Más que palabras – Tertulia en Ferraz


MADRID, 08 (OTR/PRESS)

Mi colega, Lucía Méndez, ha dicho, con cierta sorna pero cargada de razón, que lo que vimos el lunes en la sede socialista de Ferraz no fue un debate entre candidatos, sino una tertulia entre compañeros, un intercambio de pareceres, una sucesión de opiniones, un compendio de propuestas y, en definitiva, un encuentro entre iguales, con apenas pequeñas diferencias en los matices. Es verdad que de allí no salieron grandes titulares y que el cara a cara se podía haber organizado de otra manera, que le hubiera dotado de mayor contenido, pero como cualquier cosa novedosa se puede ir perfeccionando poco a poco. El PSOE es un enfermo grave, que necesita algo más que un analgésico para recuperarse y el mérito esta no sólo en hacer un buen diagnóstico, sino en acertar con el tratamiento.
Es verdad que a los viejos del lugar este proceso que conduce al partido hacia las primarias abiertas a militantes y simpatizantes les parece casi esperpéntico, acostumbrados al férreo control del partido a través de los ahora denostados «aparatos». Es verdad que para algunos instalados en los antiguos modos de liderar un partido político, lo que estamos viendo no deja de ser una pasarela de candidatos, una operación de marketing, pero lo cierto es que los nombres y las caras si cuentan en contra de lo que algunos predican. ¡Claro, que la política no es cosa de guapos o feos, sino de buenos o malos dirigentes, de buenas o malas formas de cumplir el mandato de los ciudadanos, pero la imagen no es una cosa menor en los tiempos que corren. Y no me refiero a la imagen física, que también puede influir, sino sobre todo a la imagen mediática, a la forma en que los nuevos políticos hacen uso de las nuevas herramientas. La televisión, el Twitter, el Facebook…. son aliados perfectos para movilizar el voto sobre todo entre la gente joven, la que nunca se ha acercado a las urnas y cerrar los ojos a esta nueva realidad no sirve de nada, salvo para regodearse en un pasado que no volverá.
A mí el fenómeno «Podemos» no me inquieta en absoluto. Es más me gusta que aparezcan nuevas opciones políticas porque es una forma de enriquecer la participación y la democracia más allá de que puedas o no compartir sus propuestas. Me inquieta mucho más la apatía, la aparente indiferencia, la complacencia con la corrupción, el letargo en el que se han instalado los dos grandes partidos llamados a gobernar este país. La aparición de nuevas formaciones, a la izquierda o la derecha, hará sin duda que los grandes se pongan las pilas y eso no puede traer nada malo.
Por eso es muy loable que Eduardo Madina y Pedro Sánchez, aspiren a recobrar la ilusión perdida de un partido que ha pasado de 11 millones de votantes en el 2008, a 3 millones y medio de las últimas elecciones europeas. Alguien tiene que parar esa sangría si no quieren que otros por la izquierda les coman la merienda y más allá de lo que finalmente resulte de las primarias. Todo este proceso ya ha servido de entrada para movilizar a unas bases tan alejadas de sus dirigentes como el resto de los ciudadanos. Es verdad que el debate de los tres candidatos a la secretaría general fue de guante blanco, que hubiera sido muchísimo mejor hacerlo más ágil, que no deberían de haber sido ellos mismos sino una elección aleatoria e independiente quien seleccionara a los militantes que estuvieron presentes y que desde luego las preguntas no deberían haber sido pactadas. Todo eso es cierto, pero si escudriñas en los matices del debate, encuentras divergencias muy interesantes entre Madina y Sánchez -los dos que tienen más posibilidades- y también puedes observar los dardos envenenados que se lanzaron a la cara.
Si de muestra vale un botón sólo ver lo que ambos opinan de Cataluña, uno de los temas más calientes de la política: «no entraré en una discusión sobre el perímetro de las naciones ningún día de la semana. No voy a decir que España es una nación los lunes y dos naciones internacionales los jueves, siempre lo mismo» dijo Madina, echándole a la cara a su adversario que dijera que Cataluña es una nación y luego rectificara. Por su parte Sánchez hizo lo propio: «Discrepo con Madina. No creo que se tenga que hacer un referéndum en Cataluña ni pactado ni legal», cosa que había dicho el vasco desdiciéndose después. Sea como fuere la suerte está echada y ojalá el PSOE encuentre un líder que le saque del agujero porque eso será bueno para la Democracia y también para España.

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