Francisco Muro de Iscar – El derecho al aborto.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

No puede haber un derecho al aborto si existe un derecho a la vida por parte del no nacido. El Tribunal Constitucional dejó claro que «la vida humana es un devenir que comienza con la gestación y finaliza con la muerte» y que la vida del que va a nacer «encarna un valor fundamental». Nuestra Constitución señala en su artículo 15, que existe un «deber del Estado de proteger la vida del no nacido». Incluso el propio Tribunal Constitucional ha señalado que «los derechos de la mujer no pueden tener primacía absoluta sobre la vida del nasciturus, dado que dicha prevalencia supone la desaparición, en todo caso, de un bien». Esto es lo que hay y a lo que deben ajustarse el Ejecutivo y el Legislativo al plantear una reforma legal. Un niño no nacido no es una cosa que se tira a la basura sin más. Es un bien protegido y amparado por el derecho natural y por la Constitución.

Pero no va a ser así. El Gobierno ha decidido sacar adelante sin cambiar una coma un proyecto que da vía libre al aborto, supone una agresión a los no nacidos, a los padres que no tendrán ni siquiera voz cuando una hija suya de 16 años decida abortar, a los profesionales sanitarios al cuestionar la objeción de conciencia, y que, además, legitima el enorme negocio de la industria abortista.

España es líder en abortos, un título del que nadie puede sentirse orgulloso ni exhibir las cifras como un triunfo «de la libertad». Cuando la historia juzgue este momento, este fervor abortista que practican algunos se verá como un crimen de lesa humanidad. La nueva legislación que propone el Gobierno no ataca las causas que provocan el aumento del aborto sino que favorece su crecimiento y, sobre todo, va a hacer que los más jóvenes lo vean como algo «natural» y hasta bueno: mi cuerpo es mío, hago con él lo que quiero.

No se va a mejorar la insuficiente información a las jóvenes sobre los peligros de practicar ese eufemismo que algunos llaman «sexo seguro». No se va a trabajar con los más jóvenes para explicarles que el sexo exige también responsabilidad y necesita una preparación física y sicológica. No se van a mejorar las ayudas para las jóvenes que quieran llevar a término su embarazo ni para las familias. El mensaje es claro: el aborto es fácil, no tiene consecuencias, no tienes que pedir permiso a nadie ni explicarlo. Abortar será como tomarse un caramelo o una aspirina. Aparentemente, porque va a dejar heridas a decenas de miles de mujeres que en el fondo saben que aunque aborten siempre serán la madre de un hijo muerto. Una herida física se cura. La herida de un aborto queda siempre viva en el alma. Por eso y por otras muchas razones, va a haber una manifestación el día 17. No se debe callar ante una cultura que defiende la muerte en lugar de la vida.

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