Andrés Aberasturi – Lo de Cataluña, hoy no toca


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Estoy hasta el gorro de varios conceptos que siempre surgen en momentos críticos de tensión y que están presentes en la verborrea tan fácil como vacía de los que se enrocan en un buenismo hueco porque no se atreven a comprometerse; estoy harto de la «generosidad», de la «flexibilidad», de la «asimetría», de la «profundización» y, si me apuran estoy harto del «diálogo», todo, naturalmente, entrecomillado y en el contexto al que se aferran a esas palabras quienes las esgrimen una y otra vez sin ninguna convicción y, lo que es peor, sin ninguna explicación.

Cuando en determinadas ocasiones se oye hablar de «generosidad» en política o economía, lo que se está anunciando es un trato desigual en el que habrá ganadores (ganador) y perdedores y se utiliza un concepto tan hermoso como el de la generosidad cuando habría que hablar de cesión, de apaño, de mercadeo etc.

Otro tanto pasa con la «flexibilidad», tan necesaria en la vida cotidiana, pero que utilizada en el discurso político lo que esconde es que a los que más gritan vamos a darles más para ver si así se callan, algo muy parecido a la «asimetría» que no es sino el reconocimiento de lo evidente: no todos podemos ser iguales ni tenemos las mismas necesidades.

Pero cuando esa realidad se aplica políticamente en la España actual, lo que viene a encubrir es que unas autonomías van a tener más derechos que otras y van a ser tratadas de forma distinta porque resultan más conflictivas.

Y llegamos a la «profundización». Eso se da cuando a vista de pájaro e incluso de calle, la mayoría coincide en que en algunos sitios se están abriendo heridas distorsionando la realidad y la propia Historia.

Como la cosa resulta tan clara, siempre hay quien propone «profundizar» a ver si, horadando en el subsuelo de la evidencia encontramos algo que disimule lo que no es sino la negación de los hechos.

Y por fin el tan necesario «diálogo»; eso que en el resto del mundo se entiende como un intercambio de ideas con el fin de llegar a un acuerdo, aquí, no se sabe muy bien por qué, se confunde con esa contradicción que es un permanente monólogo a dos voces en el que, ya de entrada, los participantes anuncian que no piensan cambiar nada o ponen unas líneas rojas tan exageradas que cualquier intento de unos se estrella contra el muro del otro.

No entiendo cómo el problema planteado por Mas, el derrotado, puede generar tantísima polémica, tantísima tertulia mientras se congelan los sueldos de los funcionarios, no baja el número de parados, aumenta hasta cifras insospechadas en un país como el nuestro la malnutrición infantil y se cierran hospitales.

Todo el conflicto creado por el derrotado Mas, habría que zanjarlo con un «hoy no toca» porque el estado español con Cataluña dentro, tiene demasiadas cosas más importantes y más urgentes que resolver que los deseos de una secesión hoy por hoy inviable.

Qué vale, que ya hablaremos del tema y nos escribiremos muchas cartas y oiremos muchas voces y veremos muchas banderas independentista y muchos abucheos y todo eso; pero es que hoy no toca. Hoy vamos a salir de la recesión, aumentar el PIB, crear puestos de trabajo, no cerrar hospitales, mejorar la educación, ayudar a los cada vez más pobres y equilibrar aunque sea un poco la balanza de la crisis.

Cuando el Estado, Cataluña incluida, se haya estabilizado, hablamos de lo suyo. Y ya está. Fin.

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