Cayetano González – El músculo de podemos


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

El partido liderado por Pablo Iglesias salió a la calle el pasado sábado en Madrid e hizo su particular demostración de fuerza en un espacio limitado por dos sitios de esos que se suelen llamar emblemáticos: la Plaza de Cibeles -donde los aficionados del Real Madrid celebran sus títulos futbolísticos- y la Puerta del Sol, lugar donde aparte de darse las doce campanadas en la última noche de cada año, suelen terminar muchas manifestaciones de distinta índole. Si hubo 100.000 manifestantes, como dice la Policía, o 300.000 como remarcan los convocantes, me parece a la postre lo menos relevante. En cualquier caso hubo mucha gente y Podemos dejó claro algo que por otra parte ya se sabía: su capacidad de movilización, sobre todo a través de las redes sociales.
Hay otros aspectos de esta movilización del nuevo partido que me parecen más relevantes. Por ejemplo, la ausencia total de banderas de la España constitucional. Si las hubo republicanas, de algunas Comunidades Autónomas e incluso de Grecia donde acaba de ganar las elecciones el partido hermano de Podemos, Syriza. ¿Tiene algún significado esa ausencia de banderas de España? Pienso que pone de manifiesto que el concepto de patria, de nación que tienen los dirigentes de Podemos y probablemente muchos de sus potenciales votantes dista mucho del que se ha ido labrando tras la transición política y la aprobación de la Constitución de 1978. Lo mismo sucedió con muchos de los gritos y consignas que se oyeron en la marcha que recordaban más bien a las épocas más oscuras la reciente historia de nuestro País.
Podemos no busca la reforma, la regeneración de nuestro actual sistema democrático. Quiere la ruptura y lo que los ciudadanos tienen que preguntarse es si es eso lo que necesita en el momento actual España. Podemos, y no es un juego de palabras, estar de acuerdo en que el grado de cabreo ciudadano contra la actual clase política es muy grande: la corrupción a todos los niveles es la principal causa de ese estado de crispación social, aunque no la única. Podemos pensar, parece obvio, que es urgente y necesaria una regeneración de las Instituciones, un cambio en la forma de funcionar los partidos políticos, haciendo que sean más democráticos y menos endogámicos. Todo eso y mucho más puede ser necesario y urgente. Pero dar el salto de la reforma, de la regeneración, a la ruptura parece mucho salto, con unos riesgos y unas consecuencias que si se pueden prever. En los próximos meses, los ciudadanos van a tener la oportunidad de pronunciarse al respecto en diversas consultas electorales de carácter municipal, autonómico y nacional. Y son ellos los que tendrán la última palabra. Quizás nunca como en la actualidad, habrá que pensar muy bien a quien se vota y lo que se vota. Sobre todo, para que luego nadie se llame a engaños.

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