Rafael Torres – «Al margen» – 1, 2, 3, 4, 5, 6,…


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Existe la peregrina creencia de que la razón va siempre avalada por el número, y por eso los que convocan manifestaciones tienden a hinchar el de los que han participado en ellas, mientras que los adversarios disfrutan desinflándolo cuanto pueden. Sin embargo, aparte de recordar a unos y a otros que mentir está muy feo, podría señalarse que ya se ha inventado un procedimiento para averiguar con gran exactitud el número de manifestantes, y que consiste, como no podía ser de otra manera, en contarlos. La idea de ese método debió surgir por analogía con el chiste del que afirmaba saber cuántos indios venían mediante la sencilla operación de contar las patas de los caballos y dividir entre cuatro, pero en la manifestación del pasado sábado se pudo aplicar el método con más facilidad todavía: contando las cabezas que las cámaras cenitales, desde las alturas, registraban, a resguardo de que quedara por identificar algún que otro bajito. Así, no fueron dos millones los que salieron en Madrid a manifestarse contra el gobierno so capa de la reforma de la ley sobre interrupción del embarazo, como con evidente, disparatada y comprensible exageración declararon los organizadores, ni millón y medio, como asegura la Comunidad amiga de los organizadores, ni siquiera el par de centenares de miles que computaron algunos medios no tan amigos de los organizadores, sino unos cincuenta mil, sesenta mil a lo sumo, como ha resultado del cómputo fetén. ¿Quiere esto decir que los que había con Aznar llevaban menos razón? Pues no; la misma, Ni más, ni menos.

La culpa de esto, en realidad, la tiene el sufragio, que eleva institucionalmente a la categoría de «mejor» lo que decide la mayoría, cuando, en puridad, ni siquiera es una mayoría si se tiene en cuenta la abstención en todas sus formas. Bueno, la culpa no es que la tenga el sufragio, sino los que quieren ver en él un oráculo y en sus designios un dogma, pero el caso es que todo el mundo se ampara en su sacrosanta naturaleza, en su adoración al número, para, de alguna manera, sustituir el voto formal por su sucedáneo callejero o estadístico. Y eso es lo que hay.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído