Carta abierta a la abortista Carolina Bescansa, diputada del partido antivida de izquierdas Podemos.


Me dirijo a ti para decirte que como manipuladora no tienes precio. Si hubieras vivido en Alemania, en la etapa del Tercer Reich, Goebbles te hubiera contratado para su gabinete de propaganda. Hay que reconocer que vuestro golpe de efecto fue magistral, aunque condenable y deplorable. Creí que ya lo habíamos visto todo de ti a través de tus intervenciones, basadas en la mentira, el eufemismo y la falacia. Pero no. Has sido capaz de acudir al Congreso con tu bebé, para dar la nota, para captar la atención de cámaras y periodistas. ¡Qué detalle tan chusco el de tu camarada Iglesias, arrullando al niño! Sé que nada fue al azar, que todo fue minuciosamente estudiado para conseguir el efecto deseado. No sé si sabes que utilizar y sobreexponer a un bebé para obtener un beneficio es una inmoralidad; y si es legal, debe ser por algún vacío de los que tanto gustan a nuestros legisladores. Claro, entiendo que para ti, que militas en la ideología de la antivida, los bebés son cosas, y que una vez concebidos, si conviene se tienen y si no, se tira de cureta, y a la trituradora; o dejamos que la empresa abortista los venda como ingrediente para cosméticos.

No sé si te habrá llegado la noticia de que tus compañeros de ideología abortista canadienses están proponiendo el infanticidio por ley, es decir, carta blanca para asesinar a los niños que nacen con algún defecto que haya pasado inadvertido en los análisis de criba prenatal. Eso sí, será bajo el eufemismo “aborto postnatal”. ¡Qué fuerte! Aunque hay que denunciar que esto ya se está haciendo “de facto” desde hace tiempo.

Toda acción descabellada va precedida de un pensamiento no menos delirante. Así, los eminentísimos científicos ganadores del Nobel por el descubrimiento del ADN, Alan Watson y Francis Krick proponían ideas atentatorias contra el derecho natural. Señala Watson que “se debería tomar en consideración la idea de privar de su personalidad jurídica al recién nacido hasta tres días después de nacer. Los padres que sospechen anormalidades fetales pueden abortar legalmente, pero la mayor parte de los defectos de nacimiento no son descubiertos hasta el momento mismo del nacimiento”. Por si esto nos pareciera exagerado, su compañero de Nobel, el doctor Crick pone el broche con estas palabras: “Los niños no deben tener la categoría de personas completas hasta los tres años. Entonces, un tribunal competente compuesto por tres médicos dictaminará si es apto para seguir con vida”. El niño de Carolina Descansa aún no superó este plazo.

Los que profesáis la ideología de la Cultura de la Muerte amparáis el gran negocio del aborto e impedís que se publiquen especímenes en las revistas científicas sobre las secuelas que padece la mujer después de tan abominable acción. Por eso el Síndrome postaborto (SPA) no está categorizado.

Está bien que no hayas abortado, dado que, según tú y los que así pensáis, os creéis con el derecho a decidir quién debe vivir y quién no. Como no creéis en Dios, os creéis dioses. Así que hay que felicitarte por haberle permitido vivir a tu niño. Al menos a él le has respetado el derecho a la vida que no defiendes para todos los nascituri concebidos. Cada vez que veo a una proabortista mecer a un bebé –y hoy me pasó contigo—, me estremezco, porque no puedo evitar imaginarla tumbada en una camilla abierta de piernas, mientras un abortero sin alma intenta a través del ecógrafo, sujetar la cabecita de su hijo para cortarlo en pedazos y echarlo al tanque de los desperdicios. En ese momento pienso: “Dios mío, está vivo por los pelos”.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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