El terrorismo y los que lo utilizan para sus fines siniestros.


Los atentados de Niza del 14 de julio volvieron a recordarnos que esta aldea global de hormigas locas, sin tiempo para pensar, se ha convertido en un campo de minas por donde, muy pronto, pasear será poco menos que cosa de valientes, sobre todo, en las grandes ciudades. Para nuestra desgracia, el terrorismo marca actualmente la hoja de ruta de gobiernos y ciudadanos. Quiero referirme a los terroristas fanáticos reales, que ponen bombas y asesinan, y a los que tras bambalinas mueven los hilos y se aprovechan de esta lacra para sus fines ocultos, cada vez más a la vista.

Caben varios análisis, dependiendo de los datos que cada analista guarde en su archivo, y todos constituyen piezas de este complicado puzle. El más simple es el que se puede oír en cualquier conversación de oficina o de bar: que los musulmanes nos han invadido y han importado su “sharia”, que se llevan el dinero de nuestros impuestos en ayudas, que han colapsado la Sanidad, que con los refugiados han entrado terroristas, y un sinfín de razones, casi todas válidas, pero incompletas, tesis defendida también por algunos medios y periodistas conservadores. El proyecto de islamización de Europa está sobre la mesa y cada vez más consolidado. Está, por otro lado, el análisis progre, que culpa a Occidente de la situación; esto también encierra su dosis de verdad, aunque de la manera simplista que lo plantean, dista mucho de ser la causa completa, si bien la toca tangencialmente. Solo hay que recordar quién aprovisionó de armas y ha engordado a Isis para acabar con Al Assad y así justificar los “santos y necesarios” bombardeos. Los Estados Unidos, tan venerados por algunos –y por mí en lo que tienen de venerable; no soy antiyanqui—, y todos sus amigos, entre los que nos encontramos, de una manera u otra, llevan años enredando en Oriente Próximo, por el asunto del crudo, del gas, de territorios estratégicos y de otras razones menos razonables económica o políticamente. Y es aquí donde entra otro de los flecos del análisis, el más profundo y de mayor alcance. El terrorismo yihadista está siendo hábilmente utilizado para cercenar nuestras libertades y hacernos cada vez más esclavos del sistema. Aparte de tratados injustos, inhumanos y antidemocráticos como el TTIC y otras ocurrencias más propias de una noche de borrachera que de gente cabal, es necesario crear el caos total; y, por desgracia, ya va faltando menos para que los señores del rebaño encuentren la conjunción propicia para instaurar medidas antipopulares, pero que serán bien recibidas –incluso aclamadas— por la masa, siempre dócil y dispuesta a rendirse ante el Papá Estado. En la agenda de medidas está la colocación obligatoria del chip, así el rebaño está debidamente controlado y defendido del lobo. ¡Del lobo y de la libertad! La metáfora no deja de ilustrar una triste realidad. Cada vez somos más prisioneros del establishment, por mor de los terroristas, de quienes los financian y proveen de armas, y por culpa de los políticos de “todo a cien”, sin agallas ni moral.

Por todo esto, sabiendo que “casi nada es lo que parece” y analizando las mentiras de la historia en cuanto a magnicidios, causa de las guerras y bombardeos, cada vez que se produce un nuevo atentado terrorista, instintivamente nos hacemos la socorrida pregunta: “cui prodest”. Se ha hecho común que los que nos hemos acostumbrado a analizar no solo el hecho en sí, sino las causas de las causas de los hechos, cada vez que se produce una masacre, nos asalta la idea de un nuevo atentado de falsa bandera, como el 11S, el 11M, Bruselas o París, a los que nos han acostumbrado. Lo de Niza, aunque con algunas lagunas, parece que se ajusta a la versión oficial. Llama la atención, no obstante, que, una vez más, hayan aparecido armas falsas y documentación nueva, y que al conductor del camión se le haya abatido a tiros, con lo cual queda cerrada la fuente de los datos, si bien está justificado, pues había que detener el vehículo.

En cualquier caso, hace algunos meses escribí en una de mis columnas: “Hay que recordar que la precuela de este novelón no se hubiera escrito sin la colaboración de Estados Unidos –siempre al servicio de los sionistas del NOM—, tras el autoatentado a las Torres gemelas, pretexto para la invasión de Irak, tras el bulo de las armas de destrucción masiva, el bombardeo a Libia después, seguido del rosario de guerras y guerrillas hasta acabar en Siria a cuyos alzados contra el gobierno de Al Assad proveyó de armamento”. Aun así, hay que reconocer que Estados Unidos está tratando de llegar a un acuerdo con Rusia respecto a Siria.

Mientras tanto, Hollande continúa con la operación Sentinel, Francia al borde de una guerra civil, según el jefe de Inteligencia, Patrick Calvar, y Erdogan, tras el fallido golpe de Estado, seguirá chantajeando a Europa y cosechando enemigos, que es lo suyo. No quiero ser apocalíptica, pero creo que nos esperan tiempos difíciles.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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