Escaño Cero – Paciencia.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy nos pide paciencia. La respuesta es obvia: puede pedirnos que nos aguantemos, que apretemos los dientes y continuemos soportando los estragos de la crisis, pero paciencia, pedir paciencia es un sarcasmo. No se puede pedir paciencia a quien está en el paro. No se puede pedir paciencia a los jubilados que mantienen a hijos y a nietos con su exigua jubilación. No se puede pedir paciencia al joven que ha terminado la carrera y tiene que decidir entre formar parte de las estadísticas de parados o emigrar.

Pero el presidente pide paciencia y añade que su gobierno hace previsiones a la baja pero que eso no significa que las cosas vayan a ir tan mal como nos las pintan. Rajoy, de paso, defiende a sus ministros y alaba de ellos el «pundonor» con que están haciendo frente a la situación. Por eso, ha dejado dicho que piensa seguir tirando millas con su actual Gobierno. ¡Que Dios nos coja confesados!.

Lo cierto es que al día de hoy son pocos los ministros que cuentan con el aprobado de la calle. Sin duda la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría sale bien parada en la apreciación ciudadana. De Sáenz de Santamaría se piensa lo mismo que se pensaba de Teresa Fernández de la Vega: que es seria, trabajadora, rigurosa en todo lo que hace, y en su caso, una parlamentaria brillante. Pero por más que se esfuerce, a ella sola no puede cubrir todos los frentes. Eso sí, Ana Pastor, ministra de Fomento, también está entre los miembros del Gobierno que gozan de fama de trabajadora y solvente. De Pedro Morenés, el titular de Defensa, apenas sabemos nada. Es un ministro mudo. Mientras que Fátima Báñez cada vez que habla exaspera al personal. Es una ministra faltona, con poca cintura, y escasa capacidad para negociar. Defiende sus fracasos atacando al adversario. En cuanto a Luis de Guindos no parece haberse hecho con las riendas de la economía de nuestro país, y más parece un recadero de la UE que un ministro del Gobierno de España. Por su parte Cristóbal Montoro también nos está dando más de un disgusto, como su famosa amnistía fiscal con la que ha premiado a los defraudadores o su negativa a realmente fiscalizar a quienes más tienen mientras que sube los impuestos a las cada vez más paupérrimas clases medias.

De Ana Mato que decir. Por vergüenza torera debería de haber dimitido o deberían haberla cesado hace tiempo. José Ignacio Wert también esta ahogando el mundo de la cultura y con la educación no termina de saber qué hacer. El titular de Agricultura, el ministro Arias Cañete, apenas se deja ver y cuando lo hace nos recomienda comer yogures caducados. García Margallo, titular de Exteriores, parece que va por libre. Y el ministro del Interior, Jorge Fernández, hace lo que puede, pero a veces parece desbordado. En cuanto a Alberto Ruíz Gallardón ha decidido meterse en todos los «charcos». Todas sus reformas tienen un tufillo claramente regresivo.

Vamos, que no sé si al presidente, pero desde luego a los ciudadanos nos vendrían bien otros ministros, políticos que supieran de verdad lo que tienen entre manos, capaces de solucionar los problemas, los gravísimos problemas de la sociedad. Pero Mariano Rajoy ha preferido pedirnos paciencia. Me temo que cada vez nos queda menos paciencia a los ciudadanos.

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