Andrés Aberasturi – Aquellos trapos sucios del PP


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Cantaba Serrat: «hoy puede ser un gran día, plantéatelo así». Y no sé si lo va a ser o no -imagino que para unos sí y para otros no- pero desde luego la expectación es máxima frente a la Audiencia Nacional. Y las cosas se complican para el PP porque, como humildemente dijimos algunos hace mucho, sostener una versión de las cosas que no es cierta, lo único que hace es complicarla más, agravar más una herida que tratada como mandan los cánones de la ética desde el primer día, hubiera sido, sin duda, menos traumática.

Ignoro quién aconsejó en Génova a un siempre indeciso y taimado Rajoy la política de sostenerla y no enmendarla, pero quien fuera, se equivocó; como se equivocó el presidente del Gobierno cuando tuvo que decidir entre los presuntos implicados y amigos del ex tesorero y quien tenía claro en el PP que había que acabar de forma inmediata con el «caso Bárcenas» para que no se convirtiera en el «caso PP».

La historia se ha contado mil veces -con matices, claro- pero el primer capítulo después de Gürtel se titulaba «De cómo había amasado una fortuna semejante y la mantenía oculta fuera de España, un empleado de un partido por muy alta nomina que tuviera». Del sueldo de Bárcenas, no podía salir, tacita a tacita, aquella cantidad de millones. ¿Por qué no se hizo caso entonces a los pocos que, desde dentro del partido, pedían un puñetazo sobre la mesa y un «hasta aquí hemos llegado»?

Pues me malicio que el pusilánime Rajoy escuchó con más agrado los cantos de sirena de quienes habían acompañado a Bárcenas en sus negras aventuras y se habían lucrado con sus chanchullos y creyó que aquella bomba de relojería, como le decían, se iba a desintegrar poco a poco. Y no sólo no fue así sino que -como también se le dijo- el «caso Bárcenas» se convirtió en el «caso PP» formándose un río de aguas turbulentas en el que conviven cuestiones éticas, jurídicas, presuntos delitos unos prescritos y otros no, una hipocresía de tamaño natural y la oportunidad de terminar con Rajoy quizás de forma inmediata porque a medio plazo Mariano Rajoy ya no cuenta, no va a contar porque de tanto «manejar» los tiempos, se ha terminado ahogando en su propia indecisión calculando el oxígeno que le quedaba: le han pinchado la escafandra los amigos de Bárcenas, los que nunca han dado la cara, y ha tenido que poner la otra mejilla quien menos se lo merecía porque desde el principio se opuso a los manejos del ex tesorero. Pero ya se sabe que donde hay presidente no manada secretario/a.

Lo que eran trapos sucios del PP -cuando hablaba antes de hipocresía me refería a la financiación de los partidos, sindicatos y patronales- han contaminado toda la colada y han desteñido hasta la ropa blanca -que la había- en la sede de Génova. ¿Cómo salir de esta? Habrá que esperar y saber lo que dicen unos y otros: que Arenas ha sido el gran valedor de Bárcenas, lo sabe todo el mundo, como todo el mundo sabe que Cospedal ha sido su peor enemiga.

De Cascos, que lo controlaba todo, se puede esperar cualquier cosa porque no sólo no está en el PP sino que ahora está situado contra el que fuera su partido. Habrá que esperar y poner el cronómetro en marcha para saber quién acaba primero, si Alaya, con los EREs de Andalucía, o Ruz con lo que hoy nos ocupa y sus piezas separadas. Triste carrera para un país con seis millones de parados.

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