YOUTUBE HACE APOLOGÍA DEL ABORTO Y AMORDAZA A LOS DEFENSORES DE LA VIDA

El aborto es un genocidio legal, pero la censura no permite decirlo

El aborto es un genocidio legal, pero la censura no permite decirlo

Decir que YouTube es una plataforma al servicio del sistema no es ninguna novedad. Que se lo pregunten si no a los propietarios de canales que desde marzo de 2020 se dedican a destapar la gran mentira de la pandemia, divulgando información alternativa, fruto de la investigación libre e independiente. La guerra contra ellos es encarnizada; sus programas son automáticamente eliminados y sus protagonistas penalizados. Ahora bien, la censura sobre ciertos asuntos “delicados” ya existía antes de la pandemia, punto de salida a la dictadura de la nueva normalidad; inicio del estriptis de los poderes del mundo, ante una sociedad borracha de telebasura y palomitas bien aderezadas con aditivos tóxicos aunque legales.

Los defensores de la vida siempre han visto coartada su libertad de expresión, y desde el 2004 –inicio de la pendiente resbaladiza hacia el caos—, es imposible tratar ciertos temas, como el aborto o la ideología de género con sus diversos flecos foucaultianos, como no sea para defender el derecho a eliminar seres humanos.

Unos dos años antes de iniciarse oficialmente esta era distópica, de acoso y derribo contra la humanidad, miles de páginas que circulaban fuera del carril del pensamiento único, fueron eliminadas, entre ellas las de Mindalia TV. No se trataba de fórmulas para hacer bombas u otro tipo de armas para el mal, sino de monográficos sobre temas espirituales, de nutrición, esotéricos o de técnicas de crecimiento personal.

He sufrido en mis carnes la censura, pero nunca me he arrodillado antes los censores ni he vendido mi alma al diablo. Aunque no lo tengo por costumbre, debo reconocer que sí he practicado la autocensura, como método de supervivencia; en algunos casos, para huir del algoritmo perseguidor, por ejemplo en Facebook, otra de las plataformas del sistema, guardián del orden constituido y esclavo de los modernos negreros; o en Linkedin, algo más libre, pero igualmente inflexible ante determinadas líneas de pensamiento. Mientras estuve activa en estas plataformas, nunca me habían penalizado, a pesar de mis textos críticos contra lo políticamente correcto, especialmente cuando empezó la crisis covidiana con toda su parafernalia psicótica. Dejé de publicar voluntariamente –como un acto de rebeldía— al ver que varios facebookeros habían sido sancionados. Curiosamente, más de un año después me llegó un aviso de suspensión de uno de mis posts por infringir la normas internaciones y publicar información contraria a la oficial. “A buenas horas”, pensé. No fue una acción directa, sino una especie de carambola: un amigo puso un “me gusta” en esa entrada, lo penalizaron y, de paso, a mí. No me importó, pero no deja de ser curioso.

Hablo de la censura a propósito de una noticia de esta semana sobre la restricción de información provida y vídeos sobre el aborto en la plataforma YouTube, advirtiendo que se reservan el derecho de incluir enlaces a favor del aborto, defendiendo la opinión oficial y demás mentiras del gran imperio de la Cultura de la muerte. Hace años que defender la vida genera represalias.

Genocidio legal era uno de los títulos alternativos del libro que publiqué sobre el aborto en el 2009. Considerando que en él se cuestiona la implicación en el aborto de muchas de las instituciones socialmente intocables, yendo de frente además contra la manipulación de las políticas de género y los planes de acción para implementar la salud reproductiva allí donde hace falta educación y agua potable, el título Déjame nacer me parecía demasiado suave; demasiado azul y rosa para un texto que rezuma rojo y negro, si se me permite la metáfora cromática.

Confieso que me faltó valor para plasmar en la portada, con dos palabras, el horror execrable del aborto en nuestra moderna sociedad, auspiciado por ideologías siniestras, y amparado por regímenes democráticos. Genocidio legal hubiera sido más gráfico pero, sin duda, habría infundido rechazo en quienes, aun no estando a favor del aborto, consideran ofensivas ciertas manifestaciones.

A este respecto, un viejo artículo del padre Frank Pavone[i] titulado Las fotos en la dinámica de la reforma social, plantea la conveniencia o no de presentar fotos de niños abortados para mostrar la cara del aborto en su realidad total. Muchas personas provida están en contra de la aparición de imágenes mostrando la crudeza de este acto sangriento, para evitar herir sensibilidades. Sin embargo, este exceso de prudencia, de alguna manera, puede hacernos cómplices de quienes perpetran esos horrores que con tanto celo quieren esconder. Por otro lado, la experiencia demuestra que solo cuando se muestran imágenes de la violencia mortal que entraña un aborto nos damos cuenta de lo que significa de veras. Es cierto que no se debe forzar a nadie a ver imágenes que puedan herir su sensibilidad, pero es necesario que las gentes bienintencionadas conozcan el horror que se perpetra diariamente en muchos centros abortistas del mundo, porque, como bien señala el padre Pavone, una vez que estas imágenes tocan el corazón de una persona, ya nunca más vuelve a ser la misma.Yo he dudado sobre la conveniencia de publicar algunas fotos en el libro y me he decidido por el sí.

La historia nos demuestra que unas fotos impactantes mostrando la realidad fueron definitivas a la hora de movilizar conciencias en pro de determinados derechos humanos. Las imágenes serán vitales en la concienciación contra el aborto, como lo fueron en su día para sacar a la luz los horrores de la segregación negra, el holocausto nazi, las guerras, las hambrunas, el terrorismo o los orfanatos rusos y chinos.

Déjame nacer, contó con muchos enemigos, incluso antes de ver la luz. Por varias razones, entre ellas, porque es política y socialmente incorrecto. Porque defiende los valores tradicionales, la Vida con mayúsculas, la familia, el amor verdadero y el sentido común. Es hora de prescindir de posturas para caer más o menos simpáticos. Es hora de luchar con todas las armas contra la multinacional de la Cultura de la Muerte. Incluso mostrando las fotos de la vergüenza.

NOTAS:

[i] El padre Frank Pavone pertenece a la organización Priests for Life (Sacerdotes por la vida), P.O. Box 141172, Staten Island, N.Y. 10314, USA, Tel.: 888-PFL-3448, (718) 980-4400. Fax: 718-980-6515. E-mail: [email protected].

 

 

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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