Fernando Jáuregui – Amaiur, el primer test importante.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

He hablado algunas veces con el nuevo portavoz parlamentario del grupo Popular, Alfonso Alonso. En un programa de televisión que compartimos, le pregunté el martes cuáles eran las instrucciones que Mariano Rajoy le había dado al encomendarle el importantísimo puesto de responsable de un grupo con mayoría absoluta en la Cámara Baja. Reconozco que me gustó la respuesta: Alonso habló de grandes consensos, de grandes pactos y de reformas en profundidad. No rechazó las insinuaciones de que sería conveniente acordar las reformas laboral, financiera, judicial, electoral y, por supuesto, la constitucional. Sin olvidar, claro está, seguir adelante con ese precedente que, personalmente, me alegró el fin de semana: ir con una sola voz a Europa.

Admito ser parco en el elogio, aunque a veces me deje llevar por un excesivo optimismo. Pero no puedo silenciar que me gustan los primeros pasos del victorioso Rajoy, por más que siempre haya que recelar de las mayorías absolutas, máxime si lo son en los tres niveles de la Administración, local, autonómica y central. No ha habido descalificación ni escarnio del contrario, hay muchas voces -me falta oir en profundidad la del propio Rajoy_ pidiendo concordia y caminar en una misma dirección, y los primeros nombramientos se caracterizan, entre otras cosas, por el talante conciliador de los designados.

Ahora queda ver cómo se aplica ese talante pragmático en la práctica. Hablo del primer test: de lo que pueda suceder con Amaiur. Lo sabremos en horas. Personalmente, pienso que se debería facilitar la formación de la mayor parte de grupos parlamentarios que fuese posible, para ordenar los trabajos de la Cámara y no formar un grupo mixto «inviable». Nos guste o no -y a mí, la verdad, bien poco–, la coalición que mejor entiende a ETA está a apenas décimas legales de poder constituir su grupo. La UPyD de Rosa Díez, también, dentro del complicadísimo galimatías reglamentista que permite que una formación con mayor votación que otra tenga casi la mitad de escaños. Pienso que el Partido Popular y su grupo parlamentario no deberían encerrarse en tecnicismos y dejar actuar a la política, facilitando el nacimiento de nuevos grupos, que es como decir de una mayor pluralidad política.

Pienso que Amaiur -conste que no quiero establecer ninguna comparación entre ellos y otros- acabará siendo una pesadilla para cualquier presidente del Congreso o del Senado; creo que nos enredará a todos en polémicas indeseables, en las que ellos tendrán la menor parte de la razón, según mi criterio. Pero ya basta de fomentar su victimismo; estoy seguro de que, en cualquier otra circunstancia, en la que el afectado fuese de otro signo, el grupo mayoritario admitiría en la Mesa de las cámaras hacer la vista gorda para que quien por poco no llega, llegue. No me creo una palabra sobre la «conversión a la verdad» de los integrantes de Amaiur, y eso que es un conglomerado en el que conviven gentes y tendencias políticas y hasta religiosas muy diversas; ocurre, empero, que, al margen de las barbaridades que propicia la normativa electoral, tienen votos suficientes para estar ahí, y ciego sería negarlo por principio.

Desde luego, no sería yo quien criticase que se permita a la coalición «abertzale» agruparse, sin necesidad de que acudan a argucias de leguleyos, en las que ellos, por cierto, tienen buenos maestros. Si muestran su voluntad de acatar las reglas y si han prometido la Constitución, por mucho que sea «por imperativo legal» y en euskera, deben quedar homologados, y, entonces, la eterna protesta de los que se dicen sojuzgados no encontrará, esta vez, pretexto.

Las grandes reformas habrán de hacerse. Pero yo, en este trance, empezaría, aunque sea por la vía de los hechos, por las menos trascendentes. La de los reglamentos de las cámaras legislativas, que van necesitando una buena mano de pintura, podría ser la primera. Ya hemos cometido bastantes errores regalando publicidad gratis a esta gente: ahora, facilitémosles que demuestren que son capaces de regirse por las reglas democráticas.

fjauregui@diariocritico.com

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