los presidentes. A todos los ministros. A todos los congresistas. Día tras día, año tras año. Callados, pero no parados. Con respeto, pero con firmeza. Les advertimos una y otra vez que nuestros muertos se revolvían en sus tumbas. Que la violación de los derechos humanos no se entierra. Que la impunidad no borra la verdad.
Y les advertimos también de algo más profundo: la maldición gallega.
¿Qué es la maldición gallega?
No es un conjuro. No es una amenaza. Es una advertencia ancestral. Una verdad que atraviesa generaciones en Galicia y más allá: cuando se ignora el sufrimiento de los justos, cuando se pisotea la dignidad de los que lucharon por los demás, la historia no perdona. La injusticia se hereda. La vergüenza se transmite.
Cada gobierno que ha mirado hacia otro lado. Cada congresista que ha callado ante la evidencia. Cada institución que ha negado la reparación debida a los UMDVERDES, ha sembrado una deuda moral que no se extingue con el tiempo. Esa deuda se transmite hasta la tercera y cuarta generación.
No es castigo divino. Es consecuencia humana. Es la herencia de la desmemoria. Es el peso de haber permitido que quienes defendieron los derechos humanos fueran tratados como traidores, locos o delincuentes.
Los efectos de la maldición
* Gobiernos que caen sin comprender por qué.
* Ministros que pierden el rumbo, atrapados en contradicciones éticas.
* Herederos políticos que cargan con el descrédito de sus predecesores.
* Instituciones que se vacían de legitimidad ante los ojos de la ciudadanía.
La maldición gallega no es venganza. Es justicia poética. Es la voz de los que ya no están. Es la memoria de los que resistieron. Es la advertencia de que sin reparación no hay paz, sin verdad no hay futuro, y sin justicia no hay honor.
Aún están a tiempo
Aún pueden actuar. Aún pueden reconocer, reparar, condecorar. Aún pueden mirar a los ojos a los UMDVERDES y decir: “Teníais razón”. Pero el tiempo se agota. Y la historia no espera.
Porque en Galicia, como en toda tierra de memoria, sabemos que quien olvida a los suyos, se condena a sí mismo.
