Fermín Bocos – Una muerte insoportable.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

La crisis nos está matando. La crisis y la dureza de un sistema de valores en el que parece que hemos perdido la noción del verdadero valor de las cosas. Aquí, mientras a los que llevaban a la bancarrota a las cajas de ahorro, los desaprensivos que durante años se han estado aprovechando de sus puestos en los Consejos de Administración (nombramientos a dedo y por cuota de partidos políticos y sindicatos) les hemos dejado irse de rositas, tendiéndoles puentes de plata en forma de jubilaciones multimillonarias, a los pobres desgraciados que no podían hacer frente a los vencimientos de una hipoteca les mandábamos a los guardias para que protegieran a los funcionarios del juzgado que venían a ejecutar un desahucio. Algunos no lo han podido resistir.

Ha sido el caso de Miguel, un trabajador de 54 años que vivía en el barrio granadino de La Chana. En 2007 había firmado una hipoteca de 240.000 euros cuyos plazos no podía pagar. Miguel, que debió vivir sus últimos días hundido en la depresión que provoca la amargura y la soledad, no le dijo a nadie -ni siquiera a sus familiares- lo mal que lo estaba pasando ni lo que pensaba hacer. El caso es que para vergüenza de quienes ejecutan las órdenes de desahucio en nombre de entidades bancarias a las que se está rescatando de sus pufos con el dinero de todos, cuando la comisión judicial llegó a las puertas de la casa de Miguel, el desgraciado al que iban a echar a la calle, en lo que para mí fue un último gesto de dignidad, un grito de alerta y repudio hacia esta sociedad nuestra tan dura, tan deshumanizada, se les había anticipado ahorcándose en la trastienda de su pequeño comercio. Ha sido una muerte insoportable.

Pero que nadie espere que se disculpen quienes reclamaban la deuda a Miguel; ni los magistrados del CGPJ que esta misma semana rechazaron un informe que instaba al Gobierno a cambiar una ley de 1909 que regula los desahucios; ni los políticos -socialistas y populares- que en 35 años de democracia no han sido capaces de implantar la dación como forma de saldar las deudas hipotecarias que acogotan a los más débiles. La trágica muerte de Miguel, el modesto trabajador de Granada, debería hacernos reflexionar a todos. Al principio, en Túnez, tampoco le dieron importancia al suicido de un humilde vendedor callejero de pan.

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