Francisco Muro de Iscar – Campa o Salgado (Zapatero).


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Los comentaristas, los expertos, los sabios y algunos otros que no son ni una cosa ni otra pero que se ganan la vida, o lo intentan, como si lo fueran, andan estos días tratando de entender qué va a hacer «la gran esperanza blanca» de la economía, el recién nombrado secretario de Estado de Economía, el asturiano José Manuel Campa. Reclutado de las filas del IESE, lo que es en principio una garantía, Campa ha venido escribiendo en las páginas salmón de «El Mundo», antes de estar ni siquiera en las quinielas, sus recetas contra la crisis y algunas de ellas están en franca contradicción con lo que se ha venido, y se viene, defendiendo desde el Gobierno. Más aún, su propuesta de despido más barato e indemnización creciente a medida que aumenta la antigüedad del trabajador, estaría más cerca del PP que del PSOE. Si eso sorprende, más aún lo hace la suposición de algunos de que Campa, un técnico sin carné del partido, un liberal, ha sido elegido para elaborar, dictar y aplicar «una nueva política económica» socialista. Digo yo que si Zapatero hubiera querido aplicar una nueva receta, basada en la «doctrina Campa», le habría nombrado vicepresidente económico en lugar de poner en el cargo a Elena Salgado. Incluso le habría dejado directamente la presidencia del Gobierno porque la política económica la orienta, la impulsa y la mueve el propio Zapatero. Para bien o para mal.

Los sindicatos y la patronal no sabían nada de esas inminentes reuniones para cerrar un acuerdo sobre el «cambio de modelo económico», que se inventó Zapatero el fin de semana pasado y, tal vez, ni Salgado ni Campa tampoco. ¿Quién marca el rumbo, la hoja de ruta, la deriva económica en el Gobierno? Durante un tiempo fueron Sebastián y Solbes, cada uno en una dirección ni si quiera paralelas. Luego, Solbes ejerció de vicepresidente prejubilado hasta que fue cesado. Y ahora nadie cree que Salgado sea la ideóloga o la ejecutora de la reforma, sino Zapatero. Ahí es donde a los más sensatos no les llega la camisa al cuerpo. ¿Y porque, entonces, Campa? Como él todavía no ha hablado no sabemos lo que piensa ni lo que le han pedido. Pero es de suponer que se adaptará él a la política económica del Gobierno y no al revés. Otra cosa sería un disparate. Pero ya saben ustedes que uno de los axiomas más celebres de la teoría marxista – la de Groucho, no la de Karl- dice: «estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros».

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