El Gobierno rentabiliza el maltrato al ciudadano.


Entre ciudadanos formados, informados, cabales, decepcionados y preocupados a la vez, circulan frases como “a quién votamos”, “cuál es la alternativa” o “todos son iguales”. Para muchos votantes de la derecha, léase Partido Popular –a falta de otra opción— este último dicho es el más descorazonador, porque, hasta hace poco, cuando algún desencantado lo pronunciaba solíamos replicar aquello de “sí, pero unos, más iguales que otros”, frase que compendiaba una serie de valores/virtudes innegociables e inmutables. Pero la triste verdad es que debemos resignarnos a admitir que estábamos equivocados y que nos tenían engañados, por mucho que sus líderes y los Marhuendas de turno se empeñen en disfrazarnos la verdad y disfrazar la evidencia. Y no me refiero a la financiación ilegal. Es vox populi que todos los partidos se financian de igual manera y que los fondos salen de las mismas empresas. Y también que hay una relación directa entre las aportaciones y las adjudicaciones. ¡No seamos hipócritas!

Otra cosa es el tema de los sobres, las mentiras descaradas, y sobre todo el atropello a los ciudadanos más desfavorecidos, y el abuso del eufemismo que creíamos privativo de la izquierda. Si el gabinete de Zapatero se licenció en el arte del eufemismo, el Gobierno hizo un doctorado. Oír a Montoro, a Báñez o a Mato mentirnos en nuestras caras como si fuésemos tontos es para echarse a llorar, o mejor aún, para pedir que nos devuelvan el voto. Pero nos tienen cogido el tranquillo y confían en que el tiempo lo olvide todo. Sobre todo, si poco a poco van imponiendo la mordaza.

Al Partido Popular no le gusta el debate político y ha empezado a meter sus garras imponiendo la censura. Lo ha hecho con el debate de Tele 5 de los sábados. No sé cuánto ingresó la cadena privada a cambio de suprimir el programa de Jordi González, lo mejor de la parrilla, todo hay que decirlo. Al PP no le gustaba que se diera voz a Revilla, a los desahuciados, o a los que malviven y a sus defensores y decidieron cortar por lo sano. Bastaron un par de reuniones entre Mariano Rajoy y Paolo Vasile para ver los frutos. El Gran debate pasó a mejor vida. “Mejor contenidos de entretenimiento”, propuso Rajoy, es decir, más telebasura y nadie mejor para conducir el nuevo espacio que la incombustible Emma García, experta en traspasar los límites del buen gusto. Lo que no se debate no existe, y cuanto más se idiotice al personal, mejor. Queda ahora la mutilación de La Sexta y sabemos que andan negociando contenidos y contertulios.

Sin embargo, el PP sube, aunque se me hace difícil creer el sondeo de Metroscopia publicado hoy por el diario El País. Si el maltrato sufrido por la ciudadanía los últimos meses, el Gobierno es capaz de rentabilizarlo con una recuperación de cinco puntos, ¿cómo se entiende esto? Aunque nos creamos los buenos datos de la macroeconomía –que sobre eso habría mucho que hablar—, esa bonanza no habría sido por la buena gestión del gabinete de Rajoy, sino por habernos recortado hasta la extenuación –subida de impuestos, pensiones congeladas, funcionarios sin paga, recortes a los dependientes, copago farmacéutico y sanitario, supresión de vacunas infantiles, reducción de médicos y enfermeras, cierre de plantas de hospital, eliminación de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes, reducción de docentes y de becas, subida de tasas universitarias y judiciales…— mientras ellos siguen a cuerpo de rey en su burbuja, lejos de la plebe molesta. Por eso no entiendo que el Gobierno recupere cinco puntos. A no ser que nos vaya la marcha, que seamos masocas, vaya. No quiero pensar que estemos empezando a padecer el síndrome de las víctimas del maltrato, que se aferran a su verdugo y lo justifican.

En estos veinte meses largos, el Gobierno nos ha demostrado que carece de empatía y que el bienestar de los ciudadanos le importa poco. Por eso se me hace difícil creer en este repunte inesperado, máxime cuando además de todo lo dicho se columbra una nueva subida de IVA. Y claro, de los socialistas ¡ni hablar! Y de coaliciones de izquierdas, menos. ¿Qué hacemos? ¿Estamos condenados a ser un país sin esperanza? ¿Podemos creer en algún político? Me gustaría pensar que sí

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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