¿Puede traer la recuperación el mismo que provocó el hundimiento?
El periodista, José María Carrascal, equipara en su artículo de opinión de este lunes en ABC —Eurovisión nos retrata— la situación que vive en la actualidad España, con la imágen que ofrecimos en Eurovisión.
Para Carrascal, si quisiéramos una estampa de la España de nuestros días, el festival de Eurovisión sería la mejor opción:
Una melodía equivocada -hoy se llevan las baladas románticas, no el kitsch-, un intérprete mediocre -David Diges sólo sirve para andar por casa-, un nacionalista estropeando el espectáculo -Jaume Marquet con su barretina- y uno de los último puestos de la clasificación, el 15. Faltó sólo Leire Pajín echando la culpa del descalabro al PP.
Según sus palabras, faltaba Leire Pajín echando la culpa del descalabro al PP.
Lo peor es que el descalabro sólo acaba de empezar. Tras el tajo al gasto social, vienen los reajustes estructurales: la reforma del mercado de trabajo, el reajuste de las pensiones, el saneamiento del sistema bancario, las cajas especialmente, que van a costar cantidades astronómicas de dinero y muchos puestos de trabajo.
El veterano periodista asegura que nuestra deuda es de 1,6 billones y que ni siquiera aquellos pesimistas que desde el principio advertían del mal camino que se estaba recorriendo, pensaban en un escenario tan negro.
¿Cuándo, el reconocimiento de que se equivocaban al defender la política económica de un gobierno que empezó negando la crisis, que tomó medidas equivocadas contra ella, que calificó de absurdas, equivocadas o alarmistas las voces críticas?
Y sin necesidad de que se disculpen, ¿no pueden admitir que si se equivocaban entonces, pueden estar equivocándose ahora, al pedir que se apoye al gobierno que nos ha llevado al desprestigio y la ruina?
Pues la pregunta del millón, o del billón, es ¿puede traer la recuperación el mismo que provocó el hundimiento? Difícilmente. Sobre todo si persiste en su postura inicial: no consultar a la oposición, echar la culpa a otros de todos los males, tomar medidas a remolque, desconocer cómo funcionan las cosas en el mundo, confiar en su buena suerte, pensar que puede cambiarse de política, de planes, de discurso de un día a otro sin perder lo más importante para un dirigente: la credibilidad.
«El optimismo excesivamente infundado es lo peor de Zapatero», ha dicho el presidente de Castilla-La Mancha. No, señor Barrera. Lo peor de Zapatero es que tenía a sus órdenes un partido que creía a pie juntillas en ese «optimismo excesivamente infundado».

