Pedro Calvo Hernando – ¡El delincuente es el juez!


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Los del PP se están pasando demasiado en la manera de hacer frente a las gravísimas acusaciones de corrupción que tienen dentro de su propia estructura. Sólo faltaba que la presidenta de Madrid acusara sin la menor prueba al juez Garzón de haber recibido regalos, se supone que delictivos, más valiosos que los famosos trajes y otras prendas con las que presuntamente obsequiaron al presidente Camps. Los autos judiciales contienen indicios o pruebas más que suficientes que aconsejarían a Esperanza Aguirre y otros correligionarios adoptar una postura exactamente contraria a la que exhiben. Según ellos, aquí parece que el delincuente es el juez y que éste no tiene derecho a acusar, mientras que ellos tienen todos los derechos a vilipendiarlo e incluso a insultarlo y calumniarlo gravísimamente. Lo extraño es que eso se contemple sin que el CGPJ o el Tribunal Supremo muevan un dedo para poner orden y mantener las mínimas reglas del Estado de Derecho, como suele decirse con tanto énfasis.

A pesar de todo, esa exhibición chulesca y agresiva les va a durar muy poco. Ahora ya los Tribunales Superiores de Madrid y de Valencia toman cartas en el asunto y todos los presuntos delitos de los implicados se verán con claridad meridiana, despojados ya del velo de tanta falsa indignación y tanto griterío vano, que sólo muestran una radical falta de aceptación de la realidad y una nula disposición al mea culpa y a la petición de perdón a la sociedad española por todos esos presuntos desmanes que cada vez conocemos con más exactitud y detalle. Para mí, esto sería lo más importante, ya que yo no quiero ver a nadie en la cárcel. Humildad y pedir perdón es lo que yo esperaría del principal partido de la oposición, que aspira a volver al poder, que ya tiene el poder en numerosas instituciones. Porque además están dando la nota trágico-dramático-cómica ante el conjunto de la sociedad española, incluidos sus votantes, con ese espectáculo de hacerse los santos y mandar al infierno a los demás. Lo que no se entiende, entonces, es el porqué de tantas dimisiones y ceses. ¿Y dónde está Rajoy?

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