Francisco Muro de Iscar – Problemas estratégicos, soluciones miopes.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Estamos discutiendo dónde ponemos el almacén de residuos nucleares y si conviene o no apoyarlos, en función de los votos que puede restar, hablamos de la Educación para la Ciudadanía o del trabajo de los jueces -«tres horas y media al día» dice el juez Gómez Bermúdez que debería saber de lo que habla-, del número de parados de cada mes, de cambiar el cálculo de las pensiones, del cierre imparable de medianas y pequeños comercios, de la caída del turismo, o peor, del descenso de los ingresos* y nos centramos en uno de esos debates cada día.

Pero esos no son los problemas, son la consecuencia del problema. Y si nos quedamos en ese pequeño debate lo que no hacemos es afrontar el problema de fondo. O los problemas, porque tenemos todos los que queremos. Problemas estratégicos, de fondo, de definición. Colocar el almacén de residuos nucleares en Ascó o en Yebra es una anécdota. El problema es que España no tiene un modelo energético y ni siquiera debate sobre ello. Ni un modelo económico que incluya aspectos tan básicos como la política industrial, la fiscal, la reforma de las pensiones o la reforma laboral. Ni tenemos un programa educativo o de I+D+i que se plantee dónde queremos estar dentro de quince o veinte años -lo de ahora tiene difícil solución a corto plazo-. La reciente oferta del ministro Gabilondo, que es de lo poco salvable del Gobierno, se aleja mucho de un posible pacto social y político por la educación. Es mucho más de lo que tenemos en los demás sectores, pero es un nuevo parche a un problema estratégico.

Tampoco tenemos una política de inmigración que se aleje de los bandazos permanentes, de las improvisaciones y de las decisiones a golpe de telediario. Y todo ello por no hablar de la justicia, donde son tantos los problemas y tan escasas las medidas, que parecemos haber renunciado a una justicia eficiente en tiempo y forma para los ciudadanos y, por tanto, no podemos hablar de justicia.

Todos éstos problemas, incluida posiblemente la organización eficiente del Estado, son problemas estratégicos que exigen respuestas globales y con garantías de perdurar en el tiempo, es decir, con acuerdos políticos y sociales que garanticen que no cambiamos el rumbo cada tres meses. A todo ello, los partidos están respondiendo con soluciones no sólo miopes sino partidistas, interesadas, parciales. Su beneficio antes que el de los ciudadanos. No es de extrañar que desde fuera, y desde dentro, se esté perdiendo la confianza en España y en sus instituciones. «La confianza, como el arte, decía el escritor Earl Grey Stevens, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas la preguntas». Aquí nadie quiere preguntas, sino obediencia ciega.

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