Fermín Bocos – Rectificar es de sabios.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Lo peor de lo que está pasando en España es que para afrontar la gravísima situación de paro, recesión, deuda y déficit que amenaza con hundir definitivamente al país, lo único que ofrece el Gobierno es resignación y paciencia. Pide paciencia y a cambio anuncia más de lo mismo. Más medidas en línea con las que hasta ahora no han conseguido otra cosa que agravar la sangría del paro, generar más cierres de empresas -incapaces de sobrevivir al fuego cruzado de la subida de impuestos y falta de crédito- y colocar la deuda del Estado en la frontera del 100 por ciento del PIB. Mariano Rajoy dice estar satisfecho del trabajo realizado por sus ministros, en especial los del área económica. Debe ser el único español que está contento porque al resto no nos llega la camisa al cuello. Quien tiene trabajo porque teme perderlo y quien no lo tiene porque ya sabe que no lo encontrará ni este año ni el que viene -son palabras del propio presidente que no prevé que vaya a crearse empleo hasta finales del 2015-.

Visto el fracaso de las medidas aplicadas hasta la fecha, buena parte de los economistas del país coinciden en señalar que subir los impuestos fue un error que lastra la recuperación de la actividad económica. Aún así, el Ejecutivo no va a dar marcha atrás. Todo lo contrario, anuncia nuevos gravámenes. El resultado del cuadro es el que conocemos. Frente a él y como intento desesperado de levantar una cortina de humo se escuchan las voces de los propagandistas diciendo que estamos donde estamos porque el gobierno anterior dejó la peor de las herencias. Siendo cierto que Zapatero fue un desastre, no lo es menos que quince meses después ya no vale como excusa hablar de la herencia recibida. A Zapatero ya le juzgaron las urnas en la persona de Alfredo Pérez Rubalcaba y al PSOE le siguen sentenciando las encuestas, así que ese argumento redentor es un tren circulando por una vía muerta.

A la vista del crecimiento del número de parados y de que la reforma laboral solo hace que facilitar despidos pero no crea puestos de trabajo, el Gobierno tiene la obligación de revisar su política. No hacerlo conduce directamente a más paro y más desesperación. Salvo el coro seráfico de quienes se molestan cuando a Mariano Rajoy se le recuerdan sus promesas electorales, parece obligado insistir en que el PP tiene que llevar a la práctica la comprometida reforma de la Administración. La poda de las administraciones escalonadas que se solapan y la de las empresas públicas que son el refugio y canonjía de los afines políticos. Qué decir de la tropa de asesores ¡20.000! en un país en el que sobran servidores del Estado. El Gobierno tiene tiempo para rectificar el rumbo. La hoja de ruta la tiene a mano: bastaría con que Mariano Rajoy cumpliese el programa con el que se presentó y ganó las elecciones. Rectificar es de sabios.

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