Charo Zarzalejos – Menos fotos.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

En política el mensaje es más que un discurso bien construido. Es el tiempo elegido, el escenario, los gestos, incluso la vestimenta. Todo contribuye, para bien o para mal, para lograr eso tan difícil y etéreo que se llama «buena percepción» y que en política supone un elemento esencial para lograr el objetivo que se busca.

En Moncloa se sabe mucho de esto y el Presidente, como hombre disciplinado, se somete de manera drástica a la disciplina que exige el trasladar a la opinión pública el mensaje deseado con el menor riesgo posible. Y ahí están las fotos. Como ésta bien reciente de su encuentro con los responsables de las principales entidades financieras de España. Se preparó todo para que la percepción fuera de frialdad y distancia. Nada de sofás y mucho menos una taza de café que siempre lima asperezas. Se trataba de decir a los ciudadanos que el Gobierno está enfadado con los bancos para concluir, según el discurso que con insistencia se desliza desde la oficialidad de que ahora buena parte de la culpa de la no recuperación está relacionada con la actitud negativa de las entidades financieras. La foto en cuestión aparece justo cuando las cifras del paro resultan absolutamente devastadoras.

Pero ¿qué sabemos de los bancos?. Hace nada nuestro sistema financiero era ejemplo en el mundo, pero, por si acaso, el Ejecutivo compra avales. No sabemos ni cuantos ni a quienes. En el acuerdo con el PP se estableció que un 25% de ese dinero inyectado_que no dado, según el propio Presidente_debía ir destinado a créditos, pero el PSOE, de manera unilateral añadió ese definitivo «hasta» el 25% de manera que con dieran el 1% del dinero inyectado ya habían cumplido. El PP lo denunció pero no retiró su apoyo. Igualmente ocurrió con el control parlamentario. De control, nada porque podía dañar la imagen. ¿En que estamos?. No sabemos nada de todo esto y nada sabemos de lo que realmente se habló en Moncloa. Lo que si sabemos es que no sabemos nada, pero por ahí va calando la idea de que los bancos «son los malos». Tan malos, que el ministro Sebastián dijo que al Gobierno se le estaba acabando la paciencia con ellos. La cosa es buscar culpables, encontrar rincones por los que los ciudadanos dejen de mirar al poder político, que al parecer todo lo hace bien, y deslicen sus iras por derroteros que no toquen al Gobierno.

Es seguro que los bancos han frustrado muchas oportunidades pero no hay que caer en maniobras de distracción y poner en el brete a quienes hasta hace nada eran el orgullo del Gobierno que reclamaba ser escuchado internacionalmente porque aquí, en España, los sistemas de control han funcionado. Da la sensación de que el Gobierno no sabe que pensar de los bancos. A Sebastian se le acaba la paciencia y Blanco dice que el PSOE tiene paciencia in finita. Aquí la paciencia de verdad es la de los ciudadanos que ven, vemos, como el paro ha entrado en caída libre, la Seguridad Social tiene cada vez menos cotizantes y como el mismísimo ministro de Trabajo alerta sobre el futuro de algunas prestaciones.

No es momento de fotos. Es el momento de la transparencia, de saber cuanto y a quienes se les ha inyectado dinero público. Ha llegado la hora de comenzar a hacer balance de las medidas adoptadas hasta el momento y es el momento de pensar en el futuro y no sólo en el día a día. Para este día a día ya están los 8.000 millones de euros que van a gestionar los ayuntamientos. Pero ¿y mañana?. Para mañana, para ya mismo, hay que tener establecidas medidas y cuantían para proteger a quienes van a perder sus prestaciones y para hoy mismo el Gobierno debería, aún cediendo posiciones, buscar un gran acuerdo con el principal partido de la oposición, que más allá, de su bronca interna, ha demostrado saber algo de cómo gestionar situaciones de crisis.

Cuando tengamos información, que no la tenemos, podremos calibrar en sus justos términos la actitud de las entidades financieras, pero mientras tanto no hay que dejarse enredar, no hay que dar pábulo a actitudes de escapismo y hay que pedir al Gobierno y a su Presidente que su discurso de «confianza» vaya acompañado de actitudes que la generen. Ni el Gobierno es culpable absoluto de nuestro desastre económico ni está en sus manos hacer milagros. Nadie le pide eso. Bastaría con verles trabajar con sentido de Estado, conscientes de que la situación es o está a punto de ser de auténtica emergencia nacional, dispuestos a hacer un llamamiento a las comunidades autónomas para que se dejen de dispendios absurdos.

Para entender el proceloso camino hay una clave que no falla, que es, probablemente, la única clave segura y es que nuestro Gobierno quiere que todo el mundo le quiera y eso, cuando se está al frente de un país en profunda crisis -y no sólo económica_obliga a tomar decisiones antipáticas que este gobierno, ténganlo por seguro, no va a tomar. La paciencia del Gobierno se está agotando, dice el ministro Sebastián, pero la de los ciudadanos el día menos pensado y de la manera más inesperada puede llegar al límite porque resulta, por ejemplo, que las administraciones deben millones y millones a pequeñas y medianas empresas. ¿Por qué pedir más a los bancos que a los poderes públicos que acumulan deudas bien detalladas?. Así las cosas, fotos, las justas que España no está para montar galerías de momentos estelares.

Charo Zarzalejos.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído